El trabajo creativo

Mi intención es la de explicar, grosso modo, qué distingue a una revolución socialista de una batalla por el poder, dentro del terreno capitalista.

Cuando hablamos de una revolución socialista hay que pelear contra el espíritu capitalista y pequeño burgués, encarnado en nuestros cuerpos, que entre todos hacen a un cuerpo social. Y pelear contra el alma del esclavo, también encarnada en otra parte dentro de nuestra piel, y que se manifiesta de manera casi inconsciente en muchos de  nuestros atavismos, de nuestros prejuicios y de nuestros miedos disfrazados de prudencia, de cordura.

El solo trabajo intelectual para sostenernos conscientes y para estar despiertos respectos a los efectos de estos estados mentales, psicológicos, requiere de muchas habilidades. De muchas mañas para no desviar la atención, para no perder control sobre nuestra voluntad: se lucha contra el “sentido común” de toda la sociedad, para que cambie en su “sentido común”.

Hay que saber leer; hay que saber ver, saber escuchar y oír; aprender a leer, a ver y a oír. Hay que estudiar. A estudiar así como de manera natural comemos o nos aseamos. Y solo para mantener en control nuestra consciencia.

De hecho, ser revolucionario es un calificativo común en nuestra sociedad de ser raro, rebelde, loco, iluso, idealista, romántico. Porque ser revolucionario,… incluso, llamarse revolucionario, implica cuestionar todo lo establecido, todo lo visto como natural o como normal, y eso da miedo. Pero significa, de hecho, para el revolucionario, una forma de vivir en la tensión del rechazo social.

Es decir, ser revolucionario supone arrojo, desvergüenza de los prejuicios burgueses y pacatos, supone inteligencia y convicciones sólidas, valentía.

Un revolucionario es un ser de tránsito, una crisálida que debe sufrir el rechazo de todos por lo repulsivo de su aspecto nada “normal”, mientras se alimenta de forma insaciable de la realidad, para poder darle forma final a la majestuosidad de su belleza, es decir: el socialismo. La idea superior del socialismo que se hizo, que creció en él. Un revolucionario es un comunista, o sea la realización particular y personal del principio del socialismo, como diría Marx. Un revolucionario es un ser del futuro que crece en el presente, que crece hoy, ahora mismo.

Por eso se resiste a toda lógica que impida su nacimiento, y su reproducción, y su crecimiento y desarrollo. Por eso no acepta ninguna explicación metafísica que justifique el orden dispuesto en la sociedad, donde unos pocos mandan y ostentan privilegios y las mayorías obedecen.  Por eso combate a los modelos de pensamiento dogmáticos y aburguesados.

Por eso ser revolucionario es ser siempre rebelde a toda lógica irracional, es ser crítico hasta hacer de  la crítica una ciencia.

¿Qué solemos obedecer los hombres que nos creemos normales? Las leyes, por ejemplo. A los jefes, o a las jerarquías. A los símbolos que representan esas jerarquías. Y a los valores que sustentan el orden social establecido, por ejemplo, al valor que señala el dinero (valor de cambio, lo llama Marx) ¿Qué nos dicta el “sentido común”?  Que hay que obedecer las leyes no importa lo irracional o injustas que sean. Con ello se evitan muchos conflictos y malestares, al tiempo que nos hacemos seres domeñados, sumisos, obedientes, sin saber exactamente por qué. Nos resignamos a vivir solo lo poco que nos ofrece una celda ideológica y física.

En Petare. Y hoy nos parece una extravagancia que hayan petareños todavía que lo más lejos que han andado en su vida sea hasta la Plaza de  Chacaíto. Algunas ancianas y no tan ancianas nunca han tomado el metro para ir a “Caracas”. Y que lo más osado de un medio marginal o medio malandro de las Lomas de Urdaneta es haber llegado a la Plaza O’Leary.

Cuando estas reglas se rompen emerge en la sociedad la rebeldía, en forma de delincuencia o anarquía, o en forma de revolución.

El triunfo de la delincuencia es un estado de descomposición social. La sociedad toda se descompone, pierde su fe, su sentido de pueblo. Se descomponen sus valores.  Pero en el caso de las revoluciones, y en particular de la revolución socialista, se trata de una rebeldía controlada, una desobediencia calculada, una lucha por el control individual y el control de toda la sociedad de cara a un ideal, el sociaismo.

En la revolución socialista, se tata de pensar, de calcular, de ver, de escuchar con atención; de aprender, de analizar y actuar. En el caso de la revolución y del revolucionario se trata de desarrollar al máximo el trabajo creativo. Para vencer al alienado que llevamos dentro, al capitalismo, y construir con una misma voz el socialismo

Quizá supone el mismo esfuerzo físico, material, intelectual, sexual, emocional, que practicamos en el capitalismo. Pero lo que lo hace al trabajo trabajo creativo es el hecho de que disponemos de él a nuestra voluntad, y que creamos siguiendo mandatos de fe en una nueva sociedad. La diferencia es que en el revolucionario socialista se trabaja por un ideal que se hace real, se hace posible en nosotros mismos en la acción del trabajo mismo. Todo está por hacer y resolver, pero a la luz de una idea rectora superior, con la cual nos identificamos y nos comprometimos, con la cual nos fundimos en la vida misma. Trabajo y vida son sinónimos.

El trabajo alienado, el trabajo mercancía, el empleo, esa cosa horrorosa también se convierte en la vida misma, se ha convertido en la misma vida pero porque nos hemos acostumbrado a lo irracional, al sin sentido de lo que hacemos cotidianamente, a no pensar.

En el trabajo creativo se trata de toda la sociedad actuando con un sentido existencial, vital, en favor de toda ella, para toda ella, sin privilegios, sin prejuicios, sin miedos, sin atavismos de esclavos y pequeñoburgueses. Se trata de hacer de crear entre todos la gran obra del socialismo, la gran obra de la humanidad: afirmarnos como una especie inteligente y social, necesariamente social, naturalmente social.

El socialismo es un sueño, es cierto, pero quizá sea el último sueño del Hombre, para bien o para mal. Todo lo demás es más de lo mismo. Cambiar es crear. Y para crear solo es posible mediante una idea rectora, un ideal, un gran sueño.



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Héctor Baíz

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