Cantores y amigos hablan del legado del Cantor de la Patria Buena

Sú último concierto fue en el Zulia: La huella de Alí Primera en Maracaibo

Alí Primera y Miguel Ordóñez

Alí Primera y Miguel Ordóñez

Alí Primera y a su lado la viuda de Armando Molero, Josefina

Alí Primera y a su lado la viuda de Armando Molero, Josefina

Maracaibo, octubre 31 - Para quienes lo conocieron personalmente, e incluso solo a través de sus canciones, al hablar de Alí Primera sobra la emoción, florecen los recuerdos y faltan palabras para describir el magnífico ser que era.

A propósito de cumplirse este 31 de octubre un aniversario más de su nacimiento, 72 años estaría celebrando el ‘Cantor del pueblo’, tres conocidos hombres, quienes los acompañaron en su pasar por el Zulia, para apoyar su canto y su lucha por un mundo mejor, lo recuerdan como una persona solidaria, humilde y sobre todo como un verdadero socialista.

Leonardo Nuñez, Miguel Ordoñez y Ramón Soto Urdaneta, tuvieron la fortuna de compartir en muchas ocasiones con Primera en el Zulia en las distintas presentaciones que realizó en la región y en las tertulias que armaban en la casa de Doña Josefina de Molero, la esposa del reconocido compositor Armando Molero, a quienes les tuvo un especial cariño, según contaron los tres.

Ely Rafael Primera Rosell, más conocido como Alí Primera nació en Coro el 31 de octubre de 1941 y falleció en un accidente automovilístico en Caracas el 16 de febrero de 1985.

El cantor del pueblo y su amor al Zulia

Ramón Soto Urdaneta, comunicador de oficio y reconocido locutor de la región, recuerda que Alí Primera sentía un gran amor por el Zulia, lo cual le llevó a plasmarlo en varias de sus canciones.

“Era muy querido aquí. Él decía: ‘Zulia, Lara, Falcón’, que en ese orden sentía la querencia del pueblo. Tenía mucha afinidad con el ritmo zuliano, casi todas, o una gran parte de sus canciones son hechas de tiempo de danza zuliana.

Además de ese gran aprecio que sentía por el estado, el ‘Cantor del pueblo’ cultivó una gran amistad con Molero y con su esposa Doña Josefina: Su casa se convirtió en un lugar de encuentro para él y sus más allegados aquí.

Sobre esa hermosa relación, el compositor, escritor y periodista Miguel Ordoñez, rememora que fue testigo y protagonista de una anécdota, de Primera y Doña Josefina: Un día cuando Alí la visitó, Josefina le dijo que la nevera estaba muy mal y no le funcionaba. “Y él me dijo: ‘Miguel, anda con Josefina y buscas una nevera, yo se la pago. Y así fue, me acuerdo que fuimos a 5 de julio y Josefina la escogió’”.

A este conmovedor episodio, Ordoñez agrega que el cantor le apoyaba con una mensualidad a Josefina, a Pio Alvarado y a muchos otros personajes que fueron familiares de los grandes cantores del país.

Leonardo Nuñez dice que su papel de animador en las presentaciones de Alí no se limitaba a la simple actuación espectacular de quien introduce la presentación de un artista sino que se complementaba con el trabajo de organizar, promover, conceptualizar esas manifestaciones.

Sobre la enorme solidaridad y humildad de Alí con el prójimo, Leonardo Nuñez, quien fuera conocido como el animador oficial de sus presentaciones en el Zulia: “Nadie se iba con las manos vacías cuando Alí estaba presente porque si no era un gesto, un beso en la frente, una sobada en la cabeza, un golpe en el pecho, era el regalo de un disco o compartir un café, o la firma de un autógrafo”.

Todo ese amor que profesaba al pueblo no se quedaba en vano, pues sus presentaciones eran muy esperadas y con solo su voz, su cuatro y su guitarra convocaba a pobres y a ricos.

.Soto Urdaneta evoca el evento la Canción solidaria por la Costa Oriental, en marzo de 1982, ríos de gente llenaron el estadio Víctor Davalillo, en Cabimas, para escucharlo: “cómo un hombre con un cuatro y con una guitarra, con una camisa roja, un jean y una sillita para poner el pie convocaba tanto, pero tanto”. “Por su autenticidad, por la verdad de su planteamiento”, se responde con firmeza.

Así de grande era Alí

“Lo definiría como un ser excepcional, de esos que nacen cada cien años porque no los encontráis fácilmente en la calle (…) Como quiera que la fama, la transcendencia, la multitud, el público a veces envanece al ser humano, él no se envanecía por nada”, dice Ordoñez.

“Alí no era un hombre de pose, lo que decía en la palabra cantada lo cumplía en la práctica, era predica y práctica de la mano, de verdad (…) No he visto un hombre más solidario, más desprendido, quizás a Hugo Chávez, que el cantor del pueblo (…) Todo lo que suponía amor a la humanidad estaba en el alma, en los huesos, en los tuétanos, en los nervios, en la sangre, en la mente, en toda su conformación física y mental”, opina Soto Urdaneta.

“Era un hombre extraordinario en todos los sentidos, en el sentido ético, de la responsabilidad, de la profunda convicción acerca de lo que él creía, por lo que él luchaba, profundamente convencido de lo que debe ser la canción como instrumento de comunicación, como forma de realización del sentimiento humano, del sentimiento popular (…) Y un hombre extraordinario por su gran capacidad de trabajo, por su profunda lealtad, por su profundo espirito de sacrificio, por su extremada humildad, por su cordialidad ilimitada, por el reconocimiento que tenía del otro, hacía manifestaciones de desprendimiento difíciles de comprender, de entender”, expresa Nuñez.

Las huellas de Alí en Maracaibo

Para Nuñez, una de las huellas que dejó Alí en Maracaibo fue que él “revindicó la gaita como expresión autentica que recoge la sabiduría popular, la idiosincrasia, las costumbres, la tradición de nuestra realidad”.

Además, destaca la reivindicación de personajes como Doña Josefina, Armando Molero y de los viejos gaiteros.

Considera que el cantor dejó también la lucha por la felicidad y su sensibilidad.

Ordoñez opina que la huella que dejó en Maracaibo Alí, fue lo que él era: “un cantor comprometido con la realidad humana, con el ser humano, con el prójimo y eso le permitió llegar a todos los sectores (…) porque él buscó la huella del ser humano, él no le buscó el color político”.

Soto Urdaneta, cree que la huella que dejó en Maracaibo fue profunda además de que fue aquí donde realizó su último concierto: “Aquí prácticamente se despidió”.

“Alí vive, en el saludo, en el afecto, en el abrazo, en el pueblo, en el pájaro, en el árbol en el Lago, y lo devolvemos a este plano siempre por el hilo de su voz propia cada vez que cantemos por la vida”, dice.

Su despedida

Precisamente una de las tierras que más lo quiso y que más quiso, el Zulia, fue quien presenció su última presentación el 12 de febrero de 1985 en La Victoria, en Maracaibo, donde participó en un concierto con motivo del Día de la Juventud.

“Se vino a despedir, fue el último concierto de él”, expresa Ordoñez.

En la madrugada del 16 de febrero de 1985 un accidente automovilístico en la carretera Valle-Coche de Caracas acabó con su vida, aunque no con su inmensa obra.

Transcripción de las palabras de Alí Primera, el 14 de marzo de 1.982, en una tertulia de unas 10 horas realizada en la casa de Miguel Ordoñez un día después de la Canción Solidaria por la Costa Oriental del Lago (Cortesía Ramón Soto Urdaneta )

“A los que han tomado la música cómo herramienta, para hacer en el taller de la Humanidad un trabajo donde el hombre sea realizado en su dignidad, en su forma creativa, en sus derechos y en sus deberes. Quien ha tomado la música, además de eso, vinculándola a la esencia de una tierra, a la huella profunda de una tierra, a los pájaros y a las flores de esa tierra, debe tener por derecho, un sitio en el pedestal de la victoria de la humanidad.

Yo tengo amigos en todo el mundo y en todo el mundo mis amigos aman la música, aquí en el Zulia tengo amigos, tengo hermanos, tengo un pueblo tantas veces nombrado y tantas veces recordado. Cuando volteo para ver quienes me han apoyado, quienes me animan en mi camino, de esos amigos, de todos ellos quiero hablar de Miguel, pensando que al nombrarlo, nombro a los zulianos que me han dicho: Adelante!

Pero, no sólo hablar de los amigos que hacen música, sino a los amigos que hacen música respetando la música, sabiendo que la música es el soporte espiritual del hombre y que al irrespetarla, se irrespeta ese espíritu y se irrespeta al hombre.

Hablar de Miguel es hablar de la inquietud de los jóvenes del Zulia, pero que por ser jóvenes no se han olvidado de los viejos hacedores de música en este sitio de la patria. Hablar de él es hablar del compromiso visible con ese patrimonio cultural del pueblo del Zulia, que es su gaita, su contradanza, su chimbánguele; es hablar de todos los que desde la Guajira han llegado hasta los límites de Falcón, hasta los límites de Colombia, hasta los límites del Mar Caribe pensando que desde allí, desde ese punto, podía también proyectarse hacia muy lejanas tierras la canción que se hace pensando en nosotros, en toda Venezuela, y que parte desde el Zulia.

Tal vez yo no diga en estas pocas palabras, la profunda alegría que siento al conocerlo; al saber que está, yo cierro los ojos y hablo y lo veo cantando, veo a Ramón Soto alegrándose y aplaudiendo con el corazón, veo a Eberto (González), veo a José (Cruz), veo a Nelson (Chourio), veo a Ernesto (Fernández); veo a la vieja Josefina (de Molero); veo a la gente que quiero y que sé que quieren la música que hizo Miguel Ordóñez, poniéndole alas para que volara por el amor y por el combate por la vida”.


Los que mueren por la vida no pueden llamarse muertos.


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