Así transcurrió el primer día de Trump como presidente perdedor

Se acostó a la una en punto de la madrugada y tuvo sueños variados que no lo incomodaron de rabia muda que, en un voltear de posición soñó que andaba por el cielo vestido de ángel fresco y san Pedro todo ojeroso sin coger el sueño lo recibió de mal gusto y lo primero que le dijo con voz vestido de demócrata fue, eres mal perdedor, no sabiendo que perder es más provechoso para tu salud y, si te lo propones en lo adelante vas a ser más querido por tu pueblo más que el the old que te derrotó con votos tardíos, así que suelta esa rabia que te está humillando lentamente por dentro y disfruta tus últimos días como presidente en la casa blanca, jodiéndole la paciencia a quien te haya fastidiado en vida como presidente, pero eso sí: deja de ser honesto más de lo que tratas de ser que eso, arruina tu presencia de magnate presidente y, por favor, hijo mío, alguna vez persígnate con la mano zurda para que atrapes a Dios de cerquita. Se comportó como un buen oyente, oyó y callo. Despertó a las tres horas sudando frío y se volteó para su lado derecho, e inmediatamente soñó que hablaba otro idioma sin inventar que nadie le entendía y que su traductor era Maduro y en el acto despertó nuevamente y solo se preguntó: ¿y qué es esto, acaso estoy desahuciado como perdedor? Caramba -pensó, no seré el primero ni el último- y se arropó.

A las seis de la mañana se paró de la cama en calzoncillo azul y camino descalzo pensando ser un perdedor sin querer, pero al estar frente al espejo del baño con la lengua afuera y ojos penetrantes se aferró a la frase, I was defeated by the media and CNN more, y bailando su cabeza de un lado para otro aflojó coyunturas presas, repitió, We'll see, we'll see. There is Donald for a while, Mr. Biden, se cepilló los dientes y se duchó y después se trago las pastillas que fortalecen su intelecto y su figura y, desde hoy domingo habrá golf para rato que lo demás está por verse o, sino que me parta un rayo chino, pero no los demócratas ladrones -dijo.

Se vistió como el presidente que es y de los Estados Unidos sin duda y con la mesa servida se embasuró de comida chatarra como le gusta y tragó en sorbos espaciados su coffee mañanero que parecía colombiano de aroma suave y con los buenos días se fue a su despacho a despachar las noticias del día y a leer y, quizás escribió en alguna parte para sus memorias, así no se debe perder en elecciones mal contadas y de votos falsos, pero la vida continúa y en el mundo hay mentes perversas, aunque la mía está en veremos -pensó- y, paso a paso, después de revisar los diarios, gritar algunas frases candentes de distracción por el momento inoportuno que lo distrajo antes de meterse en el helicóptero que lo llevaría al campo de golf a caerle a palos a pequeñas pelotas que volarían llevándose no su rabia, ni su amargura de perdedor, sino todos sus malestares que le jurungaban por dentro y le punzaban como clavos calientes que entran y no salen y a ver sin ver que era un domingo como cualquier otro que, mientras Biden se aferraba en rezar en familia en misa él jugaba a su desdicha de posible perdedor sin todavía ir por las leyes.

A veces los presidentes no piensan mucho y cuando están molestos menos y, parece ser que en los Estados Unidos, otros se ocupan de distraerse y distraer pensando como un presidente más de lo mismo y, en eso de las elecciones el que no cuida su boca se pondrá igual que Trump como lo hizo su abogado principal juzgando a lo no sé ni quiero saber que eso se verá y por ahí se juega a intercambiar pareceres, que parecen y se sueltan como quisquillosos, pero lo cierto es que, Trump es un mal perdedor como el mentiroso que es que juzga y prejuzga sin base, atosigado de mentiras que lo avientan en público de maloso y prejuicioso.

Buscando del mediodía hacia la tarde hizo varias llamadas, todas en privado, claro que buscando firmeza de apoyo pues, muchos partidarios como republicanos han puesto entredicho lo que ha soltado sobre las elecciones y hasta los medios lo censuraron como se censura en cualquier país que juegan con sus democracias internas y esconden fines, pero Trump es un caso de los que nos va a dejar para que la Historia se encargue de él a su manera que habrá mucha tela que contar, pero de que ama y se ama como presidente, mejor que él ninguno, y lo más posible seguirá con él mismo guión, que nadie le escribió hasta quién sabe, si es que lo acepta aunque sea en privado.



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Esteban Rojas


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