A propósito de ser ciego

Todo está excesivamente normal

Todo está excesivamente normal. Los precios de los productos, en especial de los alimentos, aumentan todos los días de manera desproporcionada sin que exista ley ni autoridad que pueda ponerle freno a la barbarie de la inflación y la especulación.

Todo está excesivamente normal. En ningún “supermercado”, “abasto” o bodega (aunque éstas casi no existen) puedo encontrar leche (ni líquida ni en polvo), ni café, ni azúcar, ni margarina, ni papel higiénico, ni pañales, ni crema dental y tampoco desodorantes. Pero si quiero comprarlo con precio regulado, es decir, que pueda encontrar algo, debo dormir (como los hacen muchos de forma excesivamente normal)  a la intemperie desde el día anterior cuando corresponda el terminal de mi número de cédula, sin protección policial de ningún tipo. No obstante, si necesito adquirir cualquier producto sin problema alguno, en la vuelta de la esquina está  el “bachaquero” quien tiene todo lo que no encuentras en esos sitios, multiplicando su precio, 10, 20, 30 y más veces su valor real; lo cual para ellos es una actividad excesivamente normal.

Todo está excesivamente normal. Ayer cerca de mi vivienda asesinaron a un estudiante por una “bala perdida”. También, según las autoridades policiales,  hubo un enfrentamiento en el barrio que está en lo más alto del cerro, en donde unas “bandas” se cayeron a plomo y todos quedaron muertos. Esta mañana unos malandros atracaron un autobús y despojaron a todos los pasajeros de sus pertenencias. Y mañana, grupos de derechos humanos denunciarán una masacre que ocurrió en contra de unos mineros por parte de unas mafias, que según relata la gente de ese sector, son los dueños desde hace muchos años del sur del país. De hecho, esos mismos pobladores dijeron a los medios de comunicación que eso es parte de la “normalidad” en las minas. Sin embargo, el gobernador, apenas ocurrido el hecho, afirmó palabras más, palabras menos, que toda la geografía en esa zona, estaba excesivamemente normal.

Todo está excesivamente normal. El cacharrito que tengo tuve que pararlo porque no encuentro cauchos, y el precio de cada uno de ellos,  al cual me los quiso vender un “amigo” de un “amigo”, quintuplica el valor del salario mínimo que recibo mensualmente. También el carro de mi vecina se quedó sin batería, y cuando fue a hacer la cola, luego de tres días durmiendo dentro del carro, le dijeron que tenía que pagar dos salarios mínimos por el valor del “puesto”. Cuándo preguntó el por qué de ello, le dijeron que era parte de lo excesivamente normal en estos casos, porque de lo contrario no habría  batería para ella.

Todo está excesivamente normal. El plantel oficial al cual va mi hijo, tiene suspendido desde el año pasado el Sistema de Alimentación Escolar (SAE), razón por la cual, la escuela que se llamaba “bolivariana” porque tenía turno integral (mañana y tarde), ahora despacha desde el mediodía. Solicité información a la directora sobre esta irregularidad, y su respuesta fue: “son lineamientos del Ministerio del Poder Popular para la Educación que debemos cumplir para que podamos colocar en nuestro informe mensual que todo está excesivamente normal”.

Todo está excesivamente normal. Cuando llegué en la noche a casa, luego de una jornada de trabajo, después de esperar casi tres horas en una cola para tomar el tren hasta los Valles del Tuy, me encontré que no había luz en mi apartamento. Entonces, me coloqué los audifonos de mi celular para escuchar las noticias, y en esas informaciones, el ministro para la energía eléctrica, hablaba de una “sequía” que afectaba la represa del  Guri; pero que todo se encontraba excesivamente normal en el cumplimiento de los “racionamientos programados”. Una vez que llegó la luz, y quise bañarme, resultó que no había agua. De inmediato llamé a la junta de condominio y la presidenta me increpó con una interrogante: ¿Y no estás enterado? ¡No! -le dije-. Desde hoy, -respondió- No habrá agua al igual que en la isla de Margarita. ¿Cómo es eso? -pregunté-. Pues, que sólo una vez en el mes tendremos agua en este sector -me respondió-. ¡Mira! -volvió a decirme-. El ministro “para las aguas” nos dice que todo estará excesivamente normal con este plan de “salvar al mundo sin malgastar el vital líquido”.

Por fin, luego de bañarme con una totuma, me fui a la cama. Allí quería tener intimidad con mi esposa, quien dulcemente me respondió: “Mi amor, nada podemos hacer” ¿Por qué? -preguntaba algo sorprendido-. Recuerda que la ministra para la salud en una de sus intervenciones reclamó que se estaban consumiendo “irracionalmente” los medicamentos- ¡Sí! -le respondi- Pero ¿qué tiene que ver una cosa con la otra? ¡Pues mi vida! -me dijo- Que no encontré las pastillas anticonceptivas en ninguna farmacia, y según lo que me dijeron las regentes de cada una de ellas,  todo esto será excesivamente normal por mucho tiempo. Así que “por ahora”, para evitar un “baby” ¡Nanai, nanai!

Cuando desperté, luego de un sueño tumultuoso entre tan excesiva normalidad, -algo nueva para mí- recordé que un ministro, de quien su nombre es igual al del compadre “Chente”,  dijo hace unos años en un día, por cierto, muy complejo, que todo estaba excesivamente normal, y al final todo resultó en una excesiva anormalidad. A propósito de ser ciego. Quien tenga ojos que vea. 



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Javier Antonio Vivas Santana

Lic. en Educación en las menciones de Ciencias Sociales y Lengua (UNA) Maestría en Educación mención Enseñanza del Castellano (UDO) Dr. en Educación (UPEL) Profesor de la Misión Sucre (2003 -2012)

 jvivassantana@gmail.com      @jvivassantana

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