Contenido
- El primer zarpazo: el bloqueo naval de 1902
- Juan Vicente Gómez: el guardián del petróleo para los extranjeros
- 1943: La Ley de Hidrocarburos y la ilusión de la soberanía
- Golpes y dictaduras: la democracia bajo asedio petrolero
- La Nacionalización "chucuta" del petróleo: una independencia conveniente
- Principales consecuencias negativas de la Nacionalización
- La vorágine del siglo XXI: sanciones, bloqueos y resistencia
- El desafío de sembrar el petróleo
"América Latina, esa patria inmensa de hombres alucinados y mujeres históricas, cuya terquedad sin fin se confunde con la leyenda. No hemos tenido un instante de sosiego." — Gabriel García Márquez
La relación entre Estados Unidos y Venezuela, especialmente en lo que respecta a sus recursos naturales, tiene raíces profundas y un historial que se remonta a más de un siglo. Este vínculo, marcado por saqueos, injerencias y estrategias de dominación, no puede entenderse desde el simplismo del presentismo. Más que un fenómeno reciente, se trata de una política exterior estadounidense sistemática y persistente, diseñada para garantizar el control de los vastos recursos naturales de Venezuela, particularmente su petróleo.
Este reportaje revisa los momentos clave de esta relación desigual, marcada por bloqueos, dictaduras y manipulaciones legales, y analiza cómo estas acciones han perpetuado la dependencia económica y política de Venezuela hacia las potencias extranjeras. Haremos un recorrido por esos eventos de presión, violencia y robo que dan cuenta de la estrategia imperial que se mantiene hasta nuestros días.
El primer zarpazo: el bloqueo naval de 1902
En diciembre de 1902, Venezuela fue rodeada por las armadas de Alemania, Inglaterra e Italia, bajo el pretexto de exigir el pago de deudas. Sin embargo, detrás de esta fachada financiera se escondía un movimiento geopolítico más amplio: el control del Caribe y sus recursos estratégicos, con Estados Unidos como el principal beneficiario.
Lejos de actuar como un aliado de Venezuela, Washington utilizó esta crisis para consolidar su influencia en la región. Bajo la amenaza de enviar su flota, el presidente Theodore Roosevelt presionó a Alemania para aceptar un arbitraje internacional. Aunque esto evitó la instalación de una base alemana en el Caribe, también dejó a Venezuela bajo una vigilancia constante por parte de Estados Unidos.
El petróleo, recientemente descubierto, ya figuraba como un recurso estratégico en el tablero de poder. Este episodio marcó el inicio de una política exterior estadounidense que, bajo la Doctrina Monroe, justificó la intervención en la región en nombre de la estabilidad, pero siempre con la mira puesta en los recursos naturales. La población venezolana reaccionó con manifestaciones de rechazo al bloqueo, defendiendo la soberanía nacional frente a la injerencia extranjera.
Al respecto el investigador Pedro Penso Sánchez, consultado para este reportaje, indica que el corolario Roosevelt fue el que se aplicó como ajuste de la llamada Doctrina Monroe. Con este ajuste se abre el período del neocolonialismo en el continente.
Juan Vicente Gómez: el guardián del petróleo para los extranjeros
La llegada de Juan Vicente Gómez al poder en 1908, tras traicionar a Cipriano Castro, representó un punto de inflexión en la historia de la explotación petrolera en Venezuela. Respaldado por Estados Unidos, Gómez consolidó una dictadura que facilitó la entrega del petróleo venezolano a empresas extranjeras, principalmente estadounidenses y británicas.
Bajo su mandato, Venezuela se convirtió en un paraíso de concesiones petroleras. Mientras las compañías extranjeras se enriquecían, la mayoría de los venezolanos quedaban al margen de los beneficios. En este contexto, la represión no se limitó al ámbito político, sino que se extendió al social: sindicatos y movimientos populares que se oponían al saqueo fueron brutalmente sofocados. Penso sostiene que la represión gomecista sentó las bases para la organización sindical y que, luego de su muerte en el año de 1936, se produce la huelga petrolera que da origen al sindicalismo moderno.
Al respecto en Petróleo y Poder La injerencia extranjera en Venezuela 1902-1958, Rolando Graterol Guzmán (Monte Ávila Editores, 2024) señala que "En el caso de Venezuela, el proceso neocolonial inició con el gomecismo en 1908. Este régimen incluyó la agenda de la modernización del siglo XX, definido como un proceso histórico que se propuso la reproducción de la modernidad en el marco de las pautas establecidas desde los centros de poder capitalista, y que se expresó en presiones modernizadoras durante el gomecismo. A partir de 1908, la modernización como proceso reproductor de la razón moderna fue definida desde los centros de poder para permitir la consolidación del capital transnacional."
1943: La Ley de Hidrocarburos y la ilusión de la soberanía
El presidente Isaías Medina Angarita intentó en 1943 regular la industria petrolera mediante la Ley de Hidrocarburos, buscando recuperar algo de control sobre los recursos nacionales. Sin embargo, este esfuerzo por la soberanía económica fue rápidamente contrarrestado por la presión estadounidense.
Nos refiere Penso que "desde la primera ley sobre los hidrocarburos que presentara un funcionario con talante nacionalista, por cierto, creador de la Contraloría Nacional, Gumercindo Torres, luego de ser promulgada esa ley, el mismo embajador norteamericano solicito su derogación y la salida del Torres del cargo. Es decir, antes de las leyes de Medina Angarita ya se había legislado sobre el petróleo."
Luego de la legislación de la ley, el Departamento de Estado desplegó una maquinaria de amenazas económicas y diplomáticas, condicionando la legislación venezolana a los intereses de las grandes compañías petroleras. Aunque la ley fue presentada como un avance, perpetuó la relación de dependencia de Venezuela, dejando intactos los privilegios de las empresas extranjeras.
La modernización petrolera, en lugar de ser una herramienta de desarrollo soberano, se convirtió en un mecanismo de control imperial. El petróleo, lejos de ser un motor de progreso autónomo, se transformó en la llave de una democracia vigilada, donde las decisiones fundamentales no se tomaban en Caracas, sino en Washington.
Según Penso, "Medina Angarita, impuso las reparaciones petroleras, evidenciando que las corporaciones petroleras cometan un delito contra el fisco nacional, era unas ladronas, pues declaraba un volumen de carga y llevaban mucho más de lo que declaraban. El aforo de los buques demostró eso y le permitió a Venezuela demandar que se resarcieran sus derechos y el pago que se había evadido."
La ley de Hidrocarburos (1943) era avanzada para su tiempo, dice Penso, producida con un sentido nacional y estableció:
- Participación 50/50: Fijó la participación del Estado en el 50% de los beneficios, marcando un hito en la soberanía económica.
- Unificación Legal: Adaptó y convirtió contratos anteriores bajo una nueva legislación unificada.
- Obligación de Pagar Impuestos: Las empresas debían pagar todos los impuestos generales, incluyendo el Impuesto sobre la Renta (ISR).
- Regalías: Estableció regalías del 16.5%.
- Refinación en el País: Obligó a las empresas a refinar en Venezuela, una vieja aspiración de Medina.
- Control Contable: Exigió llevar contabilidad en el país y suministrar informes técnicos.
- Suspensión de Exoneraciones: Eliminó las exoneraciones aduaneras como derecho adquirido, aumentando los costos para las empresas.
De igual manera, en el gobierno de Medina Angarita, se produjo la Ley de Impuesto sobre la Renta (1942) en la cual se crea el «Gravamen a las Petroleras» : Por primera vez, se impuso el impuesto sobre la renta a las compañías petroleras, antes exentas, con una tasa inicial del 9.5% para beneficios superiores a 2 millones de bolívares.
Golpes y dictaduras: la democracia bajo asedio petrolero
En 1948, el primer presidente elegido democráticamente en Venezuela, Rómulo Gallegos, fue derrocado por un golpe militar apenas meses después de asumir el poder. Su intención de reformar la industria petrolera y fortalecer la soberanía chocó con los intereses de las transnacionales y la embajada estadounidense.
Ciudadanos y organizaciones democráticas salieron a las calles en defensa del gobierno legítimo, enfrentando la represión de los nuevos regímenes autoritarios. La resistencia de la generación del 48, a través de partidos políticos, sindicatos y movimientos estudiantiles, sentó las bases para las futuras luchas por la nacionalización y el manejo soberano de los recursos energéticos, que cobrarían fuerza en las décadas siguientes marcadas por regímenes autoritarios, como los de Carlos Delgado Chalbaud y Marcos Pérez Jiménez, quienes consolidaron el modelo rentista y mantuvieron las concesiones favorables al capital extranjero. Con el respaldo de Estados Unidos, estos gobiernos reprimieron cualquier intento de nacionalismo petrolero.
El Estado venezolano, en lugar de actuar como garante de los intereses nacionales, se convirtió en un engranaje al servicio de las potencias extranjeras. Las dictaduras de la época aseguraron que el petróleo siguiera siendo explotado en beneficio de las grandes corporaciones, mientras las mayorías nacionales permanecían excluidas de los beneficios.
Afirma el profesor Penso que "Todos los golpes de Estado en Venezuela, desde el advenimiento del modelo petrolero, tiene olor al aceite de piedra. El golpe a Gallegos también tiene olor a petróleo. Cada vez que se anuncia una legislación petrolera que no fuera proyectada por Estados Unidos se produce un proceso de desestabilización que conduce a un golpe de Estado. Con él, se garantizan los intereses de las grandes corporaciones petroleras en Venezuela."
La Nacionalización "chucuta" del petróleo: una independencia conveniente
En 1976, el gobierno de Carlos Andrés Pérez anunció la nacionalización de la industria petrolera, en un movimiento presentado como un acto de soberanía. Sin embargo, este proceso estuvo lejos de ser una verdadera emancipación económica.
Aunque las operaciones pasaron a manos del Estado, los beneficios y el conocimiento estratégico sobre la industria continuaron concentrados en una élite local aliada al capital extranjero. En términos prácticos, la nacionalización fue una reorganización administrativa que no alteró la lógica rentista ni la dependencia hacia las potencias extranjeras.
El petróleo, que debía ser la base para un desarrollo soberano, siguió siendo explotado bajo una estructura que perpetuaba la desigualdad y la exclusión. En lugar de democratizar los beneficios, el Estado venezolano reprodujo las condiciones de explotación y subordinación, manteniendo el espejismo de la autonomía.
La nacionalización respondió a décadas de luchas sociales, presiones nacionalistas y demandas de sectores populares y sindicales que exigían que el petróleo, principal fuente de riqueza del país, beneficiara a la mayoría de los venezolanos y no solo a las grandes corporaciones extranjeras y a las élites locales. Trabajadores y movimientos sociales denunciaron la falta de democratización de los beneficios del petróleo y exigieron una verdadera autonomía económica.
Principales consecuencias negativas de la Nacionalización
Según Graterol Guzmán la nacionalización del petróleo en Venezuela (1976) no significó un verdadero cambio de poder ni de soberanía sobre el recurso, sino una continuidad de los privilegios de las élites y la dependencia de intereses extranjeros. El proceso fue presentado como un logro nacional, pero en la práctica mantuvo la estructura de exclusión, corrupción y despojo de la riqueza petrolera. Veamos:
- Falsa nacionalización: El proceso fue una "nacionalización aparente", pues el control real del petróleo siguió en manos de las élites nacionales y extranjeras, y no se tradujo en soberanía popular ni en democratización de la riqueza.
- Exclusión de las mayorías: El acceso al conocimiento y a la gestión del petróleo continuó siendo exclusivo de los grupos de poder, perpetuando la desigualdad y la falta de participación ciudadana.
- Desviación y corrupción: La nacionalización facilitó la creación de redes de corrupción, desviación de recursos y enriquecimiento ilícito por parte de partidos y grupos ligados al poder, como el caso de PDVSA y Primero Justicia.
- Persistencia del rentismo: No se superó el modelo rentista, que depende de la exportación de petróleo y mantiene la economía vulnerable, sin desarrollar una estructura productiva diversificada.
- Mantenimiento de la injerencia extranjera: Pese al discurso nacionalista, las empresas transnacionales y sus intereses siguieron influyendo en la política y economía venezolana, a través de acuerdos y alianzas con las élites locales.
Precisa el investigador Pedro Penso que "La nacionalización petrolera, fue un mecanismo de proyección de un supuesto liderazgo. Carlos Andrés Pérez quiso convertirse en un referente político en el exterior, para lo cual uso la condición privilegiada de país, su condición petrolera. La nacionalización que ya estaba programada para la década de 1980, sin costos de indemnización, se adelanta. Las corporaciones petroleras conociendo esto, habían dejado de invertir en la exploración y otras actividades asociadas a la explotación petrolera, su parque industrial envejecido es lo que se nacionalizó. A pesar de la nacionalización los contratos petroleros nos mantienen todavía subordinados, la comercialización y los procesos de adecuación del complejo petrolero siguen atados a las corporaciones petroleras."
La vorágine del siglo XXI: sanciones, bloqueos y resistencia
Con la llegada del Comandante Hugo Chávez al poder en 1999, Venezuela emprendió un proceso de recuperación del control sobre PDVSA y sus recursos energéticos. Esta política de soberanía energética desató la ira de Washington, que respondió con una estrategia de asfixia económica y desestabilización política.
El golpe de Estado de 2002 y el paro-sabotaje petrolero, ambos apoyados por Estados Unidos, fueron intentos fallidos de revertir los avances en la soberanía venezolana. Sin embargo, a partir de 2014, las sanciones económicas y comerciales impuestas por Washington intensificaron el asedio. Este bloqueo ha afectado gravemente la vida cotidiana de los venezolanos, limitando el acceso a alimentos, medicinas y otros bienes esenciales.
En los últimos años, las amenazas de intervención militar y las campañas de desinformación han buscado deslegitimar al gobierno venezolano y facilitar la toma de control sobre sus recursos estratégicos. A pesar de estas agresiones, el pueblo venezolano ha resistido con determinación, defendiendo su derecho a decidir sobre su futuro.
El desafío de sembrar el petróleo
En un artículo publicado el 14 de julio de 1936 en el diario El Nacional, Arturo Uslar Pietri enunció por primera vez la frase «Sembrar el petróleo». Uslar señalaba que "Hay que sembrar el petróleo, convertir esa riqueza transitoria y rápida en riqueza permanente y múltiple, en bienestar colectivo, en cultura, en capacidad creadora, en organización y en técnica."
Aunque sobre la frase, precisa Penso que "es una expresión de Alberto Adrián, nacida de las controversias epistolares entre Uslar Pietri, Gumercindo Torres y Vicente Lecuna, presidente del Banco de Venezuela, quien tuvo una fuerte influencia en la dirección de las finanzas en Venezuela. La controversia estribaba en cómo usar el ingreso petrolero que significó, para una economía pobre como la venezolana, un volumen extraordinario de ingresos al fisco."
Dice Graterol Guzmán que "Aquella histórica frase de ‘sembrar el petróleo’ jamás incluyó el hacerlo en la mente de las grandes mayorías, especialmente de aquellos que, a espaldas de la industria petrolera, deben su miseria a esta misma, que, aproximadamente desde 1922 hasta 2002, cometió un despojo sistemático de las grandes riquezas nacionales."
Las élites venezolanas se han beneficiado de los acuerdos con las potencias extranjeras, léase EEUU, a través de la apropiación histórica de la renta petrolera, el control de los recursos estratégicos y la exclusión de las mayorías nacionales del conocimiento y la gestión del petróleo. Estos acuerdos permitieron a los grupos dominantes consolidar su poder político y económico, mientras las empresas transnacionales aseguraban privilegios y ganancias extraordinarias.
La historia de Venezuela está marcada por la lucha constante entre el saqueo y la resistencia. El petróleo, ese recurso que ha sido tanto una bendición como una maldición, debe trascender su rol histórico para convertirse en un verdadero símbolo de soberanía.
Hoy, más que nunca, sembrar el petróleo en la conciencia nacional es una tarea urgente. No puede seguir siendo el botín de las potencias extranjeras ni de las élites locales. Debe transformarse en una herramienta para el desarrollo inclusivo y soberano, un motor que impulse a Venezuela hacia una verdadera emancipación económica.
La memoria del despojo no debe ser un lastre, sino un recordatorio de la importancia de resistir y construir un futuro donde las decisiones fundamentales se tomen en Caracas, y no en las capitales extranjeras. La defensa de los recursos naturales es, en última instancia, la defensa de la dignidad, la vida y el porvenir de la nación.