Antiparadigma

La esclavitud

      Podemos dividir la esclavitud en “la Urbe de las Vestales”, Roma,  en dos etapas: 

a)   Esclavitud doméstica.

      Tenía un carácter atenuado, al esclavo se le trata medianamente bien, convivía con su amo, marchaba con él al trabajo, constituía una especie de colaborador dentro de la faena, no era maltratado físicamente; básicamente su servidumbre giró alrededor del trabajo doméstico en la casa y en la pequeña plantación de su amo. Esta forma de esclavitud fue una de las más flexibles que conocemos. Pero la sujeción cambió de carácter cuando se convirtió en un medio de hacer dinero, principalmente cuando aparecieron las grandes propiedades y se separó el trabajo agrícola del trabajo en la casa del amo, con el empleo de muchos trabajadores. En esta etapa todavía existía el campesino libre con su pequeña propiedad, al lado de la gran propiedad patricia.

b) Esclavitud en relación a la producción de mercancías.

      El esclavo no sólo producía para satisfacer las necesidades de la casa sino que elaboraba un excedente que iba al mercado, ya no trabajaba para el hogar del esclavista, sino para producirle dinero. La esclavitud al servicio de la codicia fue ciertamente la más abominable. La guerra tenía estrecha relación con esta forma de sumisión, ya que era la manera más fácil y práctica de obtener esclavos. Por ejemplo, en la tercera guerra de los romanos contra los macedonios en el año 169 a. de C., sesenta ciudades fueron saqueadas en Epiro y en un solo día 150.000 de sus habitantes vendidos como  subyugados.

      Los primeros asentamientos de vejados estuvieron en las minas, luego se crearon otros en las grandes propiedades agrícolas con el desplazamiento del campesino libre. Centenares de miles de mujeres y hombres fueron reducidos a la esclavitud y eran vilmente explotados en las faenas agrícolas; pero como no se podía trabajar el campo durante todo el año, sino solamente en las estaciones propicias, los sumisos, en el tiempo que les quedaba libre, eran dedicados a tareas de manufactura y artesanía, desplazando así también al artesano libre, quien muy pronto se vio llevado a la ruina y a la depauperación extrema.

      La explotación del cautivo se caracterizaba por su crueldad y por su carácter insaciable, aunque hubo un freno: el encadenado tenía que ser comprado. A un trabajador libre se le pagaba su salario, este obrero no cuesta nada, pero un sojuzgado poseía un precio, era una inversión y si moría antes de su tiempo, el dueño perdía.

      EI dominio del señor esclavista sobre el esclavo se ponía de evidencia en la Teoría de Aristóteles sobre la esclavitud. Este filósofo griego defendió y justificó el cautiverio. Considera a éste como algo necesario y completamente natural. Afirma: “Existen hombres que por su naturaleza están predestinados a ser esclavos; tales son los bárbaros- en nuestro caso los no romanos-. Estos y los esclavos, por la naturaleza de su concepto, son idénticos. En ninguna parte deben hallarse los griegos -(romanos)- en situación de esclavos; en cambio, los bárbaros están predestinados por la propia naturaleza a serlo, y se distinguen de los otros hombres en el mismo grado que el alma se diferencia del cuerpo y el hombre del animal”. 

      Los señores esclavistas fueron presentados por Aristóteles como predeterminados por la misma naturaleza, para ser organizadores de la economía, cuya dominación y dirección son útiles y necesarias, inclusive para los propios cautivos consideraba también, que la esclavitud era socialmente necesaria. Los ciudadanos del Estado, decía, debían disponer de su tiempo de ocio, por lo cual sojuzgados debían librarles de las preocupaciones por obtener los artículos de primera necesidad. Los esclavizados debían asegurarles el ocio. “Si las canillas de los tejedores se tejiesen solas y las púas tocaran solas las cítaras, tampoco el maestro necesitaría auxiliares para construir casas, ni el señor esclavos” (La Política).

      Aristóteles también se refería al problema de la situación del subyugado. “Este es propiedad del amo, una parte animada de sus bienes; es una herramienta viva y una herramienta es un esclavo sin alma. El papel del esclavo es igual al del buey; el esclavizado es una cosa, aunque tenga cuerpo y alma de persona”.

      En relación al sometido no podía haber justicia, ni tampoco es posible la amistad, pues como decía Aristóteles: “La justicia y la amistad no son posibles con respecto a objetos inanimados, tal como respecto al caballo, al buey o al esclavo, por cuanto es esclavo” (La Política). También analizó el problema referente al trato para con los cautivos, recomendando en este aspecto severidad y los medios para conjurar sus rebeliones, para lo cual aconsejaba preocuparse de que “entre los hombres dependientes no se desarrollasen sentimientos de amistad” (ob.cit).

      En conclusión, sobre Aristóteles puntualicemos que:

1.- Aristóteles no concebía una sociedad sin esclavitud.

2.- La sociedad se componía por naturaleza de libres y esclavos.

3.- Los seres humanos desde que nacían estaban destinados unos a obedecer, otros a mandar.

4.- Según Aristóteles, habían cualidades innatas en los hombres, (adviértase aquí que en ninguna parte este filósofo griego habla de las mujeres, quienes en el mundo antiguo su papel era criar a los hijos, deleitar y complacer al macho, nada más), que los hacían ya sea libres o carentes de libertad. (Nótese que esta fue una de las primeras teorías reaccionarias y que en el transcurso de la historia adoptó envolturas distintas, pero siempre persiguió un mismo fin: justificar la opresión y la sumisión.

      Los esclavistas modernos, los burgueses, se hallan también convencidos de que la naturaleza los ha destinado a mandar y que por esta misma razón, la clase obrera debe obedecer y ser explotada).

5.- Aristóteles veía en el esclavo un instrumento vivo que es propiedad del dueño, del amo. Si consideraba al sojuzgado propiedad del amo fue porque veía en él un instrumento de producción.

6.- De aquí se desprendía que según Aristóteles, los instrumentos de producción eran propiedad del señor, que el sumiso no sólo carecía de derechos sobre los instrumentos de producción, sino que él mismo en su calidad de instrumento pertenecía al dueño en propiedad lo mismo que cualquier objeto. Toda la historia de la lucha de clases gira, en esencia, en torno al problema de quién debe poseer los instrumentos y medios de producción.

      En este caso el dilema era entre los ricos exclavistas, quienes eran los únicos que según Aristóteles gozaban del derecho de propiedad, o el esclavizado que era el creador de todas las riquezas, de todos los bienes de la sociedad.   Volviendo a Roma, diremos que durante el Imperio en la época en que el Estado romano se hallaba en la cumbre de su poderío, el desarrollo de la Jurisprudencia alcanzó su más alto nivel. El papel fundamental de ésta consistía en dar la fundamentación jurídica del régimen esclavista y justificar el dominio de   “la Ciudad de la Vía Apia” sobre los pueblos conquistados.

      Pondremos aquí de ejemplo de lo dicho anteriormente a Gayo, Ulpiano y Florentino. Gayo, famoso legista romano del siglo II, consideraba inamovible la división fundamental de los hombres en libres y esclavos, y no abrigaba ninguna duda en cuanto a clasificar a éstos como objetos. También Ulpiano compartía estas concepciones de profunda esencia aristotélica. Pero muchos de sus colegas seguían la teoría de los estoicos y, como el jurisconsulto Florentino, resolvían de otra manera el problema general de la esclavitud: consideraban que, según el derecho natural, todos los hombres nacen libres pero esta condición la pierden ante el sometimiento de un pueblo superior, obviamente el romano.

      Estas divergencias reflejaban, de un modo preciso, la crisis del sistema esclavista y demostraban  además, que en virtud de su posición de clases, los juristas no llegaban aún a extraer la conclusión de la necesidad de liquidar la esclavitud.

      Puntualizando, diremos que el dominio clasista de los señores esclavistas sobre los cautivos, se llevó a cabo a través de una institución económica-social: la esclavitud, la cual estuvo justificada por una filosofía social y jurídica a nivel de la supraestructura de la sociedad, y a nivel de la infraestructura, la sumisión fue uno de los pilares del modo de producción esclavista, que se basó en la agricultura, los servicios domésticos y el trabajo esclavista; tuvo por propiedad básica la gran hacienda latifundista, en donde el hombre y la mujer (esclavos) eran un instrumento más de producción, una cosa enajenada.

      Aquí se puede observar un dominio de propiedad, por lo tanto el esclavizado estaba sometido a las leyes que regían la posesión para ese momento; como toda propiedad podía ser comprado o vendido y su actividad estaba supeditada a la voluntad y deseos del amo. Por otra parte, la inferioridad del sistema esclavista con respecto al trabajo agrícola del hombre libre, contribuyó poderosamente al derrumbamiento del Imperio Romano.     A nuestro juicio, la esclavitud fue una aberración histórica muy negativa de profunda crueldad. Los humanos sometidos al yugo no rendían en el campo como lo hacían los libres; era necesario pues que se les torturara diariamente para hacerlos más activos y en su efecto productivos.

Camarada Jesús Muñoz Freites

Director de Desarrollo Social de la Alcaldía Bolivariana y Socialista del Municipio Los Taques, Falcón.

jesusfreites11@hotmail.com


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Jesús Muñoz Freites

Filósofo. Docente. Cronista Oficial del Municipio Los Taques en el estado Falcón

 jesusfreites11@hotmail.com      @camaradatroski

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