Termina el "Corralito" en Argentina, símbolo del fracaso neoliberal

Ayer (22), fue el último de los 1.356 días de vida del "corralito", la congelación de los depósitos bancarios impuesto por el ex-ministro de Economía de Argentina Domingo Cavallo, en diciembre de 2001. La medida radical fue tomada cuando el modelo neoliberal del ex presidente Carlos Menem entró en su crisis terminal. Previsto para durar solamente 90 días, el "corralito" duró casi cuatro años, representó el fin de los diez años de convertibilidad (un peso, un dólar) y provocó los trágicos cacerolazos de aquel final de 2001 — los cuales exigieron la renuncia del ex presidente Fernando De la Rúa.

Del "corralito" quedaron solamente 526 millones pesos (US$ 181,4 millones), incluyendo el ajuste por inflación, lo que representa menos del 1% que fuera congelado en la época. El "corralito" fue creado en una tentativa desesperada de impedir la fuga de capitales. Los vencimientos de los depósitos fueron reprogramados, en un valor de 55 billones de pesos (US$ 18,97 billones). El resultado de la medida radical del modelo neoliberal fue una ola de manifestaciones que tuvieron lugar en Argentina, entre los días 19 y 20 de diciembre de 2001. Estas inauguraron claramente un nuevo ciclo político y de luchas en la historia del país.

Entre la Navidad y la Epifanía de 2002, los argentinos protestaron en las calles contra el "corralito" a los gritos de "queremos dólares". "Desgraciadamente, en este momento, la convertibilidad del peso ya era asunto para historiadores", comenta Luiz Gonzaga Belluzzo, profesor titular de Economía de la Unicamp (Universidad Provincial de Campinas).
El conservador Financial Times publicó, entonces, un editorial sobre los acontecimientos.

Decía el periódico inglés: "La crisis argentina suscita cuestiones fundamentales sobre los costos y los beneficios de la apertura financiera en los países en desarrollo, invitados a continuación por las prescripciones del gobierno norteamericano y del Fondo Monetario Internacional. Esos mercados están sujetos a brotes de euforia y depresión (...). Estimulan los gobiernos a tomar prestado cuando los intereses son bajos e inmediatamente después los dejan en la mano, desproveídos de recursos".

Según Beluzzo, la aventura económica argentina de los años 90 — la farsa de la convertibilidad con tasa fija — tuvo el desenlace que el buen sentido y la historia del siglo 20 preconizaban. Pero, como sucedió en esos tiempos de celebración de los "mercados", la opinión dominante y testaruda sólo tiró la toalla cuando el barullo de la catástrofe galopaba. "Piense el lector en ciertas damas y señores del columnismo nativo — impreso o electrónico — a quién debemos agradecer de rodillas la revelación diaria de como es el mundo y, mejor aún, de como debería ser. En algún momento, ellos entonaron loas de las patrañas económicas de Cavallo & *Cia", dice el profesor.

Según Beluzzo, la conveniencia de esa gente hace con que los intereses del país no sean llevados en cuenta. "Después de la derrocada de sus mandamientos económicos, fueron acometidos de una modalidad bastante singular de esquizofrenia: dividieron sus resentimientos entre la furia contra el silencio, la autocomplacencia con sus propias opiniones y la compasión por la suerte de los inversores", dice él.

El profesor recuerda que estos sectores lanzaron su furia contra los "políticos" argentinos, "incompetentes y corruptos",
", incorregibles en el menester "de gastar por encima de sus medios". "La autocomplacencia los sabihondos reservaron, como siempre, para sus propios errores, evaluaciones, consejos y previsiones grotescas", afirma. "Todo coronado con la compasión por el sufrimiento de los viejitos italianos, los pobrecitos generosos que frotaban sus manos con la esperanza de recibir lo principal en moneda fuerte aumentado por los intereses de un país periférico en caída financiera", analiza.

http://www.vermelho.org.br/diario/2005/0823/0823_corralito.asp

Traducido por Fernando Henriquez


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