Nuevo pacto y nueva pifia

El pasado martes Peña Nieto cometió una nueva pifia al lanzar un nuevo pacto dizque para el fortalecimiento económico y la protección de la economía familiar; esto después de cuatro años de haber gobernado haciendo exactamente lo contario: destruir la economía nacional y destrozar la de las familias. La pifia mayor es que no cambia en lo más mínimo, sino recrudece, el modelo que ha imperado en los últimos treinta años, incluidos con subrayado énfasis los cuatro correspondientes a su mandato. Por más que se le ha explicado, el sedicente presidente no acaba de entender que no entiende. Dice comprender la molestia causada por su "gasolinazo" pero no lo enmienda, sólo intenta paliarlo con frases incoherentes y nuevos engaños, no sin exhibir una falsa reciedumbre para impedir que la expresión del descontento popular devenga en violencia.

Pifia también la de los firmantes del pacto en comento: el esquelético Congreso del Trabajo (CT) y la moribunda Confederación Nacional Campesina (CNC), por el lado de lo que se quiere presentar como popular; por el lado empresarial firma el Consejo Coordinador Empresarial (CCE) que, por principio de cuentas no tiene capacidad jurídica para tomar compromisos a nombre del empresariado, pero que además fue rehusado por la Confederación Patronal (COPARMEX). De suerte pues que se trata de un papel sin mayor valor y menor eficacia. No firma la Unión Nacional de Trabajadores (UNT), tampoco las organizaciones campesinas independientes, ambas lo consideran un nuevo engaño y una cortina de humo para ocultar la perversidad gubernamental.

Entre tanto, la protesta continúa y se enardece; con claridad e inteligencia se desmarca de los actos de violencia registrados y demuestra que son provocados por agentes del propio gobierno; las redes sociales están plagadas de videos que lo confirman. Además de exigir la derogación del "gasolinazo" cada día es mayor el repudio a Peña Nieto y la exigencia de su renuncia. Indudablemente el México bronco está encabronado y en la calle; sin organización ni liderazgos, simple y llanamente encabronado.

El régimen se desmorona y comienzan a asomarse algunos quiebres internos. La gobernadora de Sonora se manifiesta en rechazo al aumento de los precios de la gasolina y no lo haría sin la previa autorización de Beltrones, lo que no sería una simple fisura, sino una seria fractura en la familia priísta. Peña sólo atina a dar patadas de ahogado, totalmente desprestigiado y sin capacidad de maniobra. Todo esto sucede en el peor momento, con el troglodita asestando sus anunciados mandarriazos, particularmente contra la producción automotriz en México (no mexicana).

López Obrador navega en medio de la tormenta en condiciones de gran dificultad. Me imagino que sabe que si intentara asumir el liderazgo que le hace falta a la movilización, será inmediatamente satanizado por los medios al servicio del régimen y, en consecuencia, rechazado por los movilizados; también supongo que sabe que no hacerlo lleva implícita una desilusión de sus seguidores, con riesgo de ser rebasado. Pero, de cualquier manera, no puede o no debe quedarse fijo en su convocatoria hasta el proceso electoral de 2018, llamando a la firma de un pacto de unidad del pueblo para lograr la erradicación de la caterva de corruptos en el poder. La gente lo quiere hacer desde ya, y su comportamiento no atiende a calendarios políticos electorales.

El pacto de Peña no tiene impacto alguno, repito, es una pifia. Pero es importante que los mexicanos firmemos un gran pacto patriótico que sume a todas las fuerzas en movimiento, con la participación clara de los personajes que han merecido, por su compromiso, el respeto de la gente y que también postulan el cambio radical y la recuperación de la Patria. López Obrador es importante, para mí el que más, pero necesita sumar no sólo firmas de pueblo sino también líderes sociales reconocidos, no necesariamente afines a MORENA y a AMLO. Cuauhtémoc Cárdenas tiene que estar, igual que Alejandro Encinas; los zapatistas y los intelectuales que los apoyan, González Casanova en primera línea; los universitarios incluyendo a De la Fuente y a Rolando Cordera; la UNT, la CNTE, las organizaciones agrarias, entre muchos otros.

El riesgo de no hacerlo es múltiple; el más grave sería la desilusión popular y, peor aún, que el proyecto del 2018 se aborte en un 2017 revuelto y sin rumbo. Este es un camino que hay que andar y, lo reitero, es por México.

 


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Gerardo Fernández Casanova


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