Los relojes y el tiempo

Un proverbio afgano dice: “ustedes tienen los relojes, nosotros el tiempo”, lo cual ha sido puesto en práctica por los talibanes que han logrado derrotar a los invasores ingleses, soviéticos y ahora a la OTAN con Estados Unidos a la cabeza.

El escritor e historiador escocés, William Dalrymple, en su libro: El retorno del rey. La aventura británica en Afganistán 1839-1842, cuenta la historia de la primera guerra anglo-afgana y sostiene que es probablemente la mayor humillación sufrida por Occidente en Asia.

Esa guerra de 1839-1842, librada de acuerdo a una “fake news”, mediante la cual se afirmaba que un representante ruso había sido enviado a Kabul para crear el pánico sobre una supuesta invasión rusa, ante lo cual el embajador británico en Teherán, John MacNeill, rusófobo declarado, diría: “Deberíamos proclamar que quien no esté con nosotros está contra nosotros… Debemos apoderarnos de Afganistán”.

Asi se desata una guerra que terminaría en desastre para los británicos. El ejército de la potencia militar de entonces fue derrotado por unos guerrilleros mal equipados, pertenecientes a diversas tribus.

Entre 1979 y 1989 tuvo lugar la intervención soviética apoyando a las fuerzas armadas de la República Democrática de Afganistán (RDA) que tuvieron que enfrentar a grupos de guerrilleros afganos islámicos (insurgentes muyahidines), respaldados por países occidentales, entre ellos Estados Unidos, quienes les proporcionaron ingentes cantidades de armas y dinero. El resultado todo lo conocemos. Hasta la URSS se disolvió.
Tras casi dos décadas de la invasión estadounidense en Afganistán, los talibanes, que fueron expulsados del gobierno por sus vínculos con Al Qaeda, han anunciado en el comienzo de este año 2019, un acuerdo con Washington para una retirada de las tropas de la OTAN en los próximos 18 meses, lo que harán que los talibanes canten victoria política muy pronto.

Como en Vietnam y en Siria, Estados Unidos de Afganistán se irá con el “rabo entre las piernas”.
Por supuesto, la guerra deja sus secuelas que son malditas para los pueblos. En el caso de Afganistán, el país más pobre y analfabeto de Asia, uno de los países más corruptos del mundo, con las peores infraestructuras médicas y educativas y con un nivel de vida de las más bajas que se conoce.

El presidente constitucional de Venezuela, Nicolás Maduro, para responder al conflicto actual con el gobierno de EEUU, ha repetido una expresión dicha por Eleazar López Contreras, “calma y cordura”, en el año de 1935, tres días después de la muerte de Juan Vicente Gómez.

Y esa expresión se lanza en momentos en los cuales, la actual administración de Donald Trump, ha dicho que todas la opciones con respecto a nuestro país siguen en la mesa, incluyendo una intervención armada directa desde el exterior y al parecer los halcones, que están a la ofensiva, no calibran, para nada, las consecuencias negativas que generaría una acción de ese tipo, no sólo para Venezuela sino para el resto del Continente Americano.
Pareciera que esos halcones lo que están esperando o buscando es lo que tradicionalmente le ha servido de excusa para intervenir a otros pueblos del mundo. Es lo que se conoce como un casus belli, esto es, un acto, acontecimiento conmocionante o la “oportunidad estratégica”, que se constituya en el motivo o la razón de guerra o de enfrentamiento.

La historia es sabia en ese sentido. Veamos
Así fue con el buque de guerra Maine, que fue destruido en extrañas circunstancias en 1898 y que le sirvió al gobierno de William McKinley, acompañado por toda la campaña mediática de William Randolph Hearst y Joseph Pulitzer, para culpar a España de tal acontecimiento y desatar la guerra hispano-norteamericana con la cual se puso fin al dominio español en Cuba, se firmó el Tratado de París el 10 de diciembre de 1898 y Filipinas, Guam y Puerto Rico fueron oficialmente ocupadas por Estados Unidos.

También lo fue con el hundimiento del buque Lusitania en 1915, que generó la pérdida de casi 1.200 vidas, de ellos unos cuantos estadounidenses, y que fue la excusa para que EEUU se incorporara a la Primera Guerra Mundial.
El ataque por sorpresa, el 7 de diciembre de 1941, de la aviación japonesa a la base naval de Pearl Harbor en Hawaii, donde se concentraba la flota de guerra norteamericana del Pacífico, fue el acontecimiento para que Franklin D. Roosevelt lograra el apoyo que necesitaba y ya para el día siguiente, el 8 de diciembre de 1941, el Congreso aprobaría la declaración de guerra contra Japón.

Según Robert Mc Namara, el 7 de agosto de 1964, un destructor de la US Navy, el Maddox, fue “objeto de una agresión injustificable” -"incidente del golfo de Tonkín-, casus belli que le permitió al gobierno de Estados Unidos, presidido por Lyndon B. Johnson, implicar a la opinión pública estadounidense en la guerra de Vietnam, que ya venía desarrollándose soterradamente disque para contener la “teoría del dominó” que significaba que: “si Vietnam del Sur caía en manos de los comunistas, los otros países de la región sucumbirían uno después de otro”.

Ese incidente fue aprovechado por el presidente de EEUU para lograr del Congreso la “resolución del Golfo de Tonkín” que le daba carta blanca para realizar las acciones bélicas necesarias contra Vietnam del Norte.
Este hecho es uno de los ejemplos más palpables de “fake news” ideadas por los gobiernos de EEUU, con el propósito de manipular en su favor a la opinión pública, importando un bledo que ello significara la muerte para más de un millón y medio de vietnamitas.

Las contradicciones y peleas entre integrantes del partido sobre el correcto camino de la revolución y el asesinato de Maurice Bishop, el popular dirigente de la revolución, fueron aprovechadas por el gobierno de Ronald Reagan para el 25 de octubre de 1983, invadir (Con “Furia Urgente”) con siete mil soldados estadounidenses a Granada, la isla mayor productora de nuez moscada del mundo, con 344 kilómetros cuadrados y apenas 90.000 habitantes.
El 11 de septiembre de 2001 será el acontecimiento conmocionante que hizo que Estados Unidos se embarcada en la lucha contra el terrorismo y por esa vía consolidar posiciones para su interés hegemónico en el mundo.
Se aprovechó ese pretexto un mes después —el 7 de octubre de 2001— para invadir, primero, a Afganistán, con la operación “Justicia Infinita” y “Libertad Duradera” de George W. Bush.

Luego, en el año 2003, se emprende la invasión militar “preventiva” contra Irak y su pueblo, utilizando como supuesto o pretexto la alianza de Saddam Hussein con Al-Qaeda y la afirmación de que ese país poseía un arsenal de armas de destrucción masiva. Asi destruyeron a Irak, derrocaron a Hussein y luego lo asesinaron.
Muammar al-Gaddafi, el líder libio, se convirtió en objetivo militar y había que eliminarlo, para lo cual se fueron preparando progresivamente las condiciones.

Comenzaron las publicaciones de crónicas y de numerosos testimonios de quienes decían haber conocido a Gadafi y los dibujaron como un déspota excéntrico, despiadado e inclemente. Esa campaña de desprestigio tuvo acogida incluso en intelectuales de izquierda.

Se utilizó la excusa de que había que “liberar” a ese pueblo de “las garras” del déspota con 40 años en el poder. El medio o mampara jurídica para ello lo constituyó la resolución 1.973 de la Organización de las Naciones Unidas.
En consecuencia, se armó un ejército de mercenarios y se puso en ejecución el desarrollo de las “enseñanzas” de la guerra “humanitaria” de Barack Obama para defender los derechos humanos de la población civil de Libia de las “atrocidades”, los “desmanes” y el “barbarismo” del gobierno de ese país.

El casus belli lo constituyó las imágenes transmitidas en directo el domingo 21 de agosto de 2011 desde la Plaza Verde en Trípoli, que mostraba un ataque de las fuerzas bajo el mando de Gaddafi a los rebeldes que aparecían festejando la toma de la capital libia y el posterior festejo en la mencionada Plaza.

Gracias a esta operación de montaje, las fuerzas rebeldes fueron reconocidas por más de 11 países del mundo.
Gaddafi fue derrocado y el 20 de octubre de 2011 fue humillado, torturado y asesinado.
Desde mediados de marzo de 2011, Siria ha sido víctima de infinidades de intentos por provocar un casus belli que justifique una invasión y con ello derrocar al presidente de ese país, Bashar al-Asad.
Sin embargo, no han logrado sus propósitos y para ello ha sido fundamental la posición firme y estratégica del gobierno de Vladimir Putin.

Ahora es Venezuela, se ha convertido en el centro de atención de la geopolítica mundial y la “victima” que encontró Estados Unidos para emprender su arremetida guerrerista.
Ante ello partidos, movimientos y gobiernos están reaccionado abogando por una salida distinta a la guerra.
El mismo presidente Nicolás Maduro ha lanzado la propuesta de una diálogo, franco y abierto, con la oposición venezolana.

Los Gobiernos de Uruguay y México, decidieron el 30 de enero de 2019, organizar una conferencia internacional para el día 7 de febrero, en la ciudad de Montevideo, con el propósito de sentar las bases para establecer un nuevo mecanismo de diálogo que, con la inclusión de todas las fuerzas venezolanas, coadyuve a devolver la estabilidad y la paz en Venezuela, respondiendo al llamado del secretario general de la ONU, António Guterres, de apostar por el diálogo frente a quienes niegan que exista esa posibilidad.

Ambos países apostando por el instrumento de la diplomacia.
Frente a la guerra, la respuesta tiene que ser la paz, la diplomacia, ese es el camino y la salida para evitar una tragedia para nosotros que constituimos el pueblo venezolano.
Hay que verse en el espejo de Afganistán, que ha vivido una pesadilla que se ha prolongado por años.
Por eso, operemos con el tiempo, como el mejor antídoto contra los guerreristas, que operan con los relojes.
Es el momento de la “calma y cordura”.




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Franklin González

Doctor en Ciencias Sociales, UCV. Sociólogo, Profesor Titular, Ex Director de la Escuela de Estudios Internacionales de la UCV. Profesor de Postgrado en la UCV, la Universidad Militar Bolivariana de Venezuela y en el Instituto de Altos Estudios ?Pedro Gual? del Ministerio del Poder Popular para las Relaciones Exteriores. Fue embajador en Polonia, Uruguay y Grecia.

 framongonzalez@gmail.com

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