Del país profundo: Omar Moreno, el músico infinito del Cajón del Arauca

Un verdadero regalo de Dios es ese árbol que en el llano le dicen Mirto y que se ha hecho famoso en el territorio porque además de dar buena sombra nunca bota las hojas. Así lo explica Omar Moreno cuando descubre nuestra curiosidad ante la belleza de esos dos árboles recostadizos y llenos de aroma que parecen guardianes trepadores sembrados a la entrada de aquel humilde hogar de la ciudad de Barinas, sintiendo de confín a confín la misma fragancia. Nos empapa todo su perfume inapresable y sentimos una paz infinita. En otros lugares del país la nombran como Jazmín de España o Jazmín Real y es de cinco pétalos su blanca flor de mágicos olores. Omar nos dice claramente que es originaria de Asia y que de Asia pasó a Europa y que aquí llegó viajando por mar y río, así lo dice antes de ofrecernos sus versos de entrada.

Si belleza tiene el mar/ la sabana tiene más/allá vuela el alcatraz/ y el barco deja la estela/pero aquí la copla vuela/dejando el dolor atrás.

“La música aquí en el llano era instrumental como en todas las partes del mundo donde se ha comenzado a hacer música, sería muy largo de explicarle todo eso desde los hebreos y otras culturas antiguas que usaban la música para comunicarse con sus dioses y como ocurrió en otras partes también ocurrió en el llano, cuando llegaron aquí los poetas a inventarle letra a esa música, nombro por ejemplo a Luis Armando Guevara o a Ernesto Luis Rodríguez, de ellos son esos versos que le dije. Fíjese que la música sí fue primero, los hebreos alababan a Jehová con un arpa de siete cuerdas, desde mil años antes de Jesucristo ya se conocía el arpa y el arpa del Rey David era un decacordio, tenía diez cuerdas esa arpa con una caja en forma de pera y los que adoraban a Jehová en las sinagogas tenían sus manos puestas sobre un arpa, hay que buscar las escrituras antiguas para saber que fueron miles de arpas las que se perdieron con la destrucción de Jerusalén. Cómo serían todas aquellas arpas sonando en concierto ¿Verdad?. Qué cosa tan bella, ¿no cree usted?”

Ya sabíamos que Omar Moreno había llegado a Barinas con Angel Custodio Loyola en 1963, y que fue allí donde se encontró con los de fama, Eladio Tarife, Luis Losada “El Cubiro” y José Romero Medina, y también fue allí donde quedó desarmado, quedo sin el privilegio de un arpa para tocar lo que quisiera, porque el único instrumento que trajeron en aquel viaje era de Loyola y él decidió regresarse al Apure. Así era la vida de Omar Moreno, dependía siempre de quien le prestara un arpa, así fue, hasta el momento aquel en que Eladio Tarife que ya tenía en mente el pasaje Linda Barinas se fue a un taller de carpintería y se puso a fabricarle el arpa, la primera que acompañó aquellos versos “Yo traigo un grito llanero/que me nació del te quiero/ para cantarte Barinas/ paisaje de ensoñación/ que te ha regalado Dios/ frente a las cumbres andinas…”. Con esa misma arpa nuevecita se hizo en Caracas la primera grabación de esa “tierra llanera camino de palma y sol”, sumó, sumó y sumó y antes de terminar la conversación me dijo“más de 3600 temas grabados”, tres mil seiscientas composiciones, que no están escritas, no tienen partitura, todo está en su mente y en añejos acetatos, los llamados discos de larga duración, de treinta y tres y cuarenta y cinco revoluciones por minuto. No existe precedente alguno en las sucesiones de músicos llaneros y por eso decidimos explorar más allá y tomar de su propio lenguaje torneado otros compases del gran hombre nacido en Guachara, el pueblo de los Otomaco y de los Pumé que todavía pronuncian un idioma distinto.

EL SOROPO Y EL BAILE SABANERO
“Siendo niño apenas, yo vi hacer aquellas enramadas que se preparaban en el llano para recibir a los músicos del baile sabanero y después se desbarataban, eran temporales, solo para una fiesta aquel espacio físico donde se bailaba el joropo, porque el joropo es tanto el espacio donde se practica, como la música y como los que participan, además de otros elementos y se llamaba ensoropado la manera de fabricar una instalación forrada con carrizo por los cuatro costados y arriba una enramada y dos puertas, una de entrada y otra de salida. Adentro se ponían silletas de cuero para las damas y afuera se hacían como unas horquetas de las varas de distintos árboles para que se sentaran los hombres, y cuando reventaba la música iban con un pañuelo en la mano y le hacían una reverencia a la pareja que invitaban a bailar, entonces era muy bonito ver a los copleros improvisar. Nos alumbrábamos con una lamparita de kerosene en aquella sala de baile a la que se le decía soropo y donde los músicos tocaban una quirpa, un carnaval, un zumba que zumba, y si se trataba de una tendencia más suave tocaban un pasaje, de los pasajes viejos estoy hablando yo, como por ejemplo María Laya, nada de eso quedó escrito en pentagrama y se le empezó a llamar anónimos a aquellos versos y a aquella música que hacía la gente del pueblo, gente sencilla que tenía esa gran capacidad para improvisar…”

DEL RÍO DE LA PLATA AL CAJÓN DEL ARAUCA.
“En el Cajón del Arauca donde yo nací, primero vi tocar el arpa a mi padre Marcos Moreno, y cuando tuve uso de razón conocí a Manuel Tovar, yo lo escuchaba tocando con una digitación muy sencilla y eso me inspiró y tomé la iniciativa de aprender esa forma de tocar el arpa, con tres dedos sin hacer tantos sostenidos. Este tipo de música llanera nos llegó de lejos, de Paraguay, de la Asunción que fue el gran centro donde se irradiaba la cultura que trajeron los jesuitas en aquella época de la colonización en Río de la Plata, fueron ellos los que enseñaron a tocar el arpa aquí en América con esa digitación diferente y fueron ellos los que trajeron la manera de construirla que hoy es distinta, con sus puntos de apoyo y su caja armónica compuesta por cinco cuchillas y su pico de águila que es el cabezal, además de la consola donde va el clavijero y por supuesto el bastón o chapazón como antes se le decía en el llano y que es la columna que resiste el peso de las cuerdas, así es el modelo de arpa que tengo yo, pero antes en el llano se construían unas arpas enterizas que no tenían cuchilla y eran delgaditas, a esas arpas las llamaban venadas y las cuerdas que le ponían se preparaban de cuero de animales o de vísceras del rabipelado, del chivo o de la res, yo las conocí y eran de 28 cuerdas y no de 33 como ahora…”

YO DIGO ¡BENDITAS SEAN MIS UÑAS!.
“Mi mamá se llamaba María Faustina Gil y ella me tarareaba las canciones que seguramente aprendió en la última década del siglo XIX y así me las iba aprendiendo yo, y un primo mío llamado Simón Arcilo Calzadilla también me las silbaba y fueron quedando en mi memoria, éramos completamente humildes y pobres en el llano adentro donde vivíamos muy lejos de otro lugar, hasta que un día salí a conocer un pueblo cuando tenía como 15 años y fue la primera vez que vi una rocola, nunca imaginé que tiempo después se escucharía mi música en esos aparatos. Llanero de pura cepa de Luis el “Cubiro” fue el primer disco que yo grabé y como yo buscaba el llano en cualquier parte y además me metí a productor en Caracas, me perseguían los cantantes famosos para que yo les hiciera los arreglos, porque ellos querían cantar conmigo, Ángel Custodio Loyola, el “Carrao” de Palmarito, Eneas Perdomo, Jesús Moreno, José Francisco Montoya, Eladio Tarife, Cristóbal Jiménez, entre muchos otros, todos los éxitos de esa gente los grabé yo... Cuando me fui para Caracas los principales arpistas que se escuchaban era Ignacio “Indio” Figueredo, Juan Vicente Torrealba y Hugo Blanco, pero yo no podía tocar como ellos y la sencillez a la hora de ejecutar el arpa, como lo aprendí en el Cajón del Arauca cuando escuchaba la música sabanera, fue lo que me diferenció, porque Juan Vicente era muy refinado y el Indio Figueredo muy rápido y muy violento y yo hice la tendencia muy suave, hasta el día de hoy que llevo grabados 3600 temas en más de medio siglo, por eso es que yo digo ¡Benditas sean mis uñas!...”

Omar Moreno. Cortesía del Centro de la Diversidad Cultural. 2016
Credito: Rafael Salvatore






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Benito Irady

Benito Irady. Escritor y estudioso de las tradiciones populares. Actualmente representa a Venezuela ante la Convención de la UNESCO para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial y preside la Fundación Centro de la Diversidad Cultural con sede en Caracas

 irady.j@gmail.com

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