Igualdad y desigualdad en los filósofos sociales (I)

(J.J. ROUSSEAU y T. HOBBES)

Articulo dedico a la memoria de :

José Salamat Khan Fernández ("Chino Khan")

"desde el pensamiento utópico al pensamiento revolucionario, el igualitarismo ha recorrido un largo camino; sin embargo, la distancia entre las aspiraciones y la realidad es aún tan grande que, mirando en torno y atrás, cualquier persona razonable ha de dudar seriamente sobre si alguna vez va a poder recorrerse por completo». Y en su ensayo Derecha e izquierda vuelve a afirmar pesimistamente que «las desigualdades naturales existen y si algunas se pueden corregir, la mayor parte de ellas no se pueden eliminar. Las desigualdades sociales también existen y, si algunas se pueden corregir e incluso eliminar, muchas, especialmente aquellas de las cuales los mismos individuos son responsables sólo se pueden no fomentar "

Norberto Bobbio

"De acuerdo con la justicia como equidad, los principios más razonables son aquellos que serían objeto de acuerdo mutuo entre personas sujetas a condiciones equitativas (...) Los principios que articula afirman una concepción liberal, en sentido amplio, de los derechos y libertades fundamentales, y sólo permiten las desigualdades de riqueza e ingreso que redunden en beneficio de los menos favorecidos"

John Rawls

  1. Introducción

Con relativa frecuencia las innovaciones en la teoría social suelen tener lugar en períodos de agitación y cambio. Platón escribió La República y Aristóteles La Política no durante el apogeo del poder y de la cultura ateniense, sino tras la derrota de Atenas por Esparta, en las guerras del Peloponeso. De modo parecido la moderna teoría social comenzó a configurarse durante los siglos XVII y XVIII cuando el conflicto religioso de la Reforma Protestante, los cambios económicos provocados por los nuevos mercados de América y las revoluciones políticas estimularon las reflexiones sobre la sociedad. La influencia de estas revoluciones en las sociedades occidentales fue grande y de ellas derivaron muchos cambios religiosos, políticos y sociales que han llegado hasta nuestros días. Estos escritores se sintieron particularmente preocupados por el caos y el desorden resultantes, sobre todo por las revoluciones políticas. Les unía el deseo de reorganizar políticamente a la sociedad de tal manera que fuese posible la convivencia de las nuevas ideas con las antiguas formas de gobierno y así conseguir un nuevo orden. Casi todos reflexionaron sobre el tema de la igualdad. Para Thomas Hobbes los hombres son iguales por naturaleza. Esta igualdad de todos provoca desconfianza, y la desconfianza el conflicto, la lucha de todos contra todos. Para Jean Jacques Rousseau el tema de la igualdad es tan importante que lo trató monográficamente en 1754 en el Discours sur l'origine et les fondements de l'inégalité panni les hommes.

Hobbes y Rousseau han pasado a la historia como inspiradores y partidarios de dos tipos opuestos de Estado: el primero del Estado autocrático. El segundo del Estado democrático. Pero el sistema conceptual del que se sirven para construir su teoría es casi idéntico: es el sistema conceptual común a los escritores que pertenecen a la corriente del iusnaturalismo moderno, a la corriente de ideas que dominó el campo de las doctrinas jurídicas y políticas de los siglos XVII y XVIII, que comprende además de Hobbes y Rousseau, por no recordar sino a los mayores, independientemente de los éxitos políticos de sus obras, diversos y a veces opuestos, Spinoza, Pufendorf, Locke y Kant.

  1. Thomas Hobbes

Thomas Hobbes (1588-1679) es, probablemente, el pensador más sistemático e influyente de esta primera época, junto con John Locke y Jean Jacques Rousseau. Thomas Hobbes vivió en un período de conflicto religioso y político que terminó en la Guerra Civil inglesa de 1642-1648 y en el período republicano de 1649- 1660, año en el que el general Monk restaura la dinastía de los Estuardo.

Todo el capítulo XIII del Leviatán está dedicado a explicar lo que sería la relación entre los hombres si no existiera el Estado, si viviésemos todavía en el estado de naturaleza. El dato base del que parte Hobbes es la igualdad de los hombres. Empieza el capítulo diciendo que "la naturaleza ha hecho a todos los hombres tan iguales en sus facultades corporales y mentales que, aunque pueda encontrarse a veces un hombre manifiestamente más fuerte de cuerpo, o más rápido de mente que otro, aun así, cuando todo se toma en cuenta en conjunto, la diferencia entre hombre y hombre no es lo bastante considerable como para que uno de ellos pueda reclamar para sí beneficio alguno que no el otro pretender tanto como él". Su propuesta de igualdad es reflejo de la mentalidad moderna, que deja atrás el principio de desigualdad de la sociedad feudal. Pero es precisamente de esta igualdad de capacidades de donde proceden casi todos los problemas que aquejan a la sociedad. Por un lado, de la igualdad de capacidades «surge la igualdad en la esperanza de alcanzar nuestros fines». Todos pensamos que podemos conseguirlo todo. Pero, por otro, como los bienes son escasos y no hay para todos, nace la competencia y la enemistad, porque, "si dos hombres cualesquiera desean la misma cosa, que, sin embargo, no pueden ambos gozar, devienen enemigos; y en su camino hacia su fin (que es principalmente su propia conservación, y a veces sólo su delectación) se esfuerzan mutuamente por destruirse o subyugarse".

El bienestar material que los hombres desean es siempre raro y, sobre todo, el poder para proteger y ampliar la propia riqueza implica intrínsecamente el conflicto con aquellos otros que tienen pasiones concurrentes. El estado de naturaleza es un estado de guerra, estado en el que los individuos sólo se ven restringido por los límites de su capacidad intelectual y física y por otros individuos de igual inclinación. Consecuentemente todos, por ello, deben sentir continuo temor de las intenciones de su vecino.

Parece como si lo que la naturaleza del hombre precisamente deseara (más poder, más riquezas, más gozar), esa misma naturaleza le impidiese realizarlo por la concurrencia con los otros hombres. En el estado de naturaleza, pues, el hombre vive en un estado de guerra y "guerra tal que es de todo hombre contra todo hombre".

Por consiguiente, desde un principio, ya en el estado de naturaleza, el conflicto está presente en la sociedad. Hobbes habla de tres fuentes posibles de enfrentamientos entre los hombres: "primero, la competición; segundo, la discordia; tercero la gloria". La competición por el deseo desenfrenado de acumular cuantos más bienes mejor; la discordia por la inseguridad y desconfianza mutua; y la gloria por el poder y prestigio que todos tratan de conseguir ante los demás para que les proporcione seguridad, "hasta el punto de no ver otro poder lo bastante grande como para ponerle en peligro". Así describe Hobbes esta situación: "El primero hace que los hombres invadan por ganancia; el segundo, por seguridad, y el tercero, por reputación. Los primeros usan de la violencia para hacerse dueños de las personas, esposas, hijos y ganado de otros; los segundos para defenderlos; los terceros, por pequeñeces, como una palabra, una sonrisa, una opinión distinta, y cualquier otro signo de subvaloración...".

En el estado de naturaleza la ley natural básica es la ley de la supervivencia; todo lo que tiene vida tiende a sobrevivir. El miedo a que se interrumpa la supervivencia es consecuencia de la condición humana, que hace que cada hombre tienda a sobrevivir a costa de los demás. Si partiendo de estos supuestos, los hombres actúan sin condicionar sus impulsos naturales, se destruirán los unos a los otros y el miedo aumentará constantemente, pues el más fuerte abusará del débil, pero temerá siempre a otro más fuerte que él. La violencia es progresiva e imparable en la medida en que el miedo y la desconfianza lo son también. Para salir de esta situación de continua rivalidad, de constante inseguridad y lucha permanente, está la solución individual de aumentar cada uno su poder para dominar a los demás y no ser dominado; o la solución colectiva por medio de un pacto, nombrando un gobernante, el Estado, que haga a todos iguales en el cumplimiento de deberes y obligaciones: "un poder coercitivo para obligar igualitariamente a los hombres al cumplimiento de sus pactos, por el temor a algún castigo mayor que el beneficio que esperan del incumplimiento del pacto". El Estado es una construcción de la actuación racional de los hombres. Por propio interés cada uno velará por el cumplimiento de esos pactos que antes carecían de seguridad, pues "los pactos sin la espada son sólo palabras".

Hay pues algo parecido a un círculo vicioso del que sólo se puede salir constituyendo un poder político absoluto que vaya contra la naturaleza para garantizar la supervivencia destruyendo la desconfianza y el miedo. Si no hubiese "un poder constituido o no fuese lo bastante grande para nuestra seguridad, todo hombre podría legítimamente apoyarse sobre su propia fuerza y aptitud para protegerse frente a todos los demás hombres". En su esencia, pues, el poder político es un artificio que contradice la naturaleza, aunque es imprescindible para que la especie viva en el orden y elimine la constante destrucción o guerra de todos contra todos.

La pregunta sociológica que se hace Hobbes, dada la concepción tan pesimista que tiene de la naturaleza del hombre, es ¿cómo es posible la sociedad? La solución de Hobbes es el LEVIATAN, o el estado político absoluto, al que individuo cede su derecho de auto- protección, esto es, su derecho a la violencia para la protección de sus propios intereses. Hobbes argumenta que la razón recomendará a los hombres esta alienación de derechos como la única vía para obtener la seguridad que desean a través de la soberanía del estado. Contra esta soberanía no se puede atentar. Reservar derechos de apelación o insistir en que debe haber alguna autoridad superior al estado es correr el riesgo de recaer en esa temible condición de conflicto que todos los hombres desean evitar. Hobbes plantea una sencilla elección, si bien carente de atractivo, o la guerra de todos contra todos o un respeto de todos por un poder político que vela por un orden social que beneficiase a todos por igual. "Puesto que el principio que anima al hombre artificial (Leviatán) es la utilidad de los hombres naturales, bastará que estos se sientan integrados en una sociedad no conflictiva para que automáticamente, por utilidad, se reduzca la presión del Estado sobre las sociedad».

Para Hobbes ese orden social es deseable pero es artificial; es un ingenio de la razón para el mutuo control de la pasión destructiva. El orden social es un artificio diseñado para proteger los intereses de los individuos. La condición natural es la de los individuos aislados, temerosos, quienes, sobre las bases de sus propias capacidades de razonamiento y, sin intervención divina, pueden llegar a instaurar un cuerpo político que garantice el orden. El Estado tiene que cuidar de sus súbditos, no producir en ellos un terror que retrotraería cosas al estado de naturaleza, al miedo de unos a otros, es decir al estado previo al acuerdo o pacto para evitar la guerra de todos contra todos.

Ha habido un abuso encuadrando a Hobbes dentro de la tradición absolutista. Parece que este criterio nació de la historiografía política romántica. El Estado debe cuidar de los súbditos y no infundirle miedo. Pero el Estado, tal como lo describe Hobbes, no tiene por qué entrar en la religión o en el culto privado, ni perseguir a nadie por sus creencias religiosas o políticas, siempre que no atenten contra la seguridad del pacto garantizado por el Estado. Según esto, es muy difícil asimilar a Hobbes a la tradición absolutista. De hecho, sus seguidores más inmediatos, Spinoza y Locke, llegaron a conclusiones democráticas partiendo de fórmulas semejantes a las de Hobbes. Es cierto «que el soberano es absoluto, pero los liberales creen que en el fondo todo el discurso de Hobbes no va hacia el acrecentamiento sino hacia la limitación del soberano, puesto que se le encarga una tarea esencialmente negativa: impedir los conflictos entre los ciudadanos.

Ciertamente Hobbes buscaba el medio de fortalecer el poder superando el miedo político, para lo cual imaginó un Estado en que el poder estuviese en manos del Soberano absolutamente, pero que se ejerciese democráticamente, es decir, con el consentimiento explícito de la mayoría. Críticos e historiadores han confundido la posesión absoluta del poder con el ejercicio absoluto del poder. En uno u otro contexto el valor de la expresión "absoluto" cambia. En el primer caso posee connotaciones metafísicas y quiere decir que no tiene superior en su orden; en el segundo posee connotaciones específicamente políticas y administrativas y quiere decir que impide, arbitrariamente, la participación de los ciudadanos en la formación y aplicación de las leyes.

Sin embargo otros autores no opinan de la misma manera. Creen que Hobbes hace a todos los ciudadanos iguales ante el pacto, ante la ley, menos al Soberano, que está por encima de todos y de la misma ley. Su misión es hacer cumplir la ley, pero no tanto someterse a ella. De esta opinión es Fernando Prieto. Y escribe a este propósito que "el poder soberano es absolutamente soberano: no tiene ninguna limitación institucional, no hay leyes fundamentales o constitucionales, como era el caso de Bodino (...) Hobbes nos dice que el pacto no entrega al soberano nada a lo que no tuviera derecho previamente, que los miembros del Estado no transfiguran nada al soberano, lo único que hacen es comprometerse a no intervenir en las acciones del soberano. Como este no se ha comprometido a nada, no ha tomado parte en el pacto, sigue viviendo en estado de naturaleza y tiene derecho a todo. La diferencia está en que en el estado de naturaleza cada individuo tiene plenitud de poder y, en consecuencia, se produce la guerra; mientras que en el estado de sociedad, sólo el soberano tiene la plenitud de poder". No hay pacto alguno entre el pueblo y el soberano; los miembros de la comunidad civil pactan entre sí y deciden entregarse al arbitrio de la persona soberana, tras haber acordado que este es el único modo de racionalizar su convivencia.

El discurso de Hobbes en Leviatán está dirigido sobre todo a conseguir la felicidad de los ciudadanos viviendo en sociedad. Esto es lo que debe procurar el Estado y no tanto la defensa del poder por el poder. Los planteamientos de Hobbes nos siguen interesando "porque en el fondo de toda su obra encontramos asentadas dos creencias que siguen siendo esenciales para nuestra cultura: la creencia en que el último sentido de la sociedad está en el individuo y la creencia en que el individuo es capaz de construir una sociedad pacífica mediante una acción política informada por una auténtica ciencia".

Material Consultado

 



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Luis Antonio Azócar Bates

Matemático y filósofo

 medida713@gmail.com

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