Desafío a la Doctrina Monroe

Ecuador sigue la senda de Bolivia y Venezuela, hacia un rearme independiente de la tutela militar de la Casa Blanca.

Esta semana, en su programa radiotelevisivo semanal, el presidente ecuatoriano Rafael Correa informó al mundo que las Fuerzas Armadas de su país pusieron en el aire un avión tan silencioso y avizor como un “Gavilán”. Ése es el nombre del pájaro con el que bautizaron a la pequeña nave drone de alto valor tecnológico y estratégico.

Ese tipo de aparato es una ventaja de inteligencia militar que ostentan potencias como las de la Otan, Estados Unidos, China, Rusia o Israel, entre algunos otros. Correa anunció que en 2015 su pequeña industria militar estaría en capacidad de exportarlos.
Dentro de un año veremos el resultado de este sano propósito. Lo que no esperará ese lapso, será la reacción de Washington.

Además del Gavilán ecuatoriano, Washington está alerta por lo que hacen los gobiernos de Bolivia y Venezuela, para desprenderse del control norteamericano sobre sus estructuras y tecnología militar.
La renovada modernización y reequipamiento militar de estos tres países se produce en medio de nuevas coordenadas mundiales tan preocupantes como geopolíticamente relacionadas.

En estas tres sociedades, se produjo la mayor cantidad de transformaciones sociales y políticas durante la última década y media. Uno de los resultados más rechazados en el gobierno de Estados Unidos es el grado de independencia y autonomía política alcanzado por sus gobiernos. La segunda se llama crisis del sistema mundial de Estados. En nuestro hemisferio se manifiesta en la Unasur, el ALBA, PetroCaribe, y por supuesto, por la pluripolaridad global dinamizada por las potencias Brics.

La atrevida reforma de Evo.

El gobierno de Bolivia contrató un paquete de helicópteros rusos equipados con radares para la lucha contra el narcotráfico. Esos equipos aéreos rusos remplazaran a las naves usadas por la Oficina Antinarcóticos de la Embajada de Estados Unidos (NAS), mientras esta entidad, expulsada en 2013, termina de volver al país de donde vino.

Tres años antes, en 2010, Bolivia comenzó a equiparse en China. En el marco del Protocolo de Cooperación Bilateral, Bolivia pactó la compra de 37 Buses Hinger, 21 Camionetas Nissan Pickup Truck y 40 motores fuera de borda Yamaha. En 2009, ya habían adquirido dos lanchas patrulleras artilladas y en el primer año de gestión el gobierno de Evo compró 34 camiones militares del tipo FAW.
El ministro de Defensa del Estado Plurinacional de Bolivia informó en el “Primer Seminario Internacional por Capacidades Militares”, realizado en 2013, en el que participaron expertos rusos, que su país ha comenzado a estudiar “los planes estratégicos para la modernización de esta institución”.

Bolivia, Ecuador y Venezuela, además de Nicaragua, Cuba, Guyana y otros países del ALBA, han comenzado desde hace poco, a orientar las reformas de sus ejércitos según las nuevas doctrinas militares elaboradas en el Instituto de las Fuerzas Armadas de la ALBA, instalado en Santa Cruz de la Sierra. La otra fuente es el Centro de Estudios Estratégicos de Unasur, que funciona en Buenos Aires. Estados Unidos está ausente de ambos organismos. El gobierno del altiplano se propone una “Transformación y modernización estructural de las Fuerzas Armadas para dar a la institución una identidad propia”, declaró el encargado de la cartera militar de Bolivia. Avisó que la nueva doctrina de las Fuerzas Armadas de Bolivia es objeto de “ajustes” en sus bases ideológicas, y desde el próximo año permitirá la formación de lo que denominó “un nuevo militar”.

No es un secreto que Evo Morales pidió varias veces a las Fuerzas Armadas de su país que se proclamen “socialistas, nacionalistas y antiimperialistas”, en el sentido que lo hicieron las de Venezuela. Pero hay resistencia. Evo no ha tenido a su favor una corriente militar de izquierda, como la fundada por Chávez en 1982.
En el último siglo de Bolivia no hay noticias que señalen tamaños cambios en su aparato militar, un área tan sensible al dominio de la burguesía y tan cara a la Doctrina Monroe de Estados Unidos. Sólo el dictador Hugo Banzer logró una reforma militar brusca a comienzos de los ’70, pero con sentido opuesto, para derrotar al movimiento obrero, que había logrado la proeza de destruir el ejército tradicional, siete años antes que en Cuba y 27 antes que en Nicaragua. Evo Morales no tiene el propósito de cambiar el carácter burgués del ejército, pero sus reformas estructurales representan el mayor desafío que ha tenido Estados Unidos en ese país desde 1952.

El desafío chavista. Con la Reforma Constitucional de 2008, las Fuerzas Armadas fueron rebautizadas como “Antiimperialistas y revolucionarias”. Desde mediados del año 2002, aprovechando la derrota física propinada por el pueblo a los generales golpistas de abril, el gobierno bolivariano decidió emprender la descolonización de su sistema militar.

Esta tarea compleja comenzó por cuestionar la educación recibida por los cuadros militares durante un siglo. El aparato militar venezolano, como todos los del continente, estaba obligado a reproducir las normas, técnicas y valores ideológicos del ejército norteamericano. Continuó con el reemplazo de Estados Unidos como proveedor exclusivo de material bélico, por Rusia y China.
Desde mediados del siglo XIX, el control de la estructura militar venezolana estuvo en las manos de Europa, luego de Estados Unidos desde 1911. Israel tuvo influencia, sobre todo en las policías, en las décadas de los ’80 y los ’90.

El equipamiento de las Fuerzas Armadas venezolanas reproducía el esquema de dependencia impuesto a su economía, su cultura social y su gobierno.

Desde el año 2005 Venezuela avanzó, por primera vez en su historia republicana, en la producción de armas dentro del país, en la modernización de su parque, en la actualización tecnológica y en una nueva cultura e ideología militar inspirada en el proyecto bolivariano.

Además de expulsar del país a la Misión Militar de Estados Unidos, a la DEA y a los evangélicos de Nuevas Tribus, el gobierno chavista ingresó al país al estadio satelital de la mano de China, instalando cinco satélites en órbita, radares de última generación, una fábrica en Venezuela y la formación de unos 160 científicos especializados en esa tecnología estratégica.

Durante el año 2013, la labor de vigilancia y control del espacio aéreo realizado por el Centro de Dirección de Defensa Aérea, permitió lo impensado en las relaciones con Estados Unidos fueron sometidos a control y destruidos en el aire 26 aeronaves que incursionaron ilegalmente en el país. Casi todas tuvieron coordenadas originadas en el territorio de Colombia.
Este avance geomilitar, que podría considerarse enorme en términos relativos, no anula el dominio incuestionable que sigue manteniendo Estados Unidos.

Según John Kerry, “la era de la Doctrina Monroe está llegando a su fin” (OEA, 18/11/2013). Esto no es verdad, pero sí es cierto que por primera vez está cuestionada. Una cosa es la Doctrina Monroe, otra el poder militar establecido durante un siglo. Como advierte el mexicano Luis Hernández Navarro, “el Imperio está muy lejos de ser un tigre de papel”. Tiene razón.

“Estados Unidos es el país con mayores gastos militares en el mundo. En 2011, su presupuesto para este rubro representó el 40 por ciento de los gastos totales en el planeta, seguido, muy de lejos, por China y Rusia. Este predominio tiene tras de sí una poderosa base productiva. Lockheed Martin, Boeing y BAE Systems lideran la industria militar mundial. Las dos primeras son estadounidenses” (Navarro, 2014).

En términos estructurales e históricos es así. Pero en su dinámica, Estados Unidos está perdiendo el control militar de Ecuador, Venezuela, Bolivia, Nicaragua, además de Cuba. Algo es algo.



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Modesto Emilio Guerrero

Periodista venezolano radicado en Argentina. Autor del libro ¿Quién inventó a Chávez?. Director de mercosuryvenezuela.com.

 meguerrero00@gmail.com

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