Impidamos que los corruptos se nos sigan escapando

 

Hacer oídos sordos a rumores insistentes de corrupción es un error imperdonable

Históricamente en nuestro país el robo al erario público ha sido una constante desde que nacimos a la vida republicana e independiente. Durante todo el siglo XIX y buena parte del XX, los personajes que nos gobernaron, salvo muy contadas excepciones, entraron a Palacio pobres y sin riqueza alguna y cuando cumplieron sus períodos o fueron derrocados en golpes de Estado de todo tipo y calibre,salieron buchones, inmensamente ricos, como lo fueron, para mencionar sólo cinco casos, el General José Antonio Páez, los hermanos José Gregorio y José Tadeo Monagas, Guzmán Blanco y el General Juan Vicente Gómez.

En la Cuarta República se fueron a la quiebran todos los más importantes entidades de crédito público por culpa de la corrupción desatada (Corporación Venezolana de Fomento, Corpomercadeo, Banco Agrícola y Pecuario, Banco de los Trabajadores, Mersifrica, etcétera, etcétera) y por más denuncias que se hicieron entonces sobre figuras de la política y la sociedad civil incursas en irregularidades en esos organismos estatales, nada sucedió. Ningún personaje de tantos que fueron mencionados fue a parar a la cárcel, por lo que es muy necesario que se escuchen las denuncias como una alerta de que algo no anda nada bien y se tome la decisión de investigarlas. Si luego de concluido el proceso se demuestra que no hubo ilícito alguno, pues nada perdemos. Los dineros públicos son sagrados y para su cuido y protección toda precaución que se tome nunca será suficiente…

Con horror hemos escuchado, en más de una ocasión, a figuras relevantes de los órganos del control público en el país decir que ellos descartan en sus tareas de cuidar el buen uso de los recursos públicos, la apertura de investigaciones por "Notitia Criminis", algo que nos resulta increíble que ocurra y menos que venga de boca de quienes tienen la sagrada responsabilidad no sólo de garantizar el uso transparente de los recursos públicos, sino de impedir, a todo trance, que se los roben.

El rumor insistente de que fulano y zutano están robando, es más que suficiente para que se ordene abrir una investigación de oficio y evitar así que se nos escape la gran oportunidad de cazar a un corrupto, como ha sucedido ene veces con cientos de personajes, entre los cuales, por ejemplo, basta que mencionemos tres de ellos que ocuparon relevantes posiciones durante este proceso revolucionario, como lo son: Luis Velásquez Alvaray, Exdiputado y Director Ejecutivo de la Magistratura, Eladio Aponte Aponte, Magistrado del Tribunal Supremo de Justicia y Rafael Isea, mano derecha del Comandante Hugo Chávez y Exgobernador del Estado Aragua, quienes hicieron desastres con los dineros públicos y que no obstante que a tiempo se alertó y mucho en cada caso que andaban en malos pasos, nada se hizo para detenerlos y llevarlos a la cárcel, lo cual les permitió huir del país, inclusive con toda calma y por donde sale todo el mundo al exterior, por el Aeropuerto Internacional Simón Bolívar.

Una denuncia por más anónima que sea, puede darnos valiosas pistas que nos conduzcan a la obtención de pruebas contundentes e irrebatibles para imputar al o los señalados como corruptos, de manera que sugerimos al órgano Rector del Control Público, la Contralor General de la República, que organice un seminario con expertos policiales de probada capacidad investigativa y se coloque como tema de conversación y debate el valor de una denuncia (formal o anónima) frente a un proceso de investigación de un hecho doloso y se verá cuán importante y decisorio puede llegar a ser para llegar a obtener y precisar con toda certeza pruebas contundentes y descubrir así los hilos de la trama y quién o quienes, sus directos responsables.

En notas anteriores hemos sostenido la tesis de que la corrupción pública hay que perseguirla utilizando las mismas estrategias que se aplican en los casos del narcotráfico, como son las tareas de inteligencia, pues estos ladrones de los dineros del pueblo hacen hasta lo imposible para no dejar rastros de sus fechorías y si no rastreamos sus pasos y, además, no les ponemos atención a los comentarios y rumores persistentes acerca de que fulano y zutano son unos grandes corruptos, se nos escapan en lo que canta un gallo…



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Iván Oliver Rugeles


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