Los secretos del doctor José Gregorio Hernández

Al sabio Dr. José Gregorio Hernández no le gustaban las entrevistas periodísticas. Él decía y con mucha razón que los reporteros eran maliciosos y que muchas veces obligaban a la gente a decir lo que uno no quería decir.

Por eso nunca concedió una entrevista a los medios de comunicación y guardo sus secretos muy celosamente hasta a su misma familia.

Una vez, conversando con uno de sus discípulos más queridos llamado Jesús Rafael Rísquez, de quien decía era un muchacho muy aplicado y que iba a ser un gran médico como en efecto lo fue.

Le confesó una serie de secretos que nadie se había atrevido a preguntar, sobre su vocación religiosa y su paso por La Cartuja.

Su discípulo Jesús Rafael Risquez, el 24 de abril de 1909 le concedió una entrevista a un periódico llamado el Tiempo que no fue el mismo que circuló en la época del General Medina, aunque llevaba el mismo nombre.

Este periódico el Tiempo, publicó dicha entrevista que causó un escándalo en Caracas. pues sabía del silencio con que guardaba el Dr. José Gregorio Hernández sus secretos.

Con respecto a su paso por La Cartuja él le manifestó que estuvo diez años preparándose para vivir en La Cartuja, pero sus condiciones físicas no se lo permitieron.

La disciplina era muy rígida. Los monjes no podían hablar. Tenían que caminar siempre mirando el suelo. Cuando se tropezaba uno con otro, o se encontraban casualmente, ni se saludaban. La comida la recibían a través de una ventanilla de la celda donde vivían.

Estaban descalzos dentro del convento y cuando salían al patio llevaban unas sandalias.

La temperatura en Lucca, Italia en La Cartuja de Ferneta, en donde vivió Hernández por nueve meses, muchas veces llegaba en invierno a diez grados bajo cero, pero en el convento estaba prohibido prender fuego.

Se hacían oficios religiosos durante la noche, a las doce o a las tres de la madrugada y los monjes eran llamados con un toque de campanas. Tenían que cumplir con cuatro horas de trabajos manuales y los trabajos manuales eran muy duros: cortar madera, derribar con el hacha en la mano, corpulentos árboles, recorrer el campo buscando vegetales que se pudieran utilizar para la comida. Todo eso descalzo y con una temperatura terrible.

Cada quien tenía un cupo de trabajo y si usted no cumplía con ese cupo al día siguiente era castigado con doble jornada de trabajo.

Los monjes tenían que entregarse siete horas en la meditación; las otras horas eran para dormir y para estudiar.

En la Cartuja, José Gregorio no se llamaba José Gregorio, se llamaba Fray Marcelo.

Un buen día, el Prior, el jefe de los monjes, llamó al Dr. Hernández y le dijo, usted no puede seguir en la Cartuja. Cuentan que ese día el Dr. Hernández lloró mucho.

El Prior le dijo que no tenía vocación contemplativa. Usted tiene vocación activa. Si usted quiere abandonar la medicina y dedicarse a la vida religiosa, usted tiene que ingresar en la orden de los Jesuitas u ordenarse en el clero secular.

Él confesó a sus familiares una vez, la duda que tenía ¨ que a lo mejor le hago tanto bien a los pobres, porque quiero sobresalir, distinguirme¨. Hasta qué punto es caridad lo que yo hago? ?No estaré buscando resonancia? ? No será una treta del demonio para que me sienta importante? ?No estoy viviendo el mismo drama de Francisco de Asis? Francisco de Asis, el más humilde de los humildes, llegó a pensar que él era un soberbio, porque quería ser el más humilde de todos.

José Gregorio Hernández, sacó a la medicina venezolana de la Edad Media y la llevó al Renacimiento. Estableció las bases de la moderna medicina venezolana, fue el primero que fundó en América Latina una cátedra de bacteriología.

Hernández decía que el médico estaba hecho para curar y que para curar había que tener dos condiciones: ser honesto y no ser soberbio.

Esto lo agregamos nosotros: el médico no tiene por qué hacerse rico diagnosticando enfermedades que no existen e inventando operaciones.



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Raúl Ramirez

Abogado, profesor y escritor. Ex-guerrillero.

 rauljoseramirez@hotmail.com

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