Más contraloría y fiscalización a la gestión gubernamental

Lo reiteramos y no nos cansaremos de decirlo, tantas veces como sea necesario, que tiene que haber una Comisión del más alto nivel, designada por el propio Presidente Hugo Chávez y a quien deberá rendirle cuenta, para que asuma esa tarea de controlar y hacer el debido seguimiento a los planes y proyectos gubernamentales, pues de no existir ese mecanismo de fiscalización, los proyectos gubernamentales andarán, como ocurre hoy en día con muchos de ellos, a la buena de Dios...

Se nos ocurre sugerir que en el diseño de una gestión de control de esa naturaleza, se debe pensar, con el debido interés, en contemplar que la misma sea acompañada de una estrategia comunicacional de carácter permanente, a objeto de que se le informe al soberano sobre los resultados de ese vital trabajo, pues así se obtendrían las garantías de mejores resultados. Allí estarían los ojos del pueblo muy vigilantes, como debe ser…

No se puede seguir admitiendo que los errores, omisiones y las fallas continúen siendo las causas del mayor número de desaciertos e ineficiencia gubernamental, sin que se apliquen de modo severo las debidas sanciones a sus directos responsables, porque estaríamos así contribuyendo a que esta intolerable situación se siga repitiendo.

Más allá del cansancio y la abulia que pudiera estar mellando el cumplimiento de las responsabilidades de trabajo de algunos burócratas, lo cual se subsana por la vía de la renuncia o el despido, están quienes su problema no es ese, sino la perversa convicción de que “para qué apurarse o, para qué hacer esto o aquello, si al fin y al cabo no comparto el estilo de Chávez y, además, para nada me gusta el modelo socialista que está empeñado en llevar adelante…” En estos casos que, en lo particular considero que son la causa de las mayores fallas del Estado, pues es mucha la quinta columna que tiene enchufada en sus diferentes entramados de gobierno, inclusive hasta en posiciones de la más alta gerencia, no hay otra opción que recurrir de inmediato y con toda rigurosidad, a un proceso de investigación, sin descartar ninguna forma de las concebibles (hasta las que se llaman de “inteligencia”), para desbaratar lo que corroe y/o sabotea la gestión, buscándose como objetivo central, hacer daño para acabar con este gobierno y, obviamente, con su proyecto de transformación socialista, único modelo que garantiza un desarrollo humanista, incluyente y solidario para nuestro pueblo.

El presidente no es Dios, no puede estar en todas partes reclamando y detectando las fallas y los errores. Tiene que existir un mecanismo de fiscalización que haga el trabajo de averiguar si todo marcha conforme a lo planeado y acordado por el alto gobierno…



oliverr@cantv.net


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Iván Oliver Rugeles


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