Resolución y Unidad
A principios del mes de abril, las autoridades de Maracay y Valencia, con el uso de la fuerza pública, montaron en varios autobuses a los indígenas yukpas que vendían artesanía y pedían limosna en las calles de esas ciudades. Antes de partir, en un intento de darle”integralidad “ a la medida de expulsión le entregaron a cada adulto una cantidad aproximada a los 200 mil bolívares.
Estos indígenas provenientes de la Sierra de Perijá al sur de la ciudad de Machiques, fueron dejados en las callejuelas de la zona ganadera para que regresaran por su cuenta a sus comunidades de origen. Los líderes y caciques de estas comunidades, se reunieron y discutieron qué hacer para ayudar a sus parientes que regresaban en condiciones tan precarias, en medio de una situación caracterizada por la escasez de alimentos, la pérdida de las cosechas producto de la ausencia de vialidad y de transportes para sacarlas oportunamente a los mercados y la falta de tierra cultivable en los territorios actuales de las comunidades yukpas de la Sierra de Perijá. Durante el revuelo de las asambleas característico de la democrática nación caribe, y producto del análisis y consideración de su situación actual, decidieron ocupar las haciendas ubicadas en el pie de monte de la Sierra, justo debajo de cada una de sus comunidades, en consideración a que estas tierras hoy ocupadas y legalizadas por los ganaderos, les pertenecieron a sus abuelos y bisabuelos. Las haciendas ocupadas son Brasil, Ticita y Paja Chiquita, y entre las tres suman una extensión aproximada de 1.400 hectáreas.
Los ocupantes suman un número de seres humanos aproximado a los 1.200 y las tierras ocupadas son atravesadas por los ríos Tishina, Chaktapa y Kusare.
La comunidades que participan en esta ocupación de tierras son: Shaktapa, Guamo, Mikibu, Motenche, Kampa, Guasaza, la Candelaria, Shaparo, Kuse, Runupchi y Botenche. En ordenada coordinación han ocupado las tierras de acuerdo a su linaje y derecho ancestral y han procedido a hacer casas y a preparar la tierra para el cultivo.
Humillación y dolor. Algunos permanecen en las callejuelas
Un líder de un grupo familiar que viene llegando de Carabobo, contrasta su triste mirada con la orgullosa estampa de los caciques que dirigen las ocupaciones, él junto a los suyos permanece en el camino y no ocupa, espera a que los hacendados le den tierras en préstamo para poder cultivar, hace unos días un hacendado lo llevó a un lecho de piedras a la orilla del río y le dijo que esa era la tierra que tenía disponible. Sin embargo, él es de los pocos jefes que manifiesta su miedo a las represalias y nos declara que ya no aguanta más y prefiere regresar a las calles de Carabobo.
Los caciques del pueblo Yukpa y la ley de demarcación indígena.
No somos invasores.
Cansados de esperar que se hagan valer sus derechos territoriales, ahora recogidos en la ley de demarcación de territorios indígenas, los líderes de las comunidades, gaceta oficial en mano, decidieron proceder a recuperar las tierras argumentando el derecho que esta ley les da para “ocupar los territorios que ancestralmente les pertenecieron” y, en consideración a la poca diligencia que las autoridades han realizado para que de común acuerdo con ellos, se proceda a la demarcación tomando como base la memoria de la comunidad sobre la tenencia ancestral de la tierra, teniendo en cuenta que esta ley establece los derechos de los indígenas por encima de cualquier otro derecho de propiedad adquirido sobre sus tierras. Ellos han decidido recuperar y auto demarcar sus tierras, según el procedimiento establecido en la ley.
Al preguntarles por la Misión Guaicaipuro, dicen que no confían en los representantes indígenas que están en esa área, pues los políticos se encargan de colocar ahí a los paisanos más vendidos y corruptos, vergüenza de su pueblo, cuya dignidad e integralidad ha sido diezmada por su trato con los ganaderos y con los mineros. Dicen los líderes Yukpa que esa ley de demarcación en manos de abogados y políticos no funciona y la enredan tanto que uno termina convencido de que no dice lo que dice. Sin embargo, varios de ellos expresan su esperanza en que el Presidente de la República vea por su lucha, ya que “él también se enfrenta a los ricos como nosotros”.
Todos los jefes entrevistados dicen que ésta es la oportunidad de devolverle a los yukpas sus tierras antaño despojadas y que defenderán este derecho con la vida si es necesario, ya que no son invasores para ser tratados con violencia.
Ofertas dudosas
Funcionarios del Gobierno regional y la Alcadía del municipio Machiques han ofrecido a los yukpas toda la vialidad y el transporte necesario para que permanezcan en la Sierra y desocupen las haciendas. Los dirigentes de la ocupación reflexionan: ”esa obra de vialidad en la montaña debe costar mucho más que lo que cuesta comprar las haciendas por parte del algún gobierno”.
El Gobierno tiene la solución en sus manos
Apegados a la Constitución y a la Ley como banderas de esperanza, estos hombres y mujeres casi al unísono señalan que la solución está en la indemnización o compra que el gobierno dé a los que reclaman esas tierras como suyas basados en títulos que usurparon en los últimos dos siglos a la propiedad colectiva indígena. Esto traería la paz con los ganaderos y poderosos y les permitiría legalizar la tierra demarcada y solicitar créditos y asistencia para sacar adelante sus comunidades; de lo contrario, ellos defenderán su derecho legítimo contra enemigos poderosos y con fatales consecuencias.
Comentario de los reporteros a mujeres yukpa
Al ver a los Yukpas discutir sus asuntos, en una algarabía disonante, con un lenguaje duro y reiterativo, interrumpiéndose constantemente y, sin embargo, llegando a acuerdos en medio de un encantador y aparente desorden, pensamos que el origen de nuestro espíritu democrático, no está en Europa, pensamos que el desparpajo que nos caracteriza como venezolanos viene de muy adentro, y que sí podemos construir un sistema de gobernabilidad basado en nuestras raíces y acervos históricos y espirituales, una democracia de la libertad y de la justicia social, de la multitud, de la selva, de los ríos, de la calle.
Inventamos, erramos, inventamos y hacemos silencio sólo para escuchar el ruido fluvial de nuestra raza.
Testimonios de los Yukpa Cacique de Mikiwu. Federico.
“Los ganaderos venían y compraban a nuestros abuelos con sal, panela y machetes. Si podían los sacaban con la fuerza. La mayoría de las comunidades ahora están rescatando sus tierras. Hemos solicitado la Ley de Demarcación y nos dicen que eso lleva años; entonces, nosotros tomamos nuestras tierras y no esperamos más. En 20 años uno está muerto.
Como dice el presidente Chávez, “luchando se consigue”, nosotros decidimos luchar. Uno tiene derecho ahora a discutir, pero si nosotros no tuviéramos razón y no trabajáramos no tendríamos derecho a discutir”.
Líder de las comunidades de Guasama, Kampa y Candelaria.
“Toda la cosecha se pierde, no hay vía para sacarla. Lo otro es que en la tierra no podemos sembrar más porque le estamos haciendo daño a las plantas, medicinas y a los animales. Esta tierra “paja chiquita”, es de nuestros abuelos, mi abuelo era el guerrero que no se dejaba quitar estas tierras”.
Cacique de la comunidad Guamo
“Los terratenientes han ocupado la tierra de las comunidades y nosotros hemos tenido que irnos hacia el cerro a cultivar y a vivir. Cultivando para comer, cargando en el hombro la comida a través de los caminos de la montaña, cuando hay hambre no hay posibilidades de almacenar y cosechar en una cantidad suficiente para cubrir las necesidades de los yukpas”.
Una mujer adulta de Guamo.
“Nosotros trabajamos vendiendo artesanía para mal comer en Caracas, Valencia, Maracay, Barquisimeto y Maracaibo y nos devuelven para acá con la policía, nos ponen dinero en las manos como si eso fuera una solución para nosotros y nos dejan en estas callejuelas de hacendados que ocupan toda la tierra Yukpa. Ahora nosotros tomamos nuestras tierras y le decimos a ellos que se vayan para Maracaibo, para Machiques”.
Mensaje para Chávez de dirigente de la ocupación
“Yo quisiera que vos vinieras pa acá Presidente, nosotros estamos en la Sierra, nosotros no vamos a dejar que sufrás, no te vamos a dejar solo. No te preocupés por el voto de nosotros, pa´ lante Presidente, yo sé que vos no le tenés miedo a esa oposición, nosotros no le tenemos miedo a estos patrones. Nosotros somos indígenas Yukpa, tal vez tú no sepás que existimos, pero estamos aquí para pelear contigo. Ahora vamos a ver qué va a pasar en agosto.
El día de las elecciones ellos se acuerdan de nosotros, pero ahora no nos van a encontrar mansitos”.
Citas para recontar el despojo y genocidio de la Nación Yukpa
Afirma Alcácer, eran tan fértiles y solicitadas las tierras de los Macuayes que, según carta de Fray Mauro de Cintruénigo dirigida al Rey de España de fecha 6 de abril de 1691, a través de una real cédula insta al Prefecto de la Misión Capuchina de los Llanos de Caracas, Padre Buenaventura de Vistabella, para que enviase al Valle de los Macoa a varios religiosos para que “fundase allí una villa de españoles con el título de Nuestra Señora de los Remedios” (Archivo General de Indias, Sevilla, Audiencia de Santa Fe, 525).
Este pueblo, según Alcácer, se funda en el año 1699 al oeste de lo que es hoy la ciudad de Machiques con el nombre de Nuestra Señora de los Remedios de Macoa. Ante la llegada al sitio de algunos vecinos de la ciudad de Maracaibo se mudaron con los naturales al río Apón, para evitar mayores problemas con los indígenas recelosos de sus tierras, lo refundaron con el nombre Tulé. Esta precaución de los misioneros valencianos se debió a que en un anterior intento de poblar el Valle de los Macuayes en 1693 murió flechado por los indígenas Fray Gregorio de Ibi (Alcácer 62:106).
La población de este valle no se inició sino a mediados de 1733, a partir de la fundación de La Villa del Rosario por el colonizador de la vascongada Don Juan de Chourio en 1722 (Matos, 56:21), a través de una primera real cédula del Rey Felipe V de fecha 9 de mayo de 1722 para “la pacificación y población de los Valles de Macoes y Perijá, que siendo fértiles y abundantes por naturaleza, se hallan ocupados por los referidos rebeldes”. Al noroeste de La Villa del Rosario se fundan entonces los pueblos indígenas misionales Apontiníes en 1729, Nuestra Señora de Belén de Piche, San Francisco de Tintiníes y San Fidel de Tinacoa, los dos primeros en 1735 y el último en 1741. A partir de 1744, fundaciones como estas se realizan en la otra vertiente de la Sierra de Perijá. (Alcácer, 62:120-121).
Estos poblados indígenas hasta 1773 fueron varias veces reconstruidos al ser abandonados por los mismos indígenas, saqueados o quemados por otras parcialidades indígenas no reducidas a misiones. En estos poblados los indígenas servían para producir alimentos “dicho Río Apón, donde los tiene y cultiva Chourio para la manutención de la Villa, que dista poco mas de una legua” (Peña, 98:119).
Tanto los indígenas reducidos a pueblos misionales como los isleños canarios engañados por el sucesor de Chourio en 1758, Don Manuel García de la Peña, al huir de la Villa del Rosario eran buscados y obligados a regresar (Armellada, 66:334, 339), o enviados a otras misiones, un ejemplo de ello lo encontramos en 1774 cuando el Obispo Martí visita La Misión Punta de Piedra en la Costa Oriental del Lago, entre Ziruma y la Rita, consigue varios indígenas Coyamos de Perijá, con quien los Macoitas compartían el valle (Vila, 80:202).
La conquista del Valle de los Macuayes no se logró en el intento del Padre de Ibi en 1693 ni con el Padre de Lobatera o Bota en 1745, sino a partir de 1872 cuando las tropas de Venancio Pulgar incendiaron La Villa de Rosario, y obligaron a sus moradores a internarse en la Sierra de Perijá, al sur del río Apón.
Para 1863, asegura Manuel Matos Romero, Machiques no era más que “un conjunto de fundos o “materas de ganado” que tenían los perijaneros que vivían con sus familias en la Villa del Rosario y de donde tuvieron que irse a refugiarse los hijos de la Sierra, cuando Venancio Pulgar” (Matos, 56:27). Gracias al empuje de sus habitantes la Parroquia Civil de Libertad (Machiques) fue erigida en 1890 Parroquia Eclesiástica.
Teodoro de Booy en 1918 en su artículo Las Bajas Tierras Occidentales de Maracaibo al referirse a las tierras ubicadas al sur de Machiques, afirma que ningún habitante de Machiques se aventura más allá de Los Cañitos, potrero situado en las márgenes derecha del río Yasa, hacia el sur de la ciudad (Booy, 18a: 487), en 1937 Bolinder cuando atravesó la Sierra de Perijá desde Colombia hacia Venezuela a través del río Negro, también asegura que los criollos no habían logrado pasar el río Yasa (Bolinder, 58:24), afirma los antropólogos Ruddle y Wilbert “los ganaderos que anteriormente habían estado guerreando con estos indígenas, siguieron con su colonización de las tierras bajas y, para 1946, habían alcanzado el río Tukuko, antiguo límite meridional del territorio Yukpa” (Ruddle y Wilbert, 83:46).
Manuel Matos Romero justifica las acciones ecocidas y genocidas de los ganaderos, y con un burdo contenido racista trata la justa defensa que los indígenas hacían para mantener desesperadamente algunas tierras llanas ante el inclemente avance de los ganaderos. Las acciones de estos señores primero fueron apoyadas y financiadas por los Gobiernos de Juan Vicente Gómez, Marcos Pérez Jiménez, y luego por todos los gobiernos adecos y copeyanos. Estas fueron las posiciones antinativas al respecto del historiador Matos Romero, para justificar la depredación, el asesinato de indígenas y, por ende, el despojo de sus tierras:
Numerosas haciendas y “materas” como suelen llamarlas los zulianos, se hallan situadas alrededor de Machiques, extendiéndose hacia el Sur, en un avance lento pero firme que ya ha alcanzado las márgenes del río Tukuko, Río Negro y río Yasa y penetrando hacia la Sierra, convirtiendo las selvas antes impenetrables en extensos potreros con ganado de cría, con cultivo de café, disputándole a la Sierra, tierras fértiles para dedicarlas al cultivo de pastos artificiales y frutos (56:43).
Hoy se está fundando haciendas de café como a 20 kilómetros de Machiques, en la Sierra de Perijá, en el sitio denominado AYAPA donde existe una temperatura entre los 12º y los 20º y cuya serranía se hace visible desde Maracaibo durante el día, zona ésta excelente para dicho cultivo por las magnificas cosechas que ya se han recogido allí, siendo el producto muy superior en calidad al que se obtiene en Los Andes venezolanos y vendido a mejor precio.
Estos terrenos están cercanos a los que en pequeña parte y muy rudimentaria y empírica cultiva el cacique Rubén, quien aparte de molestar a los que se dedican a trabajar aquellas tierras y cultivarlas con café, mantiene un estado de agitación a su escaso grupo de parciales induciéndolos a perjudicar sus siembras de los que se establecen cerca de sus dominios y que se arriesgan a trabajar las tierras (56:45).
A partir de la aprobación de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela los dirigentes de las comunidades Yukpa Macoita de la cuenca del río Apón: Sirapta, Samamo, Potuche, Yapotopona, Mapurki, Tewa, Cheretmu y Kapko, a finales del año 1999, comienzan a realizar reuniones en las distintas comunidades para defender los derechos sobre la tierra que la nueva Constitución Bolivariana les señala