Algo sobre la globalización

Hace más de una década y media, 17 años para ser exactos, Ignacio Ramonet publicaría un ensayo intitulado: Sobre la Globalización, (junio, 2004), en el marco de un trabajo, cuyo nombre coloca al lector en un tremendo aviso sobre la sociedad contemporánea, sobre la sociedad capitalista actual. Se trata de La Crisis del Siglo. El fin de una Era del Capitalismo Financiero, (Fundación Editorial el perro y la rana, 2008). A propósito de algunas de las primeras visitas de Ramonet a Venezuela tuvimos la oportunidad de conocerle y hacerle una lacónica entrevista que alcanzó la modesta suma de apenas cinco preguntas. Evocamos que el interlocutor de aquella humilde entrevista asomaba la contundente advertencia: La Revolución Bolivariana debe cuidarse de la corrupción. Acertado y sabio aviso de este ilustre visitante. Aleccionador presagio. El implacable tiempo parece haberle dado una despiadada razón. El problema de la corrupción sigue siendo un tópico de larga data, de preocupante y vital enfrentamiento. Si en una revolución se sucede la corrupción se compromete el proceso. La dimensión humana del mismo se trastoca y la nación se desmorona moralmente.

Si la democracia burguesa de Venezuela, luego de la caída de Marcos Evangelista Pérez Jiménez, aquel 23 de enero de 1958, se agotó por la corrupción de los partidos del poder: Acción Democrática y COPEI, durante los cuarenta años de su ejercicio del poder; entonces a partir de semejante dato histórico podríamos, luego de la conquista del proceso Bolivariano, estar ante un proceso de desgaste de este proceso, el cual podría conducir a una pérdida de la credibilidad del proceso mismo. Sería lamentable perder, extraviar, echar por la borda esta oportunidad histórica-política; cultural-humana. Dejar perder este alcance social del proceso, producto de unos cuantos corruptos, sería no menos que un pecado social capital, cuyo costo social-político sería incalculable. El proceso revolucionario requiere depurarse de esos elementos peligrosos que pudieran desvirtuar el camino histórico, justiciero y revolucionario. El 23 de enero de 2020 se llegó a afirmar: Venezuela, el país con mayor Índice de Corrupción en América y el Caribe, y el quinto en el mundo. Ello tiene que llamarnos la atención de manera sincera y resueltamente firme. En Venezuela políticos de primera línea en el poder llegaron a aseverar que no había razones para no ser corrupto en este país. Semejante afirmación produce pena ajena y vergüenza histórica. Resulta lamentable que con todas las perspectivas de la Revolución Bolivariana culmine en una simple corruptela más. Venezuela es el país con mayor Índice de Percepción de Corrupción (IPC) en América y el Caribe, y ocupó el quinto lugar en el mundo en 2019, según el estudio publicado por Transparencia Internacional en Berlín. (Transparencia Venezuela, 23/1/ 2020).

Una lucha implacable contra ese flagelo, que devora todo el cuerpo social y las reservas morales de la Patria, resulta impostergable, justa y necesaria; urgente y raudo. Una resuelta voluntad política es requerida con urgencia y comprometida realización. Así como cuando se dijo: Luchar contra el imperialismo donde quiera que esté. De igual manera, se requiere luchar contra la corrupción donde quiera que esté y de la forma que sea. Seguramente estas opiniones sueltas y disipadas no alcancen a sensibilizar sobre tan grave y peliagudo problema. Es categórico: no se puede defender lo indefendible y el tema de la corrupción se torna grave, agudamente peligroso, políticamente fallo y moralmente lamentable. La corrupción es un estado de desmoralización generalizado, que afecta los cimientos de la Patria. Una patria corrupta no es, en modo alguno, una patria. Ni siquiera una caricatura de patria. Una patria corrupta es una vergüenza histórica, nacional, que compromete el presente y futuro del pueblo, de la Nación, de la venezolanidad. Compromete el sentido de pertenencia y la identidad cultural. Luego de esta reflexión resulta necesario seguir con el tema inicialmente propuesto. Contra la corrupción donde quiera que esté. Ello cura con creces cualquier desgarradura. Es necesario darle una revolcada a la cultura de la corrupción. Ahora bien,

¿Qué nos dice Ignacio Ramonet, a propósito de la Globalización, en junio de 2004? Estamos a punto de vivir una segunda revolución capitalista. La globalización neoliberal alcanza a todos los rincones del planeta, desdeñando tanto la independencia de los pueblos como la diversidad de sus regímenes políticos. De igual manera, desprecia las condiciones culturales e históricas-sociales de las comunidades étnicas, en su más amplio sentido. La reflexión tiene que ser permanente, aguda, transformadora. Impertinentemente revolucionaria.

El mundo conoce, afirma Ramonet, una nueva era de conquista similar a las de los descubrimientos y colonización. Pero, mientras los actores principales de las anteriores expansiones eran los Estados, esta vez son las empresas y los grupos industriales y financieros privados los que se proponen dominar el mundo. Nunca los dueños del planeta han sido tan pocos ni tan poderosos. Estos grupos están situados en la triada –USA; Europa y Japón- y la mitad de ellos está radicada en los Estados Unidos. No alcanzamos a entender como algunos ya no quieren ni nombrar la categoría imperialismo. Sigue resultando cuesta arriba tapar el sol con un dedo. La tarea es histórica: luchar contra el imperialismo donde quiera que esté.

Continúa Ramonet: Esta concentración de capital y de poder se ha acelerado formidablemente en el curso de los últimos veinte años por efecto de la revolución de las tecnologías de la información. Un nuevo salto adelante se producirá en este inicio del milenio, con el dominio de las nuevas técnicas genéticas de manipulación de la vida. La privatización del genoma humano y la patente generalizada de material vivo abren nuevas perspectivas de expansión al capitalismo. Una gran privatización de todo cuanto atañe a la vida y a la naturaleza se prepara, lo que favorecerá la aparición de un poder probablemente más absoluto de lo que se haya conocido en la historia. La globalización no aspira tanto a conquistar países como conquistar mercado. Al buscar los mercados; se busca la posesión de la riqueza. Unas paradojas se hacen presentes y muestras sus más injustas situaciones. Ramonet llega a afirmar: la abundancia de bienes alcanza niveles sin precedentes, pero el número de los que no tienen techo, ni trabajo ni apenas qué comer aumenta sin cesar. Así, de los 4.500 millones de habitantes con que cuentan los países en vías de desarrollo, casi un tercio no tiene acceso al agua potable. Una quinta parte de los niños (y niñas) no ingiere suficientes calorías y proteínas. Y alrededor de 2.000 millones de individuos-un tercio de la humanidad, padecen anemia.

Evocamos la Segunda Declaración de la Habana. Porque esta gran humanidad ha dicho basta y ha echado andar y su marcha de gigante ya no se detendrá hasta conquistar la verdadera independencia. Una enorme interrogante se formula Ramonet: ¿Es inevitable esta situación? No. Según la Naciones Unidas, para cubrir las necesidades básicas de toda la población del globo (alimentos, agua potable, educación, salud) bastaría con retener menos del 4 por ciento de la riqueza acumulada por las 225 grandes fortunas del mundo. La situación resulta dramática. Las empresas globales no se sienten concernidas por la dimensión del problema. Contratan y venden en el mundo entero y reivindican un carácter supranacional que les permita actuar con una gran libertad porque ya no existen…instituciones internacionales de carácter político o jurídico capaces de regular eficazmente su comportamiento. La globalización constituye una inmensa ruptura económica, política y cultural. Los mandatos anónimos de los mercados han impuesto su dinámica y significan el extremo último del economicismo. Construir una sociedad mundial, un ser humano global, vaciado de cultura, de sentido de pertenencia, vaciado de historia, hueco del sentido colectivo y de la conciencia de los otros. Una ideología neoliberal se impone en todo el planeta. Es mucho y abundante, así como de una tremenda calidad intelectual y teórica lo que nos ofrece Ignacio Ramonet. Recomendamos ampliamente este trabajo: La crisis del siglo. El fin de una Era del Capitalismo Financiero. En torno a muchos de sus puntos, temas y abordajes volveremos para compartir con los amigos y amigas lectoras todos esos aprendizajes, compartir esas reflexiones, esos puntos de vista. Se ha producido un retorno paulatino pero seguro del Estado, particularmente en la esfera económica. Las tres crisis del capitalismo, de julio de 2008, abarcaron la financiera, la energética y la alimentaria. El estudio, la investigación, la militancia y el compromiso con la humanidad doliente es nuestro gran objetivo estratégico. Volveremos sobre el tema porque no se agota. En todo caso, es demasiado extenso y profundo y el compromiso tiene que ser, resueltamente, revolucionario.



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Efraín Valenzuela

Católico, comunista, bolivariano y chavista. Caraqueño de la parroquia 23 de Enero, donde desde pequeño anduvo metido en peos. Especializado en Legislación Cultural, Cultura Festiva, Municipio y Cultura y Religiosidad Popular.

 efrainvalentutor@gmail.com

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