La Revolución Molecular Disipada y la desigualdad en América Latina

"Nuestra comarca del mundo, que llamamos América Latina, fue precoz: se especializó en perder desde los remotos tiempos en que los europeos del Renacimiento se abalanzaron a través del mar y le hundieron los dientes en la garganta". Eduardo Galeano –Las venas abiertas de América Latina.

En estos últimos tiempos el profesor y radiodifusor chileno Alexis López Tapia, ha puesto en boga una teoría cuyo origen no le pertenece, (el honestamente lo ha reconocido) más si la ha deformado, la denominada Revolución Molecular Disipada, cuyo real origen proviene del filósofo y psicoanalista francés, Félix Guattari (1930-1992). Teoría expuesta por este acucioso investigador y desnaturalizada en estos momentos de convulsión social en diversas zonas del más desigual de los continentes en el mundo.

La lucha de clases, según Carlos Marx, es el germen que lleva por dentro el capitalismo y que propicia su destrucción. Para Guattari, en su Libro La Revolución Molecular y la Lucha de Clases, las desigualdades propias del capitalismo, trae consigo las manifestaciones propias de grandes contingentes que se organizan y actúan más allá de una concepción ideológica, doctrinaria y/o partidista, para generar su inconformidad ante la alteración de intereses que afectan al común, llámese desempleo, cambio climático, igualdad de género, educación, salud, vivienda, ingresos económicos y por ende calidad de vida. Partiendo de una modificación del estándar de vida individual que conlleva a la natural búsqueda de otros individuos con intereses afines para promover acciones de inconformidad. De lo cual son evidentes, a decir de Guattari, dos vertientes manifiestas en la sociedad: la de un sistema que integra los problemas políticos a nivel del Estado, y otro que integra problemas micropolíticos a nivel del individuo y de la familia. De ahí que la aplicación de nuevos y sofisticados métodos de explotación lleven consigo nuevas manifestaciones de represión y control social, ante las evidentes formaciones moleculares sociales de quienes que de manera espontánea se organizan y generan la protesta.

Para el teórico chileno, Alexis López la Revolución Molecular Disipada es no es más que la puesta en práctica de "…un nuevo modelo de acción revolucionaria horizontal, que normaliza de manera gradual y cotidiana disposiciones y conductas en orden de alterar el estado de normalidad social del sistema dominante, con el objetivo de ser derogado y sustituido". Tales argumentos se aderezan con ingredientes tales como la puesta en práctica de un plan orquestado por el radicalismo mundial y la ultraizquierda para promover, a partir del caos y la desolación, modelos de gobiernos de corte comunista. Le escuché decir al profesor López que en algunos países el gran empresariado ha sido timorato y se ha dejado chantajear (?) por las acciones de quienes enarbolan las protestas sociales y colocan en peligro a corto y mediano plazo la contribución del poder económico al desarrollo de sus naciones.

América Latina es el continente más desigual del Planeta. De esta premisa debiéramos partir para analizar todas y cada una de las protestas sociales que se escenifican desde el Rio Bravo a la Patagonia. Eduardo Galeano, con su cincuentona obra: Las Venas Abiertas de América Latina, abrió el telón que expuso la cruda realidad, una vieja realidad que ha convulsionado el estamento social de nuestros países durante muchos años. La obra, que ha decir de Aram Aharonian en su artículo, Cinco siglos y nuestras venas siguen abiertas, señala: "¡Que va! Fue la verdadera biblia para aquellos que comenzábamos nuestra militancia, nuestro verdadero texto de historia americana, muy diferente a los textos que nos obligaban a leer y estudiar en el liceo y en preparatorios. Era la biblia atea –iniciática, el pasaporte para entrar definitivamente en América Lapobre- que nos prestábamos unos a otros, apurados por leerla, porque muy posiblemente la prohibirían".

En verdad que las inventivas de las poderosas oligarquías latinoamericanas, solo dieron para ensanchar más la brecha entre los pocos que tienen mucho y los muchos que poco o nada tienen. El desarrollo, el progreso y el bienestar de una nación es y debe ser inclusivo. El bienestar de pocos con base en la miseria de muchos jamás puede alcanzar el progreso y la grandeza de un país y eso pasa en América Latina, los superávits y el incremento del PIB jamás serán efectivos mientras grandes contingentes de ciudadanos sufran de exclusión, es un mal cálculo matemático pretender que con esa operación nuestras naciones se consoliden.

De manera entonces que hacer malabarismos con la teoría de la Revolución Molecular Disipada, como una suerte de plan maléfico que busca satanizar toda protesta social o el legítimo derecho de la organización de los movimientos de izquierda, como el derecho que le asiste al socialdemócrata o al demócrata cristiano; sostener la vieja y caduca teoría de las "revoluciones exportadas" a través de grupos extranjeros que infiltran las protestas es despachar de manera muy simplista el descontento social a consecuencia de los cada vez más demoledores problemas que aquejan a las mayorías de nuestro continente, sin que los gobiernos y sus poderosos grupos económicos se atrevan a escudriñar en los modelos político-económicos impuestos ya agotados muchas de sus respuestas; sin atreverse a renovar con sentido amplio e incluyente los modelos democráticos liberales instaurados. Lo demás, es considerar que el modelo de desarrollo impuesto a nuestros pueblos es impecable y quienes lo desafían son los malos de la película.

La mirada debe ir más allá, Las venas abiertas de América Latina, cincuenta años después del dramático relato de Galeano, nos muestran a este hemisferio cada vez más desigual. Lejos se oyen aun los ecos de la prédica "países en desarrollo". Lo cierto es que hay más desigualdad, salvo muy honrosas excepciones. Razón tenía Galeano cuando dijo: "No asistimos en estas tierras a la infancia salvaje del capitalismo, sino a su cruenta decrepitud. El subdesarrollo no es una etapa del desarrollo. Es su consecuencia. El subdesarrollo de América Latina proviene del desarrollo ajeno y continúa alimentándolo".



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Victor Barraez


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