(Cuando la vida se mira en el espejo)

Misioneros del alba

A veces me sumerjo en el fluir de la historia, en ríos de tiempo que se supone desembocan en el mar del presente o presencia que vivimos. Me puedo imaginar, casi ver, bolas, masas ígneas, autocombustibles, que estallan expulsando partes de sí que alejándose se van enfriando lentamente, hasta convertirse en masas de mayor densidad o materiales, que giran orbitando en torno a su fuente.

Lo que no logro imaginarme es como toda esa escenografía en medio de la cual se desenvuelve la vida orgánica, inteligente y afectuosa, puede haber brotado de una masa material o ígnea, supuestamente inconciente, insensible, estúpida, que girando sobre sí misma sin fin, tritura noches en días, inviernos en primaveras, líquidos en gases, seres vivientes en cadáveres, en polvo que vuelve al polvo.

Se me ocurre que esa masa habría de ser inteligente y afectuosa como las criaturas que parió. Otra alternativa sería que fuese la mente la que se manifiesta en formas perceptibles ayer, hoy y siempre, aun cuando no haya desarrollado la suficiente conciencia de sí, para reconocerse fuente de toda organización de información de sus sentidos.

Yo creo que una lógica consecuencia del pensamiento habría de ser que lo que del fuego brotó, al fuego ha de volver, como sucede con las rocas que vomitan los volcanes. Y si de la organización de la conciencia se proyectaron esas formas, a la conciencia y su capacidad de reorganizarse, recrearse, han de volver.

De hecho ya no vivimos solamente en la información ingenua que nos entregan nuestros sentidos superficiales, donde un ciclo natural conduce a otro. La noche al día, el sueño al despertar, a la vigilia, el invierno a la primavera, el cielo tormentoso al despejado, calmo, silencioso. El hambre al necesario trabajo para su satisfacción, un ciclo de trabajo a otro de descanso, la gestación al necesario parto.

Porque un día cualquiera una mente humana se diferenció del acontecer sensual y concibió una representación para el valor de todos sus objetos, llamándolo dinero. De allí en adelante comenzó la administración del dinero hacia determinadas direcciones, centros de administración y distribución, que hoy se superponen y rigen cada uno de nuestros esfuerzos de producción.

A partir de allí la vida natural, vegetativa, sensible y palpable, comenzó a ser organizada en torno a centros e instituciones abstractas y a su servicio, dirigida hacia entidades inexistentes, ideales, postergando las necesidades sentidas y presentes por logros a futuro, partiendo la vida en dos, contradiccionándola.

Una cosa es que le asignes un valor de cambio a los objetos producidos por el trabajo humano para facilitar la especialización de funciones complementarias y el intercambio de sus frutos. Del mismo modo que llamas Dios e imaginas una entidad para la omnipotencia, presencia y sabiduría. Y otra muy diferente es que confundas el valor sustancial de esos productos con aquello que es una simple representación, llegando a la hipnosis colectiva de creer que el dinero lo compra todo y es sinónimo de poder, crecimiento y felicidad.

A partir de esa artificial y errónea sustitución o superposición, todo el esfuerzo de cada día no vale nada, ya que todo se traduce a dinero que tiene caminos predeterminados que conducen a la concentración en cada vez menos manos. Es así como los seres racionales y sensatos que decimos ser, llegamos a la ridícula situación de que el dinero, (una representación abstracta), vale dinero, y los que lo manejan son los dueños de todo, no habiendo nadie que no esté endeudado y dependiente de ellos.

¿Como salimos de este callejón? Si fuimos nosotros quienes nos metimos en él, pues el único modo de salir es reconociendo la errónea sustitución de lo sustancial por representaciones abstractas, insustanciales, que ni alimentan estómagos ni conducen a ninguna supuesta felicidad. Es como si persiguieras un objeto de tus deseos y alguien lo jalara de un invisible hilo cada vez que lo quieres atrapar. Ese hilo es justamente el de tus deseos, que deslumbra tu mirada lanzándote a perseguir fantasmas inexistentes.

Y hablando de caminos de sensatez y racionalidad, siempre digo que hay que resaltar los logros por sobre los fracasos. En esa dirección hay que felicitar a EEUU y Colombia, al plan patriota, uno de tantos nombres para la iniciativa que con una moderada inversión de unos millones de dólares de los contribuyentes usamericanos ha dado buen fruto, logrando en pocos años aumentar en 27% las plantaciones de coca.

Sin mencionar para nada que todos sus ciudadanos y la especie completa, se han convertido en objeto de sospecha, investigación y represión de todos sus organismos de espionaje. Además de estrellas para los guiones de sus novelones tragicómicos, difundidos como realidad virtual por los medios masivos de comunicación, pretendiendo instalar nuevamente una atmósfera de terror planetaria. Un éxito completo.

Es una solución similar a la que encontraron hace unas décadas, en la época que reseñan las famosas películas de la mafia italiana y la ley seca, de prohibición de producción y venta de alcohol. ¿Cuál fue la solución? ¿Proteger a la gente? No.

Ya que la gente es viciosa, utilicemos sus vicios para algo útil. Institucionalicemos los vicios y dependencias, démosle rango institucional cobrando un impuesto para financiar a las instituciones del estado que no producen para autosostenerse. Lo mismo se hizo con el tabaco, la prostitución y los juegos de azar.

¿Tendré que contarles cuáles son los países más consumidores y decirles que la gente que no ve alternativas a futuro, que siente vivir en un mundo inhóspito, inhumano, es la que tiene mayor tendencia a refugiarse en las drogas, el alcohol, el sexo y los juegos de azar? Desde esta visión queda en claro que es lo que fundamenta una asociación entre EEUU y Colombia.

También hay que felicitar al parlamento europeo porque luego de más de cien años de luchas gremiales, ha conseguido aumentar en 5 horas el tiempo semanal de trabajo. Sobre todo hay que felicitarlo porque tras más de medio siglo parece que volveremos a los campos de concentración de la segunda guerra mundial.

Al menos yo no veo otro modo en que puedan penalizar con dieciocho meses de cárcel a cada indocumentado, no puedo imaginarme como ni donde encarcelarán y darán de comer a millones de personas. Parece que tienen mala memoria, olvidaron cuando huyendo de la segunda guerra mundial llegaron asustados, con una mano delante y otra atrás, y los recibimos una vez más con los brazos abiertos.

Sobre todo la que se llama Madre Patria Iberoamericana, tiene un modo bastante extraño de tratar a sus hijos, robando sus materias primas y luego castigándolos por ser subdesarrollados y acudir a ella buscando una forma mejor de vida. Pero creo que eso no les resulta suficiente.

Ahora que el presidente Chávez responde que Venezuela cuando menos tiene dignidad y no enviará ni una gota de petróleo a los países que pongan en efecto esa ley, además de mandar de retorno a los capitales europeos, responden diciendo que son reacciones exageradas, que ellos nos van a explicar la ley.

Es algo así como castigar, pegarle a un indefenso niño o a un animalito para descargar tu ira, y luego además decirle que está mal que le duela, prohibirle que llore y exigirle que te lo agradezca porque tú eres el que sabe y lo haces por su bien. ¿Qué queda pues para los que no sabemos?

Afortunadamente la vida demuestra ser mucho más de lo que creemos, de los casilleros en que hemos querido atraparla, irrespetando nuestros caminos de racionalidad y sensatez. Justamente el presidente Chávez hizo esas declaraciones en una reunión con el electo presidente de Paraguay, Fernando Lugo.

Hoy nuestro insensato e irracional continente tiene presidentes obreros, soldados, mujeres, sacerdotes, médicos, economistas, indios. Comienza a irrespetar los códigos y valores abstractos que lo rigen hace quinientos años, a volver sobre su propia historia y sueños. Y sin embargo es totalmente lógico que así sea.

¿Acaso no despertamos tarde o temprano de toda ilusión, sueño o pesadilla, volviendo aliviados a la simplicidad de cada día? ¿Qué mayor libertad que la de despertar de un sueño que te sugestiona, que toma totalmente tu conciencia imponiéndole su atmósfera sin alternativas, esclavizándola?

Claro que no todos y no solo los sueños son pesadillas. A veces es la realidad la que es una pesadilla no dejándote otro recurso que soñar en mañanas mejores en la impotencia del hoy. Hay también uno que otro terco sueño que conduce a finales felices. Un ejemplo es que en el señor Lugo se reúnan el sacerdocio y la presidencia. Tal vez tras dos mil años finalmente ha llegado el momento en que el sacerdocio baje del cielo a la tierra, convirtiéndose en una vocación de servicio social.

¿Por qué la compasión y la caridad hubieron de ser por dos mil años la función de sacerdotes que vivían una vida ajena a las penas y alegrías de cada día? ¿Sería tal vez porque esas cualidades ideales no cabían y eran justamente fruto de la injusticia y barbarie de una organización feudal, en que predominaba el ojo por ojo y el diente por diente?

Sea cual fuere el motivo, parece que llegó el momento en que las representaciones y apariencias son desbordadas por la intensidad de las circunstancias que nos tocan vivir, que no son sino el resultado acumulativo de nuestros hechos. El sacerdocio ya no es propiedad de ninguna institución ni necesita vestirse de negras sotanas, la presidencia no es heredad de ninguna divina o superior casta.

Ahora el afuera tiene que coincidir con el adentro, lo que ves con lo que sientes, las soluciones tienen que coincidir inevitablemente con las necesidades imperantes. Una cualidad no tiene por qué excluir la otra, porque todas son simplemente cualidades de los seres humanos. ¿Qué impide que la presidencia se convierta en un sacerdocio de servicio social?

Nada, del mismo modo que nada impide que un sacerdote sea un buen presidente. Y si las viejas reglas de las instituciones se oponen y lo prohíben, pues son las instituciones que nos representan las que han de cambiar y ajustarse al momento de nuestra sensibilidad. Y no los seres vivientes los que han de ser masacrados para que el orden de las máquinas y sus mecanismos institucionales perduren.

Por eso una vez más, la vida es más que las representaciones, abstracciones y fotos mentales de ella que hemos venido haciendo y superponiéndole. La vida no es un objeto, una cosa, la vida es expresividad, responsabilidad. Y aquello que es contradictorio y se convierte en enemigo de la vida no puede ser sino muerte.

Mientras las representaciones resulten útiles a la vida bienvenidas sean. Pero en el momento que se vuelvan limitativas, generadoras de sufrimiento mental, hay que romperlas y lanzarlas por la ventana elevando una vez más la vida al rango que merece.

Tal vez por eso desde un oscuro continente que merece muy poco o ningún lugar en los gruesos tratados de historia universal, dos pequeños e ignorados países subdesarrollados se convierten en el eje de la esperanza. A Cuba y Venezuela llegan desde todas partes del mundo los desposeídos a recibir tratamientos médicos y estudiar de forma totalmente gratuita.

Desde ambos pueblos tan poco racionales y sensatos, parten batallones de misioneros del Alba para llevar ayuda concreta y esperanza de humanidad sensible a todos los amenazados por el hambre y las calamidades climáticas. Y lo que es peor, pero también totalmente lógico, esta irracionalidad comienza a contagiarse a todo el continente poniéndole los pelos de punta a los sensatos dueños del mundo, que tratan de evitar el mal ejemplo a como de lugar.

Pero por mucho que lo intenten no hay modo de evitar lo inevitable. ¿Cuánto tiempo llevan dándonos sermones de que el sexo es pecado y exigiendo a los que tienen vocación de servicio hacer votos de castidad? ¿Y qué han conseguido? Solo demostrar que todos los caminos conducen a Roma, y que a veces resistirse a lo inevitable, es solo una inútil pérdida de energía vital. Aunque es innegable que pese a todo nos queda el aprendizaje.

A veces he pensado por qué hemos estado tan obsesionados con el sexo y todos sus ensueños derivados. Hoy que estamos en tiempos de revolución se me ocurre que ambos tienen en común una intensidad superior y desbordante de las rutinas habituales. Tal vez por ello sugestionan, deslumbran las conciencias, lanzándolas en pos de ollas de oro a la pata de los arco iris.

El Ché preguntaba cómo lograr que ese estado de ánimo revolucionario, que él consideraba el estado superior de la humanidad, se mantuviera más allá de reacciones espasmódicas estimuladas por la opresión del momento. El presidente Chávez decía el otro día que eso solo podía lograrse organizando un partido político nuevo, revolucionario, con elevada moral, que superara y abandonara los vicios heredados.

A mi me parece posible y sensato por la vía de la reeducación de los hábitos, en un continuo intento y praxis autocríticos que vayan superando y ampliando los limitados intereses personales y sus resultados evidentes, hacia el servicio social en el que todos somos sujetos y objetos, servidores y servidos.

Pero recordando aquello que lo que nació del fuego al fuego ha de poder volver, y que a ese oro que refleja la deslumbrante luz no lo hemos logrado encontrar, como tampoco logramos atrapar un arco iris, se me ocurre que ha de existir la posibilidad de un nivel superior de conciencia de sí. En el que no solo cambiemos esforzadamente un hábito de vida para luego volver a quedar atrapados en el siguiente.

Sino que ganemos la posibilidad de diferenciar claramente lo que es la vida, de lo que es una representación mental de ella, que va cambiando y transformándose a medida que evolucionamos. Sería algo así como ser capaces de reconocer al mirarnos en el espejo, lo que es real, sustancial, sin confundirlo con la imagen reflejada.

Algo así como ser capaces de cambiar muchas veces de roles, funciones y apariencias, sin por ello olvidar ni perder la capacidad de reconocer lo que somos. Tal vez entonces podríamos vivir la vida sin tanto temor, sin aferrarnos e identificarnos con cada cosa que se nos cruza, con mayor intensidad, plenitud y libertad.


Michel Balivo


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