Quinto Malo

Entre la mayor suma de felicidad y la producción de los iguales

Dice el Manifiesto Comunista que estamos obligados a no ocultar nuestros fines: “es ya hora de que los comunistas expresen a la luz del día y ante el mundo entero sus ideas, sus tendencias, sus aspiraciones” (Marx y Engels. Manifiesto del Partido Comunista). Entre nuestros fines está, acabar con la sociedad de explotación entre seres humanos, convertidos en mercancías para la acumulación de capital en pocas manos. Producir, distribuir y consumir, en condiciones de igualdad entre los seres humanos, y con la naturaleza, “de cada quien según sus capacidades y a cada quien según sus necesidades”, es principio socialista... o comunista (aunque aquí también se anidan bizantinas discusiones teóricas muy parecidas a aquella de “¿cuántos ángeles caben en la punta de un alfiler?”).

El poder de los dominadores, en la sociedad capitalista, no sólo ha sabido banalizar lo que se hace y dice desde el campo de la revolución que les enfrenta, de la revolución que protagoniza la clase del proletariado, sino que también ha asumido degradar e imponer nuevos significados a los conceptos más radicales que, históricamente, han surgido como parte de la esencia de la lucha de clases: partera de la nueva sociedad.

Un ejemplo de lo dicho, es el del concepto de comunismo. El poder ideológico de los dominadores ha creado un clima de terror en torno al mismo y, para mediatizar su significado ha “aceptado” al socialismo como una forma menor de “oposición política tolerable”. Pero no quisiera desviar esta reflexión de hoy hacia ese tema. Prefiero dedicarme a pensar a Simón Bolívar “socialista”, diciendo que “el mejor de los gobiernos es aquel que provee de la mayor suma de felicidad a su pueblo”.

Cuando uno retoma esa frase del Libertador en este momento, unos 200 años después de pronunciada, no queda la menor duda de que el mejor de los gobiernos que ha tenido Venezuela, durante toda su historia republicana, es el que encabezó nuestro Comandante Eterno, Hugo Chávez y, por extensión de legado, el que hoy encabeza nuestro camarada presidente Nicolás Maduro.

Ahora, “el mejor de los gobiernos” no es el socialismo, no es el comunismo. El mejor de los gobiernos puede ser un indiscutible apoyo para la consecución de los fines de clase del proletariado, pero la sociedad de las y los iguales, la sociedad en la que se produce, distribuye y consume en común, la sociedad comunista, es mucho más que uno gobierno o que una sumatoria de gobiernos afines.

Cuando nuestro líder y Comandante Chávez caracterizó a esta Revolución Bolivariana como socialista, no dijo que automáticamente habíamos pasado a ser “socialistas”. De hecho, muchos intentos productivos, de expropiación y funcionamiento de empresas en manos colectivas que comenzaron a llamarse “socialistas” (recordemos que hasta las areperas que fueron denominadas socialistas, dejaron de serlo para llamarse -con mayor exactitud, areperas Venezuela), fueron rectificadas a tiempo, porque el socialismo no se decreta, se construye.

Es así como, con meridiana claridad de estratega, más tarde, el líder y Comandante Supremo nos entrega, para el debate y aplicación, el Plan de la Patria. Y uno de los objetivos a lograr, por ese plan, es el de la Patria socialista. En el camino hacia la Patria socialista se dieron pasos enormes y muy significativos, como toda la estructura de las misiones sociales, para contribuir a combatir las miserias generadas por todos los gobiernos de la llamada Cuarta República (que, no lo olvidemos, no se reduce a las cuatro décadas de gobiernos puntofijistas).

Ahora, si nos detenemos un momento en el gran impacto transformador de todas las misiones, estamos claros en que, Bolivarianamente, se estaba (está) comenzando a demostrar que los gobiernos chavistas son, por ahora, los que están dotando de la mayor suma de felicidad a nuestro pueblo.

Pero, ¿nos quedamos hasta allí o profundizamos los fines para construir el socialismo?. Si nos quedamos allí y seguimos “repartiendo”, con equidad y principios de justicia social, dádivas, tendremos un gobierno filantrópico de inclinación o simpatías socialistas, pero, fácilmente, podría pactar con capitales transnacionales y neoliberales, sin que pase nada ya que las funciones del “mejor de los gobiernos” se siguen cumpliendo.

La promesa y el compromiso de alcanzar juntos la Patria socialista nos plantea retos mucho más profundos y radicales que, entre otras cosas, obliga a dejar de lado la filantropía y empeñarnos por hacer colectivamente productiva nuestra sociedad y distribuir en igualdad (que no es igualitarismo) los bienes, sean ellos materiales o espirituales.

Creo que ese es el tema presente de Revisión, Rectificación y Reimpulso (¿recuerdan las Tres erres que nos enseñó el Comandante Eterno, para la vigilancia constante?) en el debate sugerido y, en parte banalizado, para avanzar en nuestra Revolución Bolivariana, claramente caracterizada como socialista.

 

Ilustración: Xulio Formoso

 

 

 



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Iván Padilla Bravo

Director del semanario cultural "Todos Adentro", medio adscrito al Ministerio del Poder Popular para la Cultura. http://www.mincultura.gob.ve/

 ivanpadillabravo@gmail.com      @IvanPadillaB

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