En un domingo marcado por el tono amenazante que ya define su segundo mandato, Donald Trump ha terminado de desdibujar las fronteras entre la diplomacia y el colonialismo. A través de su red Truth Social, el mandatario no solo respaldó la idea de que su Secretario de Estado, Marco Rubio, se convierta en "presidente de Cuba", sino que confirmó el rol de Rubio como el verdadero poder detrás del trono en la Venezuela intervenida.
Cuba: El ultimátum del "trato o la nada"
Tras la operación militar 'Resolución Absoluta' en Venezuela, Trump ha puesto la mira directamente en La Habana. Su mensaje fue una sentencia económica: con el control estadounidense sobre el crudo venezolano, se acabó el flujo de energía hacia la isla.
Cero petróleo: "¡No habrá más petróleo o dinero yendo a Cuba, cero!", sentenció Trump, exigiendo un "trato" inmediato antes de que sea "demasiado tarde".
Amenaza directa: El mandatario vincula el destino de Cuba al de la caída de Maduro, sugiriendo que la isla ya no tiene su salvavidas energético y debe rendirse a las condiciones de Washington.
Marco Rubio: De Secretario de Estado a "Virrey" de Venezuela
La prensa internacional ya no duda en llamar a Marco Rubio el "Virrey de Venezuela", un título que el propio Trump ha validado al colocarlo "a cargo" de la nación suramericana. La acumulación de poder de Rubio es inédita:
Secretario de Estado: Dirige la política exterior global.
Consejero de Seguridad Nacional: Maneja el brazo armado y estratégico.
Encargado de USAID: Controla el flujo de "asistencia" que sirve de herramienta de presión política.
Para los analistas internacionales, esta concentración de funciones convierte a Rubio en un gobernador colonial moderno. Su rol no es diplomático, sino de administrador de un territorio bajo control militar, encargado de desmantelar la estructura del antiguo gobierno y garantizar que los recursos venezolanos no vuelvan a salir de la órbita de Washington.
El costo humano de la intervención
La retórica de "negocios" y "tratos" de Trump choca con la realidad sangrienta de la invasión del 3 de enero. El Gobierno de La Habana ha confirmado que la operación estadounidense para capturar a Maduro dejó un saldo de al menos 56 militares muertos, de los cuales 32 eran cubanos.
Este escenario de 2026 marca el regreso de la política del "Gran Garrote" con un matiz neocolonial: un Secretario de Estado que funge como mandatario de facto de una nación vecina y que es proyectado como futuro presidente de otra. La soberanía en la región ha sido sustituida por la lógica del "trato" bajo la bota de la administración Trump.