Admisión coaccionada o forzosa

Saludos libertarios, para todos los ciudadanos de esta noble nación, larga vida para el Comandante Presidente.
 
Tal como prometimos desarrollaremos el neurálgico tema de la admisión coaccionada: ¡si de la admisión forzosa! que se ha convertido en una práctica habitual cuando no se consiguen elementos para inculpar a un ciudadano, cuando los delitos cometidos por los funcionarios actuantes en un procedimiento son más flagrante delito que la presunción de un imputado, cuando a un funcionario procesa más casos para ganar un bono y cuando es más fácil presumir culpabilidad que respetar el derecho de los ciudadanos a ser presumidos inocentes y a ser tratados como tal, cuando la debilidad económica es tristemente sinónimo de debilidad jurídica.  Es entonces cuando el ciudadano en desgracia, pasados dos, tres, cuatro, cinco y hasta más años de angustias, diferimientos e incertidumbre, es convencido por jueces, fiscales o abogados inmorales con hipócritas rostros dulces, con esa orientación  malsana a que si asume los hechos es más fácil recuperar la libertad y el ciudadano en su ignorancia se hace culpable aun siendo inocente.  
 
Esta infame orientación hace necesario despertar la conciencia jurídica de los ciudadanos y de los colectivos sociales. Se hace necesario que los movimientos sociales establezcamos como prioritario el debate sobre lo anti jurídico e inhumano que resulta el comportamiento de un nutrido número de operadores de justicia.  Es imperativo establecer el control social sobre el comportamiento sustantivamente degenerado, delictivo e inmoral de un nutridísimo número de funcionarios policiales.  Dónde queda la seguridad jurídica de un estado si quienes son llamados al extraordinario honor y privilegio de ser garantista, tutor o defensor de los derechos constitucionales ciudadanos y humanos, muy por el contrario, solo los pisotea, los irrespeta y con zendo sesgo discriminatorio y profundo desprecio por los derechos de los ciudadanos, destruye vidas y familias. 
 
Hasta cuando los atropellos a miles de ciudadanos que sin cometer delito alguno, son sembrados en delito y oprimidos por la tripartita infame, para terminar enterrados en el inframundo carcelario a fuerza de abuso de poder e irrespeto a sus legítimos derechos ciudadanos y humanos.  
 
Es necesario reflexionar que no solo basta ser revolucionario, también debe parecerlo. Da vergüenza ver como encopetados altos y medios cargos del aparato de justicia y garantista con su hipocresía, disfrazados de  socialistas pero con comportamiento y estilo de vida imperialista, irrespetan al pueblo de Bolívar.  Repito no solo basta serlo, también tiene que parecerlo. 
 
De allí, que insistamos en la creación de los Comités Pro-defensa de los privados de libertad con los núcleos de  familiares y los Comités Pro-defensa de los derechos ciudadanos con los consejos comunales y demás organizaciones sociales.  Reflexionemos sobre la desproporción que existe entre un joven o ciudadano o ciudadana de extracto social humilde, con total arraigo en el país, asiento familiar comprobado, sin pasaporte ni recursos económicos para abandonar el país o fugarse, cuando es llevado a abandonar su lucha por comprobar su inocencia y  es sometido a un Estado dirigido por funcionarios que manejan autoridad y  poder, pero sin un mínimo de corresponsabilidad para garantizar el derecho a la defensa, el  respeto a los derechos humanos y al debido proceso.
 
Permitir que esto continúe seria como reconocer para cada ciudadano de estos el premio nobel de irresponsables por su ineptitud en el manejo de las instituciones de seguridad y justicia, lo que conlleva a reconocer al Estado como incapaz y, contradictoriamente, atribuir esa incapacidad a los débiles económicos: ¡ya basta de atropellos a nuestra Constitución y a nuestro estado de derecho!  Exigimos justicia socialista, exigimos respeto a los derechos ciudadanos constitucionales y humanos.
 

Patria, socialismo, vida y libertad  



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H. Roberts

Presidente de la ONG Conciencia y Dignidad. Asesor de asuntos penitenciarios.

 concienciaydignidad@gmail.com      @conydignidad

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