A Colombia no se le puede dar ni un tantico así…

Walter Benjamín fue un famoso filósofo, un gran pensador muy próximo a la llamada Escuela de Frankfurt de la que formaron parte Theodor Adorno, Max Horkheimner, Jürgen Habermas, Max Weber, Herbert Marcuse, György Lukács, Leo Lowental, Friedrich Pollock, y Erich Fromm, entre otros. Cuando Hitler avanzaba sobre Europa, amigos de Benjamín le pidieron que se exiliara porque en su condición de judío y de socialista corría un doble peligro. Ante estas amenazas se rebeló, porque en Europa -decía- quedaban posiciones a las que había que defender. Y las defendió, hasta que tuvo que optar por el suicidio antes que caer en manos de los carniceros nazis que lo perseguían. Así como Benjamín en el siglo pasado defendió los últimos reductos de la libertad, el reto de hoy es defender las posiciones de la verdadera democracia participativa y protagónica en Nuestramérica, que han surgido ante las mismas narices del imperio. Esta postura incluye los valores de la integración, la cooperación y la solidaridad de nuestros pueblos.

Esta es una disyuntiva: o caemos en manos de nuestros perseguidores u optamos por la rebelión de todo un continente. El suicidio de Walter Benjamín pudiéramos justificarlo ante la soledad, que al igual que la barbarie, también lo acosaba; pero nosotros no estamos solos. Esa es la diferencia.

Famosa es la expresión del comandante Che Guevara, cuando dijo que "… al imperialismo no se le puede dar ni un tantico así", y acompañaba sus palabras con el gesto característico. Para nosotros el imperialismo hoy no es algo abstracto, es una realidad que está tocando a nuestras puertas, y lo está haciendo por nuestro flanco occidental.

Tenemos que admitir que nos tomaron por sorpresa con Honduras. Nadie estuvo en condiciones de alertar a nuestro presidente sobre lo que estaba sucediendo en ese país, a pesar de que la derecha estaba constantemente telegrafiando mensajes que no pudimos o no supimos descifrar. El último de ellos fue el atentado contra la vida del presidente Zelaya, que se produjo días antes del golpe de Estado, y que prácticamente pasó inadvertido. Esto no puede volver a ocurrir, nunca jamás. En la reciente crisis boliviana, el presidente Chávez, debidamente informado pudo denunciar públicamente en septiembre del 2008, al general Luis Trigo, ex jefe de las fuerzas armadas bolivianas, y lo acusó de haber ido al departamento de Pando "… pero en vez de ir a hacer cumplir el decreto presidencial del estado de sitio... él (Trigo) llegó y ordenó que las tropas se acuartelaran, y abandonaran el aeropuerto y la protección a la ciudadanía”. De igual manera se dirigió al alto mando militar de Bolivia y les dijo que “… no vamos a permitir una dictadura en Bolivia... cumplan con su obligación con ese pueblo". Los golpistas, puestos en evidencia ante el mundo y con la decidida actuación del presidente Evo Morales y su pueblo, conjuraron el complot, inspirado y alentado desde Washington.

Ya estamos al tanto de lo que está pasando en Colombia y estamos suficientemente alertados por José Vicente Rangel, quien describe el escenario así: “…La coherencia ideológica de parte de su liderazgo, su definido perfil reaccionario, y los reflejos antivenezolanos siempre latentes en su clase política, confiere al vecino un protagonismo que excede lo retórico. Quienes hacen y ejecutan la política interna y exterior de Colombia están conscientes de lo que representa el actual proceso venezolano. Que implica que a su lado se desarrolle una experiencia contraria a lo que allá ocurre.” Ya sabemos a qué atenernos y no nos podemos llamar a engaños.

Es evidente que la escena está preparada para una provocación a nuestro país que justificaría una posterior agresión de la oligarquía colombiana, seguida de la intervención norteamericana. Todo está previsto desde hace años por el llamado “Plan Colombia”, diseñado y comenzado a ejecutar durante la presidencia de Bill Clinton. Por ello, no podrá resultar extraño que ese mismo plan de agresión contra Venezuela sea llevado a cabo por la propia esposa de Clinton, la señora Hillary. Estamos muy conscientes que ese plan no se hizo para combatir el narcotráfico, porque es evidente que el cultivo, procesamiento, tráfico y consumo de estupefacientes ha aumentado en Colombia y en Estados Unidos (en lo que corresponde al primer productor y al primer consumidor en el mundo). ¡Los gringos y sus aliados en Colombia vienen por nuestro petróleo!

Afortunadamente son pocos los venezolanos patriotas que pudieran albergar alguna dudad sobre la intención de nuestro vecino y de sus amos. El presidente Chávez, no se dejará sorprender, pero todos debemos estar pendientes de lo que pueda suceder y cambiar nuestra postura de espectadores por la de protagonistas.

omar1montilla@gmail.com


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Omar Montilla


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