La ironía de la meritocracia universitaria

Una vez más “la canalla” se asoma e intenta imponerse sobre la dignidad de nuestra universidad popular. Sin medir cuánto daña, ni a quién daña, ni cómo nos daña. Ella, sigilosamente, actúa con la alevosía que acompaña siempre a la muerte: destruyendo todo y pretendiendo exterminar todo. Pisoteando la joven semilla de aquello que nace, que vive, que crece, que promete, que nos devuelve la esperanza…

Hombres y mujeres trabajan perseverantemente por la edificación de un sueño: educación pa´ toiticos los venezolanos y las venezolanas. Pero, de manera simultánea, otros cuantos trabajan por detener la obra. Es la batalla perenne, esa que insiste y que no se acaba. Es la disputa eterna entre los insignes tecnócratas y nosotros (los incultos, los incapaces, los iletrados, los que sabemos muy poco o sencillamente, los que no sabemos nada).

Es la guerra entre dos modelos antagónicos, descritos muy bien por los docentes latinoamericanos Mario Kaplún y Paulo Freire: el modelo de educación que niega las capacidades y los talentos de nuestro pueblo y, el modelo de educación para la transformación y liberación de nuestro pueblo.

Pero, ¡Qué osadía más grande hemos tenido, al soñar con ser iguales! Me refiero a esa posibilidad de poder trabajar, estudiar e ingresar a la dinámica universitaria. ¿No se nos pudo ocurrir otra cosa más sencilla, menos utópica, menos ingenua?. ¡Qué igualados somos!, ¡Qué atrevimiento más grosero hemos tenido con la excelsa meritocracia!

Menos mal que existen medios impresos como El Nacional y que –escasamente- aprendimos a leer para poder ubicarnos en nuestra realidad. Claro, menos mal que también existen voceros del Ministerio del Poder Popular para la Educación Superior, que gentilmente contribuyen a nuestro proceso de ubicación espacial. (Por cierto, ¡qué complejo es entender lo de “Poder Popular”!).

Pero bueno, ya nuestros amigos de El Nacional, solidariamente nos han dedicado una de sus páginas: “BACHILLERES CON BAJO PROMEDIO DE NOTAS PODRÁN SER ASIGNADOS A LA MISIÓN SUCRE” (pág.6 Cuerpo: Ciudadanos. Fecha 13/02/08). Gracias Enrique Otero!!! Tú como siempre con esas noticias lacónicas y mercenarias.

Después de leer esta importante información y de escuchar por VTV al profesor Gustavo Mata, nosotras y nosotros, las y los trabajadores universitarios y, por supuesto, las y los estudiantes, ya hemos comprendido la nueva política de ingreso a las instituciones de educación superior, esa que ha diseñado un presunto “ministerio revolucionario”.

De acuerdo a lo reseñado en prensa, los excelentes estudiantes, los estudiantes superiores, los que sobresalen, es decir, los de alto rendimiento (19 puntos) continúan con su irrebatible privilegio de ingresar a las universidades más prestigiosas y excluyentes (perdón, quise decir exclusivas) del país. Mientras que los estudiantes flojos, los poco pensantes, los que tenemos dificultad de aprendizaje, los poco capaces, los que contamos con un promedio irrisorio de 11 puntos, no vamos pa´ el baile. Estos últimos, merecemos estudiar en la Misión Sucre (como si estar aquí fuese un castigo, es decir, la consecuencia de nuestras supuestas “deficiencias intelectuales”). ¡Qué insulsos! son todos aquellos a quienes les basta un número para descifrar las luces y las tinieblas de un estudiante.

Sin embargo, con las apreciaciones oficiales que hasta ahora se han reseñado por la prensa, no puede quedarnos la menor duda de que para algunos funcionarios del MPPES la carrera darwiniana continúa y que obviamente, los más aptos son los que tienen el mérito de estudiar en esas “prestigiosas universidades” en las cuales –por cierto-, ya no queremos estar.

El modelo castrador, sectario, escolástico, que instruye, que evalúa en función de un número y que etiqueta con un promedio, aún sigue enquistado en nuestro ministerio. Por esta razón, hoy se elimina la prueba de admisión, pero quedan incólumes las pruebas internas. Los cupos de las universidades públicas, siguen estando en manos de la derecha meritocrática. Entonces, ¿cuánto hemos transformado?, ¿qué tan popular es la educación superior en nuestra revolución bolivariana?.

Mientras tanto, la Misión Sucre-UBV realiza admirables esfuerzos para que hagamos valer nuestro legítimo derecho a una educación pública, gratuita y universal. La UBV es una cantera de nuevas conciencias sociales, de talentos con probidad, de razones humanas que desarman las lógicas del capital.

Pero, la “canalla” se impone y miente con una supuesta equidad y justicia social. Asfixia al modelo de educación infante y fortalece al moribundo sistema de educación excluyente. El ministerio propone un nuevo tipo de educación, pero al parecer sus políticas revelan que no se cree en el mismo.

Y si esto no es así, ¿por qué Fundayacucho otorga mayor número de becas a los estudiantes de universidades privadas, que a nuestro estudiantes de Misión Sucre?. ¿Qué tipo de educación socialista se puede construir en nuestro país, si el estado continúa financiando la educación privada?. También me pregunto ¿por qué el MPPES se mantiene celoso a la hora de apoyar económicamente a universidades populares como la UBV, pero no escatima ni un solo bolívar fuerte para asignarle asombrosos presupuestos a las universidades tradicionales? Por cierto, desde estos claustros universitarios se continúa gestando la contrarrevolución.

Camaradas! Si bien es cierto que el modelo educativo anacrónico aún persiste, no debemos permitir que éste penetre a la naciente universidad de la revolución. ¡Preservemos la dignidad de nuestra Universidad Bolivariana!.

¡Por una educación liberadora y transformadora!

¡Por una educación popular!

¡¡¡Viva la UBV!!!

¡Viva la universidad del pueblo!

¡Viva la Universidad Bolivariana!

prensaubv@gmail.com


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