Café, terquedad y vida

El café es el centro de la vida de miles de familias en las montañas de Lara y Portuguesa. Desde allí se desprenden prácticas, costumbres, y realidades que la marcan e identifican. En Venezuela la producción del café históricamente ha estado en manos de pequeños productores, quienes sostienen sus cultivos a pesar de múltiples dificultades.

Pocas tareas[i], una, dos o tres hectáreas sembradas, es lo que tiene la mayoría de las familias productoras que marcan el ritmo de la bebida que nos despierta cada día. Por ello, como con pocos cultivos en el país, lo que suceda por acción del gobierno, o del mercado, con los temas claves del cafeto, define lo que será un año de vida de amplias zonas campesinas.

El café es en la zona prácticamente un monocultivo, y como tal, el ingreso económico casi exclusivo para los caficultores, que debe ser administrar de la mejor manera para sobrevivir hasta el próximo ciclo. Aunque no siempre se puede, ya sea porque es poca la producción, fluctuaciones de precios, o emergencias, sobre todo de salud, que destruyen sus ahorros, o peor aún, los deja a la merced de créditos usureros, expresados en la zona como "la doble". Un quintal de préstamo, dos de cosecha como pago.

En esos casos, lo poco o mucho que cosechen, tendrá una merma que traerá consigo limitaciones para solventar las necesidades más básicas, con la esperanza de que, en la próxima zafra puedan tener lo necesario para vivir dignamente. Y así sigue la rueda que pone el café en el mercado año a año.

Con todo este trasfondo, las conversaciones de estos días se centra en la gran floración que tuvieron los cafetos hace unas semanas, la primera del ciclo. Esas pequeñas flores blancas vistieron por completo la planta, lo que puede significar una buena cosecha, y que debería traducirse en abundancia y retribución al esfuerzo de meses de trabajo.

Tiempo, agua y tierra

Este es un tema que se ve acompañado por otros, como el adelanto de la cosecha el año pasado. En la zona, los meses de septiembre, octubre, noviembre y diciembre son los fuertes con las faenas de recolección, pero se presentaron casos de granos maduros en agosto. "El tiempo va cambiando", dicen, y algunos lo explican parafraseando designios divinos. "Cuando midan mis tiempos, serán cambiados", comentan.

Otros se atreven a exponer causas terrenales: la ampliación del café ha sido a costa de las montañas. Ya poco queda de las montañas que recorrieron Argimiro Gabaldón y sus guerrilleros en los años 60. Los frondosos árboles, sus espacios para refugio, abastecimiento y conspiración, ahora son caseríos que se han extendido y multiplicado.

El paisaje va variando, el clima también, generando condiciones para plagas, reduciendo la cantidad de agua y tierra para los cultivos, y se ven reducidas las posibilidades de continuar con la tradición de asignar, desde muy pequeño, tierra para cultivar café, a su descendencia.

Estos son temas que generan buenas conversas, pero no se compara su intensidad como cuando se pregunta por los precios del combustible y del quintal del café. Y es lógico, es hablar de la garantía de movilidad, de energía para procesar el café y mover maquinaria, y del ingreso producto del esfuerzo propio.

Gasolina, motos y caminos

El paisaje cotidiano ha cambiado. Donde se veían carros y camionetas doble tracción, ahora se ven motos. Los primeros se mantienen a la espera de su turno, algunos ya con años que solo se encienden y mueven muy cerca de sus casas para que no les afecte su inactividad. Recorren distancias largas en emergencias, o para mover cargas que no pueden las motos.

La diferencia de consumo de gasolina es tremenda. Desde algunos caseríos lejanos se pueden usar dos o tres litros para ir y regresar a Villanueva o Guarico (estado Lara) en una moto, y se necesitan mínimo 40 litros para mover la misma distancia en un carro. En los momentos más difíciles se llegó a pagar un kilo de café (la moneda más usada en la zona, seguida del dólar) por litro de gasolina, es decir, casi un quintal[ii] para mover el carro hasta las poblaciones que les dan servicios que no tienen en sus caseríos.

En estos días el precio es más "accesible": un kilo de café por 3 litros y medio de gasolina. Como en el resto del país, su valor varía en función de la escasez, o la necesidad de su uso en tiempos de cosecha. Es prácticamente imposible, o por lo menos poco práctico, para los que viven en los caseríos cargar gasolina en la única estación de servicio que surte a la zona, ubicada en Guarico, lo que facilita la creación de un mercado especulativo.

No es una realidad ajena a las ciudades. Pero en los últimos tiempos este mercado ha desaparecido en los espacios urbanos. Persiste en el campo, con la desventaja evidente que en el mundo rural, tierra adentro, no existe transporte público, ni muchas opciones para la movilidad.

Gasoil, centros de beneficios y bronca

Si la gasolina genera debates, el gasoil genera indignación. Aunque sea más escaso, no falta en las fincas de unos pocos. Es obvia su importancia para garantizar la producción, con él se activan los pequeños centros de beneficio familiares, con sus trilladoras y secadoras, lo que facilita el trabajo esencial para tener el quintal listo para la venta.

Varios han sido los esfuerzos de organizaciones comunales para asegurar el suministro de gasoil para la venta directa a los pequeños productores, pero no ha sido fácil lograr un cupo estable que permita realizar una planificación permanente de distribución. Mejor suerte tienen algunos de los grandes productores de la zona, que reciben cargas directas y pasan con bastante frecuencia por las poblaciones, ante la mirada incrédula de quienes también lo necesitan.

Naturalmente existen también vías para adquirirlo en el mercado especulativo, hasta 140 $ por pipa [iii] puesta en los caseríos, pero no es tan extenso como el de la gasolina. En las discusiones del gasoil se acumula bronca, sobre todo porque los responsables de generar la política de distribución, y su concreción a nivel local, pertenecen a instituciones públicas.

Si asumimos que prácticamente casi todo el combustible que un pequeño productor necesita es adquirido a precio especulativo, sin contar lo que debe invertir en abonos y demás insumos, comprenderemos parte del contexto para hablar de un tema complejo, y con muchas variables: el precio del quintal del café.

Precios, acuerdos e incumplimiento

En enero de 2022 se publicó la Gaceta Oficial N° 42.303, que definía que el precio del quintal del café "no podrá ser inferior al precio del rubro en el mercado internacional". En el marco de la consolidación del uso del dólar en el país, la decisión significaría, en la práctica, la dolarización del mercado interno.

Parte importante de los productores asumieron que era una buena noticia, ilusión que duro hasta la cosecha. Los bajos precios internacionales del café, las distorsiones de la economía venezolana (producto del bloqueo y la limitada renta petrolera, de la compra de insumos a precio especulativos, por solo mencionar algunas causas) hacían que el costo de producción en el país estuviese muy por encima del precio a pagar.

En consecuencia se desataron diversos reclamos, movilizaciones y asambleas, exigiendo un precio oficial, publicado en Gaceta, que tomara en cuenta dicha situación. Entre noviembre del 2022 y septiembre del 2023, se realizaron anuncios de tres escalas de precios, una de ellas suspendida un día después de acordada, las dos siguientes incumplidas en la práctica por parte de los intermediarios, quienes compran en las zonas y terminan siendo quienes venden a los industriales, aunque pueden ser sus empleados directos.

El último acuerdo, septiembre del 2023, que se mantiene vigente, definía la siguiente escala, dependiendo de la calidad: Café arábica: 160 $, 170 $ y 180 $; Café canephora: 150. En la zona de Villanueva y Guarico, el precio está hoy alrededor de 150 $ o 170 $, dependiendo la calidad, pero poco café queda en manos del pequeño productor, ya que debe vender parte de su cosecha a penas la tenga para cancelar deudas y resolver la subsistencia.

Muchos tuvieron que vender a precios más bajos en tiempos de cosecha, algunos hasta a 80 $ por quintal. Es decir, el intermediario que compró en 80 $ y tiene la capacidad de esperar algunos meses para vender y ganar casi el doble.

Concentración, asociaciones y tercerización

Esa es la realidad de los pequeños productores, pero existen también medianos y grandes, que pueden sostener sus faenas con mejores condiciones, ya que acceden a abonos, herramientas y combustibles a precios oficiales, lo que los coloca en mejores condiciones para favorecer su negocio. Así se garantiza mayor y mejor producción.

La política que impulsa desde hace años el Ministerio de Agricultura y Tierras en el país se ha centrado en consolidar mecanismos que facilitan la concentración de la producción, facilitando procesos a productores claves, vinculados con la agroindustria, cuando no son negocios que integran verticalmente todos los procesos.

Muchos de ellos son los que lucen en los diversos encuentros nacionales e internacionales que ha organizado el gobierno. Allí resaltan las posibilidades para la exportación de café, lo que realizan muy pocas empresas en la actualidad, además de remarcar la importancia del producto en el mercado interno. Hemos sido testigos de la proliferación de marcas de café, muchas de ellas pequeñas, familiares, artesanales, aunque resalta la consolidación de ciertos grupos en todas las etapas del negocio. El Grupo Botalón es el más reconocido.

De sostenerse ese esquema a mediano plazo, habrá consecuencias claras para los pequeños productores, ya que podría implicar un cambio radical de lo que hasta ahora ha sido su forma de vida. Concentrar el proceso en pocas manos, desde el cultivo hasta la exportación, implicará para miles de familias su transformación en, por lo menos, trabajadores tercerizados en su propia tierra, reproduciendo lo que es norma desde hace bastante tiempo con el cultivo de caña y maíz, por ejemplo.

En esos casos, las asociaciones, que terminan ocultando en nombre de organizaciones colectivas el manejo de pocos, entregan el paquete completo, desde semillas hasta insumos y mecanización, en un contrato que tiene la entrega de la producción como contrapartida. Es un mecanismo que establece un tremendo nivel de dependencia y de vulnerabilidad para la familia productora.

Ya el ministro Castro Soteldo ha dado declaraciones en ese sentido, para replicar ese modelo en el café, con las asociaciones que se vienen impulsando y con los industriales, que suelen tener una frontera difusa, como sucede con los intermediarios.

Riesgos, terquedad y vida

El argumento que opera para justificar este giro en la política agrícola es la "eficiencia" para el abastecimiento del mercado. Y así, utilizando las necesidades de las mayorías, se trata de enmascarar una brutal explotación de las familias productoras, que puede traer como resultado la consolidación de monopolios.

Es un riesgo que está latente, se percibe, y aunque no se haga del todo visible, en ocasiones se hace presente en las denuncias de los mismos productores. Aún así, no será fácil cambiar la cultura del café vinculada a la familia de pequeños productores. No existe caserío en que no se tengan varios viveros, esperando las lluvias para trasplantar los nuevos cafetos. La terca esperanza sostiene sus esfuerzos.

Además, se hacen presentes organizaciones sociales, que en contra corriente tratan de avanzar en juntar esfuerzos populares, pensando en la gente. Es el caso del Circuito Económico Comunal del Café, que integra las 8 comunas del sector, o el Colectivo Argelia Laya, que en estos días recibió a una de las Brigadas de la Unión Comunera.

Esas iniciativas no son las únicas. En la zona existe larga tradición organizativa, la lista es extensa: comités de salud, de vialidad, religiosas, ambientalistas, culturales, es una historia que debe recuperarse de los golpes de los últimos años, para rearmarse y ponerse al servicio de la lucha justa. Con esa motivación, hoy está siendo recuperada por algunos pequeños productores la Cooperativa COPALAR, nacida en 1990, para sumarse a la búsqueda de mejoras de las actuales condiciones.

Y hablamos no solo del precio del café, que es importante, pero hay otros frentes de lucha Es necesario trabajar para que sean transparentes y justos los mecanismos para adquirir combustibles, e insumos, se deben recuperar y ampliar servicios básicos como salud, educación. Para ello es fundamental fortalecer las tramas comunitarias que contribuyan a resolver colectivamente las necesidades comunes.

En fin, usar la terquedad de la familia cafetalera para motorizar la conquista de una vida digna.


[i] Unidad de medida. Una hectárea son 12 tareas.

[ii] Un quintal es un saco de 46 kilos de café en grano.

[iii] Una pipa equivale a 200 litros.



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Gerardo Rojas

Comunero de la @ComunaAtaroa

 gerojasp8@gmail.com      @GeRojasP

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