Alquimia Política

La vocación docente

¿Cómo hacer para que el docente no aburra a los estudiantes? ¿Cómo multiplicar la motivación en el aprendizaje? Si se quiere lograr ese objetivo, el estudiante debe estar involucrado, debe participar, lo que obliga al profesor a dejar de lado su papel de protagonista excluyente. "Rip van Winkle", es un cuento corto que fuera escrito en el siglo XIX, por el norteamericano Washington Irving (1783-1859), y que formó parte de su colección de cuentos titulado "The Sketch Book of Geoffrey Crayon"; el relato cuenta que un hombre se durmió en el banco de una plaza durante cien años y, cuando despertó, notó que la mayoría de las cosas que él conocía habían cambiado. Observó sorprendido los supermercados, los bancos, los medios de transporte, y cuando llegó a la escuela sonrió: era lo único que se mantenía intacto. Eso es lo que pasa hoy en muchas partes del mundo; la enseñanza es la misma y la estructura física es igual desde hace años. En la mayoría de las escuelas de Estados Unidos y América latina el profesor entra al aula, expone sus ideas, las plasma en el pizarrón, reparte un par de ejercicios y espera que sean resueltos. Hoy los estudiantes se aburren porque no son el centro de atención, Lo que sucede es que el foco está puesto en el docente y no en el estudiante, que es el que importa, generándose el problema de que se enseña en forma de cátedra y no se aprovecha la curiosidad de los participantes.

En un aspecto puntual, como alternativa para mejorar esta situación, se necesita debates, diálogos, interacción entre los estudiantes, como alguna vez fueron las clases de Sócrates (en el siglo IV, antes de Cristo). El estudiante debe estar claro acerca de su propia ignorancia y de la necesidad de esforzarse para superarla. De nada sirve hacer cálculos de memoria y repetir textos que jamás podrán ser aplicados a la vida cotidiana, siendo fundamental que la meta de los profesores sea crear pensadores críticos, que puedan resolver problemas de la vida real y no sólo dentro del aula. Los estudiantes están acostumbrados a los constantes movimientos de las cámaras de televisión, la agilidad, la rapidez, no soportan un discurso monótono. Ningún profesor puede competir con la televisión o un videojuego para captar la atención de un alumno. El mundo ha cambiado y debemos adaptarnos a él, ya que el maestro representa una de las profesiones más importantes dentro de la sociedad, ya que todos pasan alguna vez por sus manos, reconoce que ellos, últimamente, no son vistos con buenos ojos y que muchos docentes tampoco valoran su lugar.

En este aspecto, una de las razones por las cuales los docentes no sean bien considerados sea que a menudo se encuentran profesores que no saben enseñar, que dictan lo mismo que hace cincuenta años, que no cuentan con las herramientas ni los conocimientos necesarios para hacerlo, que no se capacitan y, lo que es peor, que destruyen a los estudiantes con críticas poco constructivas. El estudiante es una parte fundamental del aprendizaje, como un instrumento en una orquesta. El docente debe ocuparse de que todos funcionen juntos y debe sentirse feliz de que en medio de un par de violines aparezca un tambor, eso la enriquecerá y la convertirá en una gran obra. Es fundamental que los profesores reflexionen luego de dictar sus clases, que se pregunten si han hecho las cosas bien, en qué han fallado, y que busquen nuevas formas de llegar a los estudiantes para motivarlos, comprenderlos y evitar caer en la tediosa rutina.

Un aspecto a destacar, en la búsqueda de asumir una percepción motivacional en los espacios formativos, para lograr un mejor aprendizaje, es la disposición de aulas confortables. Cuando hay filas de bancos el profesor es quien dicta la clase, controla y mantiene el orden, y los estudiantes solamente escuchan. En cambio, cuando los asientos están distribuidos en semicírculo o en círculo, lo que se genera es muy diferente. De esta manera, los estudiantes pueden interactuar entre sí, al verse las caras, y las clases se tornan más dinámicas y participativas. Consciente de que la tecnología no solamente ha modificado la vida cotidiana sino también las relaciones en el aula, la visitante destaca que las personas son más importantes que las pantallas y que los conocimientos que un joven puede adquirir gracias a los avances tecnológicos permiten que hoy muchos lleguen a clase sabiendo más que sus maestros. Hay una gran arrogancia por parte de los profesores: muchos no soportan que el estudiante pueda enseñarles algo. Es una verdadera pena que, más de una vez, lo desaprovechen en lugar de utilizarlo para enriquecer la clase. El docente que se atreve a enseñar siempre debe estar abierto a aprender. En concreto, un docente debe ser planificador, organizador; estar bien instruido, así como poseer cualidades que se relacionen con sus sentimientos; los profesores que nunca se olvidan son aquellos que alguna vez hicieron sentir que el estudiante tenía un gran potencial.



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Ramón Eduardo Azocar Añez

Doctor en Ciencias de la Educación/Politólogo/ Planificador. Docente Universitario, Conferencista y Asesor en Políticas Públicas y Planificación (Consejo Legislativo del Estado Portuguesa, Alcaldías de Guanare, Ospino y San Genaro de Boconoito).

 azocarramon1968@gmail.com

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