Necesidades socialistas, necesidades capitalistas y violencia (I)

Las necesidades en socialismo y las necesidades de la “revolución”

Las necesidades en socialismo, digamos que son necesidades reales, racionales, respecto a corregir un mundo de injusticias: hambre, ignorancia, desigualdades. Las necesidades que el socialismo busca satisfacer en ese sentido son racionales. Siguiendo un orden analítico que en nada tiene que ver con un orden de prioridades, primero deberíamos igualar las oportunidades que deben tener todos los individuos para recibir una buena alimentación y para cuidar de su salud, luego el acceso a la educación, luego trabajo y tiempo libre. De esta manera darle a cada quién según sus necesidades (alimentación, vestido, educación, salud, trabajo, tiempo libre) y exigirle a cada quién según sus capacidades.


Por ejemplo, hoy día uno puede pensar que la población humilde necesita de carritos Chery. Que los obreros también necesitan de un vehículo para trasladarse a sus trabajos, así tal y como uno lo ve en los documentales de Deutsche Welle, o en las series de televisión gringas: los policías, los maestros, los bomberos con sus “carritos”. Por eso el presidente le regala una camioneta nueva a un trabajador que no la tiene.

Pero hasta ahora parece que no sabemos con exactitud cuáles son nuestras necesidades. Es decir, si el tener un carro debería ser una necesidad de la población o más bien es la necesidad capitalista de las ensambladoras. En todo caso, la justicia socialista no hace preferencias por unos y otros cuando se trata de una propiedad privada. Y en nuestro caso no debería hacerla. O sea, o todos tienen o no tiene nadie. Así un carro Chery podría ser la propiedad privada de todos o si no alcanza para todos, propiedad colectiva administrada por la sociedad.

Cómo filtrar de capitalismo a nuestras necesidades
En una lógica socialista las necesidades reales mundiales de hoy podríamos contarlas y calificarlas por una media de necesidades entre los que no tienen nada y los que lo tienen todo. Y a la vez considerando (ya que somos socialistas) el costo material o espiritual que nos exige la sociedad en su conjunto, y lo que le debemos pagar a la naturaleza. O sea, si el costo social de socializar la posesión de un vehículo es muy alto, por los niveles de contaminación, por el costo del consumo de gasolina, tener un vehículo no debería ser una necesidad válida para la salud de la sociedad. Igual pasa con todo aquello que dañe el ambiente, que contamine los recursos naturales, los cuales pertenecen a todos por igual. No podemos satisfacer necesidades que pongan en peligro a los recursos naturales vitales para la vida humana.
Si tomamos en cuenta que aquellos que lo tienen todo representan en el planeta menos del 10% de la población y los que no tienen nada o casi nada el 70%, la media de las necesidades dejaría por fuera a las menos vitales, menos básicas. Por ejemplo, casi todas aquellas vistas como “indispensables” y distintivas para los ricos: vinos caros, joyas, yates, resorts, peluquerías de perros, ropa de marca, ropa de diseños exclusivos, cochecitos exclusivos para pasear a sus bebes, perfumes, tapetes de pieles de animales salvajes, piezas de marfil, colecciones varias de todo lo que sea coleccionable, carros de alta cilindrada y lujosos, propiedades ociosas (Tierras, por ejemplo), propiedades capitalistas y de almas, es decir, de seres humanos…

Pero todavía quedarían bienes de consumo que hasta ahora una capa media de la población mundial considera necesarios. Si a 7.000 millones de seres le damos a cada quién un carrito Chery con aire acondicionado; un teléfono celular, medio televisor, un cuarto de DVD; si los dejamos consumir fórmulas suavizantes para el cabello, comer en MacDonals y Wendys, tomar bebidas energéticas, Coca Cola y similares, fórmulas lácteas infantiles, el planeta colapsaría igual. Todavía deberíamos depurar más nuestras necesidades.

Tendríamos que racionar el consumo doméstico e industrial de energía (seguimos hablando de igualar las oportunidades para todos), pero antes, eliminar los cruceros de lujo; las universidades privadas y toda tipo de exclusividad; las marcas y patentes comerciales; las investigaciones científicas vinculadas a la destrucción, producción de armas de guerra etc.; a las investigaciones aéreo espaciales, los satélites militares y de espionaje; los submarinos nucleares, en fin toda el desarrollo de la tecnología militar, por prescindible. Y todavía le estaríamos debiendo a la tierra algo. A lo mejor después de eliminar la producción de vehículos particulares deberíamos eliminar los colectivos a combustión y producirlos de electricidad o de hidrógeno; tendríamos que reusar los laboratorios para la desarrollar energías limpias,… si es que somos socialistas y queremos satisfacer a toda la población humana en el planeta.

Como se ve, hay un conflicto entre las necesidades reales de los seres humanos para vivir bien y las del capitalismo. Las necesidades de los seres humanos podemos medirlas en algunos pueblos realmente pobres de África, por ejemplo: agua, alimentación, vestido, salud, vivienda, educación, trabajo y tiempo libre. Las del capitalismo, en Nueva York o en Caracas: vehículos particulares, ropa de marca, perfumes, zapatos de marca, bicicletas, ropa para hacer ejercicios, bebidas energéticas, agua embotellada, relojes, teléfonos celulares, bebidas espirituosas, sustancias estupefacientes, Coca Cola, leche descremada, bebidas dietéticas, paquetes turísticos a las Bahamas o a Florida, televisión por cable (o como sea), equipos de Blu ray, DVD, estéreos, computadoras, tabletas, y casi un sinfín de etcéteras. Podríamos hacer una fórmula más justa para saber cuáles bienes son necesarios para la vida moderna y cuáles no de esta manera: si un bien es mercadeado o anunciado en los sistemas de publicidad, no es necesario para vivir bien, no es necesario para la salud humana. Pero sí lo es para la salud del capitalismo.

Si confundimos unas necesidades con otras perderemos el camino hacia el socialismo, engañando nuestro objetivo estratégico. El socialismo es un ideal racional de vida, regulado, planificado; una sociedad igualitaria que hay que fundarla bien, desde valores fundamentales, desde principios fundamentales para no dejarnos engañar por la lógica del mercado y del capitalismo. Cuando esto sucede, cuando intentamos complacer a las personas y al capitalismo a la vez todo se acaba, el orden se acaba; el planeta más grande (el capitalismo) se chupa al pequeño (el ser humano), y en ese dramático caos moral emerge toda clase violencia.

La revolución no necesita satisfacer las necesidades del capitalismo para alcanzar el socialismo. Solo que hay que tener fuerza para sentarse a pensar el problema y tomar decisiones socialistas.

hecto.baiz@gmail.com

 



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Héctor Baíz

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