¿Qué viene ahora?



La victoria de Chávez en el referendo del 15 de agosto no elimina ni mucho menos los peligros que se ciernen sobre el proceso revolucionario. Sin duda alguna fortalece el proyecto político y amplía su campo nacional e internacional, pero no disipa las contradicciones antagónicas generadas por la naturaleza de sus implacables enemigos.

El proyecto bolivariano debe asumir la victoria como una ganancia para invertirla en medidas de autodefensa, especialmente en la línea de robustecer la organización popular, elevar la conciencia política y el nivel ideológico del colectivo, fortalecer sus medios de comunicación e información y especialmente para limpiar el aparato de gobierno de infiltraciones perniciosas.

La victoria no desarmará a la vieja política. Una demostración es su decisión de desconocer los resultados del referendo y la actitud subversiva, de instigación a la violencia, adoptada por la llamada “Coordinadora Democrática” y sus mentores los dueños de la televisión y los diarios privados golpistas. Ellos se han convertido en los centros de la sedición y en los abanderados de la campaña contra el orden constitucional. Su propósito sigue siendo penetrar a la Fuerza Armada, reconstruir en su seno la atmósfera antipopular y represiva de los años sesenta, ganar oficiales para las tentativas terroristas y el magnicidio, en fin de regresar a los gobiernos de los viejos partidos y a la sumisión a los intereses extranjeros. Por eso, una de las primeras tareas es reforzar la unidad del pueblo y la Fuerza Armada por todos los medios y sin desmayo.

La próxima elección de gobernadores y alcaldes es una oportunidad de impulsar el movimiento popular hacia esa dirección. La tarea inmediata es conquistar nuevas victorias y nuevos espacios para los revolucionarios. Al ganar las gobernaciones de Miranda, Carabobo, Zulia, Anzoátegui, Monagas y Apure se estará despojando a la vieja política de recursos para intentar agredir a la nueva República. Esa es la batalla próxima. La vieja política ha usado los recursos de poder de aquellas gobernaciones y alcaldías para atentar contra la democracia venezolana. Es hora de quitárselos de las manos a fin de emplearlos a favor de la transformación del país y el mejoramiento de la calidad de vida de los venezolanos.



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Guillermo García Ponce


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