Aporrea un santuario

Nunca estuvo tan comprometida la verdad en Venezuela como en los últimos dieciocho años. Dieciocho años de democracia participativa y protagónica han puesto a prueba a todos los factores de convivencia social, a todos los actores sociales y a todas las santas reglas divinas y humanas de construcción de vida común en un país. Un país sudamericano donde su herencia cultural no es sino una mezcla de actitudes que se bambolean entre el egoísmo, la avaricia y el bien, o sea, entre dos pecados y una variable muy comprometida que en el siglo XXI. Siempre por supuesto con las honrosas excepciones a que dan a lugar esos accidentes genéticos que regalan a la raza humana individuos únicos e incólumes ante la arremetida mundana.

Sin expresión nunca habrá verdad, sin verdad jamás habrá construcción de bien común y sin este no existirá sociedad, ni país feliz por completo y para siempre. Así pues para este humilde servidor tener donde expresarse es sin duda tener una herramienta de construcción que le ha regalado una revolución política paisana y que abrió oportunidades de ideas (para bien o para mal) a todo un país sumido por décadas en una macabra ausencia de conflicto mediático por la verdad. Nuestra guerra de ideas a lo público sin duda comienza, cuando los espacios mediáticos se dispersan a nuevos colectivos expositores en Venezuela. Paradójicamente esto se hace realidad, parafraseando a El Colegio Nacional de Periodismo de Venezuela, en plena dictadura chavista.

Es difícil en Venezuela decir una verdad, esa que trasciende lo subjetivo, que es conflictiva y peligrosa, odiosa o cariñosa, aquella que puede ser también lapidaria y mortal. Hoy, hay venezolanos, que quieren gritar una verdad o su verdad; pero se encuentran en esa disyuntiva política que traiciona y debilita su propia fuerza. Que atemoriza al exponente cuando considera al medio de comunicación para sus expresiones. No en pocas veces se le teme más al medio que a la propia verdad a comunicar. Sin duda la era pos verdad a casado al interés con el medio y el cura que lo bendice es el poder y sus representantes.

A Venezuela la bendice DIOS. Dentro de ese matorral mediático se construyó un claro espacio. Un espacio que nació dentro del candelero político lleno de conspiraciones, de odios xenofóbicos, mediáticos, clasistas, profesionales, militares y hasta religiosos; nació una trinchera forjada y esculpida de manera revolucionaria, con forma alternativa, popular, con ese idioma autóctono, con imagen humilde, que no confunde ni esconde laberintos lingüísticos ruidosos y además cómoda para los expositores y para los lectores. Mas allá de lo tecnológico, de lo político, de las ideas, de las creencias, de la guerra; esta el derecho a comunicar, a leernos y a leerlos, a escribirles y a escribirnos, a tener un medio de comunicación leal al ser humano y al nudismo de la verdad.

Una trinchera mediática como APORREA no escaparía, por su propia morfología, a los dilemas comunicacionales conflictivos de la Venezuela mediatizada de hoy. La verdad siempre trae conflictos, el conflicto por la verdad es genético en todo ser racional. Y nos es que señalemos que todo el que publica en APORREA lo hace verazmente. Cualquier punto de vista puede ser una gran equivocación, lo loable del medio de comunicación es el compromiso con el exponente y sus ideas públicas. Para bien de todos los venezolanos ávidos de información, esta trinchera creció y asimilo un mosaico de opinadores, no cambio su norte, pero crecieron otras ramas con criterios o visiones diferentes.

APORREA hoy sin duda da origen a sentimientos encontrados o negativos, estos son solo gajes de una misión. El agigantamiento y diversidad de protagonistas mediáticos en esta trinchera concluyó convirtiéndola en santuario de la comunicación. En un punto para encuentro de variadas opiniones o visiones políticas y humanas. De noticias diversas. De grandes exposiciones y expositores que señalan o denuncian el crecimiento político racional de un pueblo que despertó, un populacho que asume su compromiso patriótico. APORREA es hoy una gran oportunidad de decir, de expresar, de disentir, y si no acaso el único santuario de comunicación política a la venezolana y a lo revolucionario.

¡VIVA APORREA!



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Pedro Barrera


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