¿Podemos construir el Socialismo con el aparato público del Capitalismo? (I)

Cierto es que en diez años de revolución se han realizado pequeñas “transformaciones” en el Aparato Público Nacional, donde han predominado fusiones organizativas y funcionales, supresiones de organismos, nuevas creaciones de Ministerios y hasta la constitución de un nuevo poder, así como, aplicación de modismos organizativos, con deslumbrantes presentaciones de efectos y movimientos e implantados mecánicamente, sin embargo, esto no ha obedecido a una estrategia integral de revolución del Aparato Público Nacional, que sea capaz de sacudir incesantemente cada espacio físico geográfico y conceptual de la Aparato Público Nacional(APN), que cada neurona de los trabajadores del APN se dinamice en atención a la necesidad de construir el Estado Revolucionario, desde el Presidente de la República, hasta el último bedel de la escuela más pequeña del país.

Si una revolución organizativa y estructural, que es lo que necesitamos, no mueve y conmueve a los hombres y mujeres del APN, la pelea está perdida. Debe partir la nueva estructura del desarrollo de la capacidad endógena de auto modernizarse del APN, si se realiza por presiones externas tampoco se abonará terreno para que la revolución organizativa y estructural sea un éxito.

Los productos terminales del APN son tres: bienes de consumo o de capital, servicios y actos de regulación (leyes, normas, políticas, reglamentos, decretos etc.).

La cantidad, calidad, vigencia y oportunidad de la producción terminal, está íntimamente relacionada con eficacia y eficiencia de los productos intermedios, entre los cuales, el medular de estos, está representado por la Planificación como eje direccionador, articulador y evaluador útil, completo, oportuno y confiable, manejado bajo el esquema de escenarios. No se pueden visualizar estas cosas con cualquier teoría y método de planificación, se requiere de Planificación Estratégica Pública, cuya aplicación sea remozada al calor de las bases, y no modelos que esconden en la palabra estrategia su ineficacia y conducta imperial.

Lo primero es clarificar colectivamente, qué juego social queremos jugar; lo que tecnopolíticamente llamaría el Maestro Carlos Matus Romo, como el Patrón Político e Ideológico, que implica realizarnos al menos dos interrogantes: ¿Cuánto y qué tipo de Estado? Y ¿Dónde está la división real de aguas con el sector privado?

El nivel referido al Patrón Político e Ideológico, es uno de los siete niveles que para la revolución organizativa plantea el Dr. Carlos Matus Romo en el enfoque de la Planificación Estratégica Situacional, una teoría y método de gobierno, cuya potencia y versatilidad puede dar grandes contribuciones al proceso revolucionario venezolano, acechado por grandes peligros.

¿Necesitamos un estado mínimo?, ¿Estado Propietario? ¿Estado Coordinador Revolucionario?, ¿Otro tipo de Estado diferente a los anteriores?

Las dimensiones del APN, según el Dr. Matus, se puede analizar a través de tres conceptos básicos: Tamaño, referido al monto de los recursos económicos que maneja y canaliza el gobierno; Peso, que precisa la capacidad de regulación y control, por cierto, que a decir por lo ocurrido con la mini crisis bancaria, el Peso actual del Estado, al menos en el área financiera es bajo; y Capacidad, que indica la eficiencia y eficacia de la gestión de gobierno. Entonces es pertinente preguntarse: ¿Qué tamaño, peso y capacidad debe tener el Estado Revolucionario? ¿Grande, pequeño o mediano?

El Estado hoy pareciera que tiene un Tamaño grande, Peso pequeño y Capacidad pequeña. Esto lo planteo, más como provocación, que como una afirmación irrefutable, ¿Es eso lo ideal?. Definamos primero el juego social que queremos jugar, para poder determinar colectivamente la estructura organizativa del Estado que responda a ese juego, lo cual constituye el primer reto que tenemos para iniciar una revolución organizativa y no una simple reforma que responda al modismo y esquemas fracasados.

El soberano premia y castiga al gobierno y a sus gobernantes en atención a los productos, resultados y logros de la gestión pública, sobre todo de aquellos que se sienten en la piel; sin embargo, muchos gerentes públicos a diversos niveles acusan una confusión permanente entre productos terminales, resultados y logros. En una próxima entrega le dedicaré una líneas a este confusión.

Indudablemente que el APN no fue diseñado para hacer la revolución, por el contrario, este debe ser pulverizado progresivamente, ya que, su existencia es la garantía silenciosa del estado burgués, por lo tanto, no es posible construir el socialismo con un APN que responde en esencia y existencia al capitalismo. El tema es de altos quilates, por lo tanto, no puede despacharse con claridad en un artículo, entonces preparo varias entregas hasta agotar la mayor parte de la propuesta de una revolución organizativa propuesta por el Dr. Carlos Matus Romo, incluyendo la tropicalización que se genere en el colectivo revolucionario dispuesto a enfrentar la piratería tecnopolítica desarrollada en muchos espacios de la revolución Bolivariana y que tanto daño le ha causado.


lazaroroger@gmail.com


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Roger Lázaro


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