Michael Moore: "Le dedico este premio al pueblo de Irak, que sufrió por nuestras acciones"

"Le dedico este premio al pueblo de Irak, que sufrió por nuestras acciones",
fue una de las pocas frases que Michael Moore ­casi paralizado por el
asombro y la emoción­ atinó a pronunciar arriba del inmenso escenario del
Grand Théatre Lumiére, del Palais des Festivals. En un giro sorpresivo, que
tiñó como nunca de política a la 57º edición del Festival de Cannes, su
película Fahrenheit 9/11 obtuvo ayer la Palma de Oro, la máxima distinción
del cine mundial. "En mi país hay alguna gente que quiere mantener la verdad
oculta en un armario, pero con este gesto del festival vamos a sacar la
verdad a la luz pública", afirmó Moore, mientras le agradecía al jurado
oficial, presidido por Quentin Tarantino. El director de Bowling for
Columbine no se dejó distraer por la escultural Charlize Theron ­que con un
look glacial, estilo Grace Kelly, fue la encargada de entregarle el premio­
y recordó que "en mi país tuvimos un presidente republicano, que decía que
si uno le daba al pueblo la verdad podía estar tranquilo. Fue Abraham
Lincoln... otra clase de republicano y otra clase de presidente".

La alusión a George Bush (h.) no pasó inadvertida para nadie. Y menos aún
después de que Fahrenheit 9/11 se convirtiera, desde el lunes pasado, en el
centro de la polémica de Cannes, por su declarada intención de influir en
las elecciones nacionales que el próximo 2 de noviembre decidirán la
presidencia de los Estados Unidos por los próximos cuatro años. Concebida
como un documental de campaña, para hacerle comprender al pueblo
estadounidense por qué "lo que hizo la administración Bush fue la peor
violación de la confianza del pueblo que haya tenido lugar en mi país", la
película de Moore sufrió ­según el propio director­ un intento de censura
del entorno presidencial, que presionó a la productora Icon Films
(encabezada por Mel Gibson) para que se retirara del proyecto.
Posteriormente, la Disney Company, cuando vio el film terminado, decidió no
distribuirlo, como en un principio se había comprometido. "Fahrenheit 9/11
tiene distribución asegurada en todo el mundo, hasta en Albania", bromeó
Moore. "Menos en un solo país, el mío. Pero gracias a este premio, estoy
seguro, ustedes aseguran que la película pueda llegar al público
estadounidense", señaló Moore. Y añadió: "No estoy solo en esta lucha, somos
muchos en mi país los que no queremos que esto se repita y espero que, de
alguna manera, los muertos en Irak no hayan muerto en vano".

Pese a su habitual discreción, la fiesta de clausura de Cannes se pareció,
este año más que nunca, a la ceremonia del Oscar, donde Moore, dos
temporadas atrás, también atacó a Bush hijo, en aquella oportunidad desde el
escenario del Kodak Theater de Los Angeles, de donde se llevó la estatuilla
al mejor documental por Bowling for Columbine. Y hablando de documentales:
ya habrá tiempo de revisar los archivos, pero desde mediados de la década
del ' 50, cuando se llevó la Palma un film del oceanógrafo Jacques Costeau,
un documental no ganaba el premio mayor de Cannes. De hecho, los
documentales estuvieron excluidos de la competencia oficial durante décadas,
hasta que dos ediciones atrás Moore se apareció con Bowling for Columbine.

Tanta actualidad política en el palmarés dejó muy atrás a la consideración
estrictamente cinematográfica. Ninguna de las que sonaban en los últimos
días en Cannes como favoritas ­2046 del hongkonés Wong Kar-wai y Diarios de
motocicleta, del brasileño Walter Salles­ tuvieron un lugar entre los
premios. Por el lado latinoamericano, el mismo olvido sufrió La niña santa,
de Lucrecia Martel. Y el Grand Prix Especial del Jurado fue para Old Boy,
del coreano Park Chan-wok, un film particularmente violento que, se sabía,
estaba entre los predilectos de Tarantino. Tal como era previsible, Maggie
Cheung, protagonista absoluta de Clean, se llevó elpremio a la mejor actriz
por el film del francés Olivier Assayas, donde interpreta a una rockera
cocainómana que lucha por hacerse una nueva vida y recuperar la tenencia de
su hijo.

La excelente película japonesa Nobody Knows debió conformarse con un premio
al mejor actor, Yagira Yuya, un chico de 12 años que no es un actor
profesional. Y otra notable producción asiática, Tropical Malady, del
tailandés Apichatpong Weerasethakul, debió compartir el tercer premio, el
Prix du Jury, con la actriz Irma P. Hall, que está hospitalizada de gravedad
en Los Angeles y no pudo acompañar a los hermanos Coen al lanzamiento en
Cannes de The Ladykillers.

Pero si el palmarés de esta edición de Cannes fue particularmente
desconcertante ­por decir lo menos­ el premio al mejor director para Tony
Gatliff, por Exils, resulta casi absurdo. Ningún film más elemental se vio
en la competencia, lo que en todo caso demuestra las profundas discrepancias
que deben haber existido en el seno del jurado, donde ­como suele suceder en
estos casos­ las diferencias entre dos posiciones antagónicas se dirimen
premiando a un tercero que no está en cuestión.

Francia, en todo caso, fue la gran beneficiada, porque Clean y Exiles son
películas con rodaje internacional, pero con directores franceses. Y Agnés
Jaoui y Jean-Pierre Bacri se llevaron el premio al mejor guión, por Comme
une image. Para citar el título de la película anterior de ese mismo dúo: en
todo caso, es El gusto de los otros...


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