Se buscan revolucionarios (as)

A dieciséis años de producirse la insurrección cívico-militar del 4 de febrero que comandara Hugo Chávez y ante la nueva encrucijada que se le presenta al proceso revolucionario bolivariano a fin de demostrar la viabilidad, eficacia, justicia y conveniencia de sus propuestas fundamentales, es preciso que en su seno se articulen esfuerzos teórico-prácticos tendentes a lograr su consolidación definitiva, en especial, en lo referente a la definición y la implementación del socialismo del siglo XXI.

Esto ha sido una constante a lo largo de estos últimos años, a tal grado que ello ha incidido -de una u otra manera- para que existan aún las deficiencias administrativas a nivel de las diferentes instancias del Estado, el sectarismo exhibido por las organizaciones partidistas y la frustración que digieren de mala gana los sectores populares al organizarse y echar a andar los lineamientos estratégicos anunciados por el presidente Chávez.

De hecho, el comportamiento de la nueva clase política es, quizás, el factor de mayor influencia para que persista esta situación, puesto que el mismo es expresión de la cultura política reformista heredada de los partidos políticos tradicionales que gobernaron al país desde 1959 hasta 1998, año en que resultara electo Chávez, así como también de la escasa o nula formación teórica existente en lo que respecta al socialismo, dado el antiizquierdismo o anticomunismo inculcado durante el mismo período entre una vasta porción de la población venezolana.

Si a lo anterior unimos la tradición de exclusión, sectarismo, atomización y dependencia ideológica que llegó a caracterizar por décadas a lo que se denominó como izquierda en Venezuela (entendiendo como tal a las organizaciones que se adherían al socialismo basado en las enseñanzas de Marx, Engels y Lenin), lo cual determinó también que se produjera un dilatado reflujo de las luchas populares, se tendrá un cuadro de cosas que conspira contra la vigencia y la profundización del proyecto bolivariano.

Justamente en este aspecto se percibe en quienes provienen de algunas de estas organizaciones un déficit a la hora de contribuir a definir teóricamente al proceso revolucionario actual, contentándose algunos con ser leales a Chávez, pero sin asumir el rol crítico y autocrítico que pudieran ejercer en algún momento ante cualquier desviación detectada, cuestión que entra en contradicción con su condición de revolucionarios.

Por ello mismo, se hace necesario acelerar y sostener, de algún modo, la preparación de cuadros revolucionarios que estén dedicados a desarrollar nuevas estructuras organizativas y nuevos paradigmas que ayuden a generar y a afianzar la revolución socialista bolivariana en Venezuela.Esto supondrá desligarse, en cierto modo, del poder constituido y construir sin ambages ni tutelajes oficiales el poder popular que tanto se proclama, pero que es torpedeado y distorsionado desde los diferentes niveles que constituyen el Estado por burócratas de toda laya, aún por aquellos que ponen a la vista de todos su identificación con la revolución mediante alguna imagen del Che Guevara, ignorando acaso su combate tenaz contra el burocratismo en los años iniciales de la revolución cubana.

Para esta importante tarea, los revolucionarios tendrían que promover la autogestión, la independencia política, la formación teórica (sin eludir el debate) y el poder constituyente de los sectores populares con lo cual se avanzaría en la consecución del cambio estructural, el bien común y, por supuesto, de una democracia más directa e identificada con sus expectativas no satisfechas. En consecuencia, los revolucionarios tendrían que diferenciarse absolutamente de los reformistas que sólo aspiran usufructuar el poder, sin pretender variar en lo más mínimo las relaciones habituales entre gobernantes y gobernados, a favor de quienes ejercen intransferiblemente la soberanía.

De ahí que sea ineludible la convocatoria a todos los revolucionarios a crear las condiciones objetivas y subjetivas que allanarían el camino de la revolución socialista en contraposición al reformismo que ya estaría copando todos los escenarios políticos, económicos, culturales y sociales del país, impidiendo que esto sea posible, a pesar del decidido respaldo de las amplias mayorías. Es decir, se buscan revolucionarios y revolucionarias cuyo máximo interés esté centrado en la transferencia del poder al pueblo y no en su interés personal, sin que se malentienda por esto que los mismos estarían sometidos a un ascetismo anacrónico y, menos, a un estado de gracia fanático, como fueran dibujados por la gente conservadora en todos los tiempos, incluyendo el nuestro.


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Homar Garcés (especial para ARGENPRESS.info)


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