28 de marzo de 2010.- Las franjas ardientes, naranjas, furiosas iban surcando con velocidad el verde de la montaña. En medio de la oscuridad, el Ávila parecía un volcán en plena erupción de lava.
La Sultana quedó asfixiada por el humo que dejó uno de los incendios más devastadores de la historia del principal parque nacional que hace respirar a los capitalinos.
Pero no sólo las condiciones adversas de la naturaleza castigan al ancestral Waraira Repano. La proliferación de invasiones en zonas protegidas y la contaminación que esto produce son otras alertas que se encienden a la vista de los ciudadanos, vigilantes y dolientes de su Ávila.
Más allá de la Cota Mil
Los límites geográficos que establecen las 85.192 hectáreas que conforman el parque nacional Waraira Repano abarcan mucho más que el grato recorrido que se hace a sus faldas por la avenida Boyacá o Cota Mil.
Su territorio abarca por la vertiente norte al estado Vargas y por el este las zonas de Guarenas, Guatire y Barlovento, en el estado Miranda. Esos linderos del parque nacional se inscriben en la figura de las Áreas Bajo Régimen de Administración Especial (Abrae), que dan el marco jurídico de protección y resguardo por tratarse de espacios importantes para el ecosistema.
Pero lo verde no está en las prioridades de los que buscan espacios para viviendas.
El equipo de la sección másVida de Últimas Noticias ha hecho seguimiento de las invasiones ocurridas desde enero de este año en las zonas que conforman el Parque.
Reportaron, sólo en el primer mes de 2010, 11 invasiones. Las autoridades de Inparques y del Ministerio de Ambiente reconocieron 10 zonas invadidas, entre las cuales mencionaron la vía hacia Guarenas, la carretera hacia El Junquito y los bosques de la vía Panamericana, que son parte de la zona protectora de Caracas desde hace 40 años. Los reportes de ÚN reflejaron que sólo en la parroquia La Pastora se registraron 20 nuevas invasiones durante enero de este año, según datos aportados por el escuadrón montado de la Guardia Nacional. En las faldas del parque que bordean la carretera Guarenas-Guatire, el equipo de ÚN contó 24 ranchos nuevos, que fueron desalojados por la GN durante la primera semana de marzo.
La destrucción de las improvisadas viviendas deja rastros que toman mucho tiempo para ser revertidos, por ser ciclos naturales únicos.
La deforestación, la erosión del suelo y la contaminación de los reservorios de agua interrumpen los procesos biológicos evolutivos y alteran toda la cadena vegetal y animal del ecosistema.
El humano trajo el fuego. Jesús Delgado, geógrafo e investigador del Centro de Estudios Integrales del Ambiente de la UCV (Cenamb), indica que, aunque sea o no intencional, la intervención humana genera otras consecuencias de gran impacto ambiental, como los incendios forestales.
"Mientras haya más gente ocupando esos espacios, hay más probabilidades de que esto ocurra", señala Delgado.
Enumera como factores de peligro el mal manejo de los desechos (vidrios y productos inflamables), hábitos cotidianos como fumar, hacer parrillas y quemar la basura, que pueden verse como simples acciones pero dejan un gran costo en el ambiente.
Además, el geógrafo explica que si se suman diversas condiciones climáticas, como la sequía y fuertes corrientes de aire, los efectos pueden ser devastadores.
"En esta época, entran los vientos alisios y las corrientes de aire llegan por Guarenas. Son muy fuertes y sostenidas. Por eso cuando sopla se mantienen por mucho tiempo; si el suelo está seco, es más propenso a incendiarse", indica.
Con un ejemplo, Delgado hace más gráfica la situación: "Tienes el viento como un agente detonante. Es como un soplete que atiza el fuego. Lo que falta es que alguien lo encienda".
Menos verde
Un estudio realizado por la organización Parkswatch Venezuela, en colaboración con Bioparques, refleja que antes de que el parque nacional El Ávila fuese declarado como tal, en 1958, ya existían asentamientos humanos dentro del territorio protegido, que aunque crecieron sin ningún criterio urbanístico, ya estaban consolidados y formaban parte de los habitantes del parque.
Para esa fecha, esa población superaba los 70 mil habitantes, indica el estudio.
En el censo de 1980, se determinó que 234.161 personas vivían dentro de esa zona, distribuidas en unos 120 asentamientos, que para 1990 aumentó en un estimado de 600 mil habitantes dentro de la zona de protección y recuperación ambiental.
Una de esas áreas con construcciones ya establecidas son los alrededores de la montaña que da al estado Vargas y los bordes de la carretera vieja que conducen a esa entidad. Según el informe de Parkswatch Venezuela, representan 21 barrios.
Pero a pesar de las demoliciones y las órdenes judiciales que prohíben las invasiones en los terrenos del área protegida, continúa la oleada de nuevas ocupaciones ilegales.
"Las zonas de barrio crecieron verticalmente durante los ochenta y noventa. Pero en esta década se han extendido por las áreas de montaña. Esas ocupaciones se están comiendo otras zonas de parques como Macarao, el Vicente Emilio Sojo (Cota 905), el Parque de la Paz en Caricuao e incluso están ubicándose en zonas de seguridad, donde están torres de alta tensión", enumera el investigador del Cenamb.
Caracas sin aire
Cual escena de película futurista, habría que imaginarse lo que ocurriría si Caracas, donde casi 6 millones de personas hacen su hábita diario, perdiera más área verde, en especial la que proporciona el oxigeno que da el Ávila
Diego Díaz Martín, presidente de la organización ambientalista Vitalis, lo describe científicamente: "El clima sería distinto, se agotarían las fuentes de agua que nacen en el parque, se alteraría el ciclo hidrológico y el clima de sus áreas vecinas, sin mencionar que se destruiría el hábitat de miles de especies animales y vegetales".
Agrega que la montaña como sitio de recreación y esparcimiento natural para los ciudadanos también desaparecería.
Aún más, la recuperación de las áreas afectadas tanto por incendios como por deforestación y contaminación conlleva largos procesos biológicos.
"Si un árbol de 30 o 40 años es destruido, requeriremos al menos ese tiempo para recuperarlo, y probablemente nunca serán del todo igual que antes, sin tener una línea exacta de cómo era el ecosistema", señala el presidente de Vitalis.
Díaz Martín añade, con base en su experiencia como biólogo, que en los programas de recuperación hay que considerar la pendiente del terreno, tipos y condiciones de los suelos, posibilidades de riego, especies disponibles para la reforestación -que deben ser autóctonas del parque- y muchos otros factores técnicos.
De todos
El más reciente incendio que devastó unas 260 hectáreas (cifras hasta el viernes 26 de marzo) del Waraira Repano movilizó un gran esfuerzo por parte de las autoridades ambientales, en especial de más de 100 efectivos bomberiles en un trabajo conjunto del cuerpo forestal, los del Distrito Capital, la GN y de Inparques.
La angustia común que se reflejó en la población a través de redes sociales y medios de comunicación por el impacto ecológico que sufre el Ávila es considerado por las organizaciones ambientalistas como un elemento positivo que debe aprovecharse para recuperar y proteger más sus espacios.
"El tema ambiental hay que ponerlo en primer plano porque está relacionado con la calidad de vida y el equilibrio del hábitat para los mismos ciudadanos", apunta Delgado.
En su opinión, la falta de vivienda y la concentración de habitantes que buscan mantenerse dentro de la ciudad, pone en riesgo su propia estabilidad al ocupar esas zonas.
"Debe controlarse mucho más. Recuperar y fortalecer las figuras de Inparques como las autoridades únicas de cuenca, que coordinaban las acciones de los cuerpos involucrados. Que se vea más control permanente en todos los puntos de acceso, no sólo los de la Cota Mil sino los que llegan hasta Barlovento", aporta Delgado.
Desde Vitalis, Díaz Martín resalta el trabajo de técnicos capacitados que laboran en Inparques, el Ministerio del Ambiente, las universidades y las ONG.
"El desafío está en unir voluntades y coordinar esfuerzos. Las empresas privadas pudieren aportar su inversión dentro de los programas de responsabilidad social para recuperar la zona degradada", indica.
Y hace énfasis en el optimismo. "Pocos temas unen tanto a los venezolanos como el Ávila. Es una buena oportunidad".
Cerro nuestro
El parque nacional El Ávila está ubicado en la parte centro-norte de Venezuela. Son 85.192 hectáreas que comprenden el área montañosa que da hacia el mar Caribe en su vertiente norte y lo conecta con el estado Vargas.
Por el sur, la montaña limita con el Distrito Capital por la avenida Boyacá, que define los 1.000 metros sobre el nivel del mar (msnm) y le da el nombre con que se conoce popularmente esa vía expresa, la Cota Mil.
El Ávila también bordea parte del estado Miranda en el extremo este, entre las zonas de Guarenas, Guatire y Barlovento.
Las alturas varían desde los 120 metros a los 2.765 m, que sería su punto más alto, el pico Naiguatá.
El Ávila fue declarado parque nacional en 1.958, con una superficie inicial de 66.192 hectáreas que posteriormente fue ampliada en 1974 con 19.000 hectáreas más que hacen el total que hoy conforma el parque. Una versión afirma que el nombre original que los pobladores indígenas le daban a la montaña es Guaraira Repano (Sierra Grande); otros datos indican que el vocablo indígena correcto era wariarepano, que significa "lugar de las dantas". Sin embargo, el nombre más común con que lo identifica el caraqueño es el de cerro Ávila, que se relaciona con un antiguo propietario de esas tierras, Juan Álvarez de Ávila.
Usted puede colaborar
-Notifique inmediatamente al guardaparques cualquier situación irregular que pueda ocasionar un incendio.
-Evite abandonar cualquier desperdicio o basura, pues además de contaminar, cualquiera de estos desechos podrían actuar como desencadenantes del fuego.
-Nunca queme su basura. Deposítela en lugares especificados para ello.
-No lance colillas de cigarrillos a la vegetación, podría estar ocasionando un fuego de grandes magnitudes.
-No se arriesgue a combatir un incendio si no es especialista.
-Reporte un incendio en forma responsable. Antes de llamar, asegúrese de tener a mano la locación exacta, con referencia de poblados cercanos, y un número de teléfono donde las autoridades puedan ubicarle, en caso de necesitar más información.
-Respete las medidas de prohibición de acceso indicadas por las autoridades hasta que éstas avisen el levantamiento.
-Las autoridades deben retener sustancias, materiales y objetos que puedan servir como elementos acelerantes de incendios forestales (cigarrillos, fósforos, gasolina, kerosene, etc.) lo que implica la revisión de bolsos y morrales por partes de los cuerpos de seguridad.
Fuentes: Inparques, Ministerio de Ambiente y Parkswatch Venezuela