En 1819, Sismondi sugirió problemas del siglo XXI

Fusión de clases en comunidades productivas y equidad en beneficios de la automatización


Almeria 31 /07/2021

Sismondi, quien fuera el primero en hablar, de lucha de clases a propósito de salarios (1819), recién comenzada la Revolución Industria, después (1834) sostiene que la relación entre asalariados y patrones no tiene que ser antagónica; porque ambos tienen interés en la prosperidad del sector productivo que los ocupa.

En este punto, Sismondi recomienda que a los empleados después de un tiempo se les trate como socios de la empresa ayudando a diseñar políticas empresariales y compartir con asalariados los beneficios empresariales. Esta idea está al fondo del sistema alemán de concordia entre sindicatos y asociaciones patronales en acuerdos negociados dentro de sectores específicos de la producción. Intuye aquí Sismondi un descubrimiento reciente de la Ciencia Económica expuesto por Michael Porter en su libro: La competitividad de las Naciones (1990), Porter descubre que las naciones no son competitivas como tales, sino que tienen sectores que llevan vida comunitaria que son competitivos; por lo tanto, la competencia en el comercio internacional de bienes y servicios es algo que sucede entre empresas del mismo sector.

Esta percepción también se manifiesta en el discurso de Juan Domingo Perón ante la Cámara de Comercio de Buenos Aires en 1946 donde Perón propone políticas para mantener la Paz Social. Es como revivir el espíritu de la sociedad gremial, sin sus pretensiones monopolísticas. Esa propuesta es motivo de conflicto con el sector marxista de la juventud peronista que, como Marx, cree necesario cultivar el conflicto social para llegar al poder. Es revelador que el marxismo coincida con el capitalismo imperialista en su aversión a Perón.

Otro tema en que Sismondi coincide con tendencias modernas, es que el dinero como un bien público debe tener un respaldo durable que garantice su valor; porque la pérdida de valor del dinero o devaluación de la moneda es causa de inflación y esta desfavorece a los asalariados, pensionados y ahorristas y favorece a los especuladores. Dos países con una perspectiva realista de crecimiento económico en la economía del futuro: China y Rusia ha comenzado a respaldar sus monedas nacionales y también sus cryptomonedas en un patrón oro.

Sismondi se ocupa de un tema de gran actualidad, el empleo desplazado por los productos de las nuevas tecnologías que automatizan funciones que antes realizaban personas. Sismondi nota que esos avances tecnológicos y científicos pertenecen a la entera sociedad y son parte de nuestra civilización; porque en ciencia ninguna novedad parte de cero. El asunto que resalta es que esos automatismos en la producción parecen favorecer exclusivamente al lado patronal, cuando sus ventajas deben ser buenas para toda la humanidad. En general ayudan a ahorrar tiempo en la producción de bienes y servicios, lo cual los abarata en beneficio de todos.

Sismondi propone que se mantenga el número de asalariados y se beneficien del ahorro de tiempo en la producción se mantenga el empleo y los salarios, dejando que los asalariados disfruten de más tiempo libre.

Algo orientado en esa dirección se aplicó en Francia con la semana de 35 horas laborables.

Se rumora que entre los conjuradores ricos que se reúnen en Davos a especular sobre el rumbo de la Economía Mundial, se considera un mundo automatizado con empleados substituidos por robots. Que ese es el significado del New Reset que vendrá después de la Pandemia del COVID-19. A esos tacaños soñadores, quiero recordarles un descubrimiento de Sismondi confirmado 100 años después por Kdeynes. Justo porque se ahorran salarios usando robots, una economía así no es sustentable; porque los salarios son indispensables para el consumo y sin consumo no hay mercados. Habrá que humanizar los robots hasta convertirlos en consumidores. Alguien puede argumentar que la presente economía donde predomina un sector financiero virtual cuya riqueza se fabrica en teclados de computadoras y constituye una especie de pirámide de Ponzi universal ya no necesita otros mercados que las bolsas financieras. Debo reconocer que es algo que Sismondi nunca imaginó; porque Sismondi vivió siempre en la Economía real de bienes y servicios producidos por el trabajo de hombres y mujeres.


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Umberto Mazzei


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