No hay callejón sin salida en las ciencias sociales, ni en política

No hay callejón sin salida en las ciencias sociales, ni en política. Toda crisis social, económica, política, moral y ética tiene un desenlace. La salida, muchas veces, resulta tan traumática como la misma crisis. En el caso venezolano, la ruta ideal del desenlace está en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. Lo demás son atajos políticos. Cuando se cierra la ruta ideal, el pueblo busca alternativas, aparecen los militares como factor de poder y ante las profundas tensiones sociales cualquier atajo se convierte en la ruta del desenlace.

La acumulación de tensiones sociales está llegando al límite. La hiperinflación desbocada e incontrolada, deterioro social extremo, acelerado crecimiento de la pobreza, el hambre arropando amplios sectores sociales, carencia de servicios públicos básicos, exacerbada corrupción en el alto gobierno, matraca oficial para recibir atención en cualquier institución pública, desvalorización del trabajo como autorrealización y logro, dolarización informal de la economía, pérdida total del poder adquisitivo, destrucción ambiental, crisis institucional absoluta, inversión de valores sociales, un doloroso proceso migratorio que desintegra familias, incapacidad diplomática para atender (acertadamente) el cerco internacional contra el país y la parálisis sistemática de la producción matizados con una encolerizada inseguridad ciudadana que pone en peligro permanente la vida, la familia, la vivienda y demás bienes constituyen suficientes elementos para que exploten las tensiones sociales y surja cualquier atajo político como ruta del desenlace.

Se pretende convertir el 23 de enero de 2019 en una fecha emblemática, emulando la caída de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez. Factores de la oposición se han embarcado en una estrategia que busca acelerar la explosión de las tensiones sociales. El alto gobierno y la cúpula del PSUV han perdido la iniciativa política. Ante la ruidosa convocatoria a "Cabildos Abiertos" se desgañitan gritando "Cabildo Bolivariano", amenazan, se llenan de temores y se regocijan en la descalificación de una iniciativa que, aunque esconde turbios objetivos, ha despertado estimulantes expectativas en amplios sectores sociales. Aquí nadie tiene definida una ruta del desenlace y eso obstaculiza cualquier salida en el marco democrático, pacifico y constitucional dejando libre el atajo de la aventura política, el surgimiento de falsos profetas y la peligrosa violencia social.

La ambición de poder y la irresponsabilidad política (en ambos sectores) están acelerando una explosión de las tensiones sociales que desataría la violencia social y se conformaría un escenario donde resulta imposible encontrar mecanismos de solución a los grandes problemas del país. Factores de oposición sueñan con la reactivación de las destructivas guarimbas y círculos del alto gobierno necesitan que esto ocurra para justificar su permanencia en el poder.

El 23 de enero se rompe la desmovilización de amplios sectores sociales porque la inclemencia de la crisis resulta inaguantable y la gente está dispuesta a cualquier riesgo porque siente que ya no tiene nada que perder. Le corresponde a la dirigencia política del país interpretar esta realidad para buscar un nuevo consenso social que permita construir una verdadera ruta del desenlace. Una ruta que no puede estar marcada por la violencia social y debe evitar los atajos políticos para encontrar una salida democrática, pacífica y constitucional.

El 23 de enero se movilizará el país. Se demostrará la debilidad estructural y política de la una casta burocrática, pervertida e ineficiente, que se apropió de las instituciones públicas. Juan Guaidó no será Presidente, ni Jefe de un Estado paralelo. Tampoco se consagrará como el mesías ungido para salvar la patria, seguirá siendo el instrumento de una estrategia política que supera el desgastado liderazgo de una oposición al servicio del capital transnacional.

El 23 de enero no se define la ruta del desenlace, pero se vislumbra la urgencia de un nuevo consenso social para construir una salida a la crisis…



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Darío Morandy


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