Los precios del crudo mantienen una tendencia a la baja, fluctuaciones que no obedecen a coyunturas como guerras de precios, recesiones o pandemias, sino a un declive sostenido del precio real del petróleo, provocado por cambios estructurales en la demanda y en la composición del suministro mundial. Agencias y casas de análisis líderes ya modelan escenarios donde la demanda global de petróleo toca techo antes de la tercera década, como *World Energy Outlook* (resumen ejecutivo) y *Oil 2025*. Y es que el capital, como el agua, buscará la pendiente más suave; y cuando el precio del petróleo descienda hasta que las tierras más afortunadas puedan producirlo sin ruina, el flujo de las inversiones seguirá inexorablemente esa ley de gravedad económica, "y he ahí el riesgo para algunas naciones".
`QUÉ DICEN LOS GRANDES INFORMES`: (síntesis esencial)
IEA (*World Energy Outlook 2024*): La Agencia Internacional de la Energía muestra escenarios en los que la demanda de petróleo se estabiliza y decae a medida que los vehículos eléctricos y la eficiencia reducen el consumo en transporte, y advierte que el punto máximo de demanda podría llegar antes de 2030. Por su parte, BP (*Energy Outlook 2024*) modela un pico de demanda a corto plazo y una caída sostenida en las décadas siguientes. Y no podría faltar Rystad Energy, cuyo reporte sugiere que, aun con demanda todavía relevante, el crecimiento se complica. Las proyecciones de estos consultores no coinciden en fechas exactas ni en la magnitud del descenso, pero sí en la dirección: el riesgo de un mercado con menos crecimiento de demanda es real y está siendo internalizado por inversores y gobiernos. La ecuación apunta a un pico en el consumo de petróleo que se alcanzará no por la oferta, sino por la demanda. Esto significa que, de manera estructural, tendremos precios más bajos del crudo.
`PANORAMA DE CONFLICTO`: La amenaza a las naciones productoras a bajo costo.
La historia económica nos enseña que los mercados y el mantener la hegemonía entre las potencias mundiales rara vez son escenarios de juego limpio y pacífico, tal como sucedió con el Golpe de Estado en Irán (1953): EE. UU. y Reino Unido apoyaron el derrocamiento del primer ministro Mosaddeq tras nacionalizar la Anglo-Iranian Oil Company. Mientras, en la Primera Guerra del Golfo (1991), Irak invadió Kuwait y la coalición liderada por EE. UU. intervino para restablecer el flujo petrolero. Años más tarde, en 2003, la invasión de Irak se presentó como desarme, pero muchos analistas atribuyen el objetivo real al acceso al petróleo iraquí. Las potencias dominantes han demostrado que utilizar cualquier forma para controlar la energía, y con ello mantener el poder, es un fin que justifica los medios: desde medidas coercitivas, presiones y chantajes económicos hasta guerras armadas.
Ahora nos acercamos a un momento en que esta lógica podría tomar parte si el precio internacional cayera a niveles en que solo países con costos marginales ínfimos pudieran producir rentablemente, como Arabia Saudita —capaz de extraer crudo por apenas 3 a 9 dólares por barril—, o Kuwait, Emiratos Árabes Unidos, Irak (especialmente en el sur), incluso Irán y Venezuela. Esta última, pese a que algunas agencias estiman actualmente sus costes en poco más de 30 dólares el barril, cuenta con análisis del año 2008 que los situaban entre 7 y 15 dólares, lo que solo ameritaría tiempo e inversión para retomar cifras similares. Esto colocaría en el centro del huracán a todos los países con características de producción de bajo costo que no negocien ni se sometan a las potencias mundiales, en una aparente situación de alerta inminente.
Y es que el problema para las naciones con costos bajos en la producción de hidrocarburos, en el marco de las proyecciones de la caída mundial de los precios, no solo radica en una reducción de sus ingresos. Como ya revelan datos de la mayor petrolera del mundo, la saudí Aramco, cuyo primer semestre de 2025 experimentó un descenso en dividendos con respecto al mismo período de 2024 del 14 %, sino también en la migración de las transnacionales petroleras a estos países que pueden estar sin control por parte de las grandes potencias, sobre todo las occidentales. Esto trae consigo otro tipo de problemas, los referentes al poder; y en este menester, las pérdidas se miden en estabilidad, calidad de vida y más.
Se debe estar atento y tomar previsiones sobre un escenario que podría estar gestándose. Cuando sea inevitable que los precios del petróleo desciendan a cierto nivel por debajo de los 60 $ el barril. Países productores serán señalados por las potencias mundiales y sus gobiernos con calificativos que allanan el camino para acciones de fuerza, y en los que incluso ya han comenzado las hostilidades con medidas económicas o de otro tipo. La alarma de las potencias tiene sus ojos puestos en los precios para enfilar su arsenal de medidas, con un saldo que históricamente se revela negativo para muchos países, y Venezuela podría estar en la lista. La caída mundial del precio del petróleo podría bajar a tal punto que pondría en peligro la estabilidad de naciones, su economía y la calidad de vida de sus ciudadanos.