De la plaza pública a la plaza virtual

Mucho ha cambiado la vida ciudadana desde que aquel anticuado Manual de Carreño dictaba, desde la obsesión por el orden positivista, las normas de convivencia social de los individuos. La ciudad era entonces un pequeño espacio en el que la “vida pública” era sólo asunto de hombres, pues al menos para las mujeres “decentes” ésta se limitaba a la distancia que separaba su casa de la iglesia y a mirar detrás de su ventana. Por entonces la plaza era el lugar por excelencia de la vida ciudadana, espacio colectivo donde las clases sociales se mezclaban, lugar de encuentro, de debate, espacio para la expresión en todas sus formas. La plaza era el lugar de la comunicación social.

Desde el libro impreso, primer instrumento capaz de masificar la información, hasta la “revolución digital”, la aparición de cada medio de comunicación produjo importantes cambios en el seno de las sociedades a lo largo de la historia. El periódico, desde sus inicios fue un instrumento para la lucha ideológica, adversario o legitimador del poder establecido. Quienes gestaron y dirigieron nuestra Independencia ya tenían conciencia de la importancia de la prensa como instrumento para la divulgación de las ideas. Muestra de ello la dio Francisco de Miranda, cuando en su Expedición Libertadora de 1806, trajo una imprenta a bordo del Leander como el arma más poderosa de su arsenal militar; cuando desde Londres editó El Colombiano o nuestro Libertador Simón Bolívar, cuando fundó El Correo del Orinoco.

Posteriormente, la radio, gracias a sus transmisiones “en vivo” y baja tecnología llegó a ser un medio muy eficaz y de mayor alcance que la prensa escrita, entre otras cosas, porque sus receptores no necesitaban saber leer. Con la llegada de la televisión se incrementa la difusión de una visión sesgada y estereotipada de la realidad, fácilmente asimilable por los espectadores. Desde su invención, este medio nunca fue instrumento de lucha o resistencia política; por el contrario hay quienes aseguran que es el medio de comunicación más conservador de la historia. De lo que no hay duda es de que la televisión ha sido una herramienta muy efectiva en la permanencia de grupos que detentan el poder económico y político en el mundo entero.

Por el ritmo de vida de las ciudades modernas, por falta o abandono de los espacios públicos, los habitantes de las grandes urbes participan en la “vida social” desde la intimidad de sus hogares. La arquitectura capitalista convirtió los espacios de encuentro en lugares destinados al consumo. El colapso vial de las grandes ciudades y las pocas horas de descanso o esparcimiento con las que cuenta el ciudadano contemporáneo se limitan mayormente a ver televisión o al uso de las redes sociales por Internet. Es lo que Néstor García Canclini define como “cultura a domicilio”.

Con la aparición de las redes sociales ya los individuos no sólo se identifican entre sí por la pertenencia a un espacio territorial. Las formas de interacción social, tan necesarias para el ser humano, ya no dependen del contacto directo y personal. Un enorme collage de culturas entran en contacto desde la aparición del Twitter. Éste es un lugar de paso vertiginoso, transitado por individuos cuya cohesión se define por lo humano; desde la trivialidad de la vida cotidiana hasta la pugna de la vida política local o global, desde el cortejo hasta el humor; todo es pertinente, al igual que en la vieja plaza pública.

Esta red promueve una nueva forma de convivencia desde un espacio desterritorializado en el que no hay editores ni censores, o en todo caso el “editor” es uno mismo. Donde los códigos formales se transgreden y la interacción entre las personas se da casi en tiempo real. No se trata sólo de acceso instantáneo a la información que ya es bastante, sino a la posibilidad de identificación con otros usuarios a partir de una gama de intereses muy diversos. Incluso conformar grupos que de manera cohesionada y oportuna pueden contrarrestar el avasallante y falaz poder de la estructura mediática. Ahora la mentira tiene patas más cortas.

Tradicionalmente los medios se han ocupado de narrar el mundo y en esa narración lo han reconstruido a su conveniencia. Parafraseando y valiéndonos de Marx podríamos decir que el reto ahora es usar a esos medios para transformarlo.

Profesora UBV-Caracas
Lingüista
@CatheBz


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Catherine García Bazó


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