Socialismo en moto-taxi

-¿A qué hora es nuestra reunión?

-Exactamente a las 3 y pico.

A la proverbial impuntualidad del venezolano –indebida generalización, con las disculpas del doctor Giordani, Alí Rodríguez y otras británicas excepciones– se ha sumado una diarrea de carros nuevos en Caracas que ha vuelto verosímil un diálogo como el que aquí se imagina.

–Okey. Nos vemos a las 3 y pico. ¡Pero seguro!

–Sí, vale. Tranquilo que, si no hay más remedio, agarro un moto-taxi.

Cada vez son más los enemigos de las motos que, ante el imperativo de llegar a tiempo, terminan sucumbiendo a la tentación de emplear ese medio de transporte, propagado cual gripe común y convertido en signo distintivo de nuestro paisaje urbano en el tercer milenio.



Quién dijo miedo

La llegada de las motocicletas chinas, mucho más baratas que las japonesas, las hizo accesibles para un espectro mayor de compradores. El trabajo informal encontró así una alternativa sencilla y rentable. Un mocho e’casco, par de ruedas, mil bolos de los viejos en gasolina y pa’lante. ¿Quién dijo miedo?

A los choferes de cuatro ruedas también se les pintó calva la oportunidad de adquirir un bien que les permite dejar el carro estacionado en casa, llegar en 15 minutos al destino y, de paso, pavear ante las pavitas como en los buenos tiempos.

Todo eso conspiró para que hoy haya más gente que nunca encima de una moto, fluyendo entre carros, autobuses, gandolas, huecos, aceras y fiscales cual leucocito en vaso sanguíneo.

Al lado de los motorizados veteranos, duchos y responsables en el arte del manejo, pulula ahora un ejército de manos inexpertas, confiadas, novatas, torpes o apuradas, estas últimas movidas en su mayoría por el ansia de dejar pronto al pasajero en su destino para poder montar a otro que termine de cuadrar la ganancia del día. El dinero, siempre el cochino dinero.

Si tiene la suerte de caer en las manos de un mototaxista ejemplar, el novel parrilero irá aprendiendo que no necesita aferrarse a las manillas traseras de la moto, mucho menos a la barriga del conductor, como las chicas que gustan de entusiasmar al intrépido galán con la suavidad de sus pechos contra la espalda. Basta con apretar las piernas contra las caderas del delantero para ir agarrando confianza y equilibrio, hasta que se hace posible y hasta placentero escribir mensajitos de texto en el celular, con una o con las dos manos, o comerse un sanduche en el serpenteante trayecto. Hay damas que han aprendido a maquillarse en tan inestables circunstancias y burócratas que firman puntos de cuenta y memos contra la chaqueta de su fiel subalterno.

Claro, de pronto sale una camioneta de pasajeros de donde uno menos se la espera y el susto hace que hasta el más machote termine abrazando, al menos por segundos, al tipo que lleva el volante (y la vida de uno) en sus guantes.

Estadísticas traumatológicas

Nadie sabe con exactitud cuántos de esos viajes cotidianos en dos ruedas tienen un final feliz –así sea con taquicardia, pero feliz– y cuántos en accidente.

Tampoco creo que haya contabilidad acerca del impacto de los choques, derrapes y arrollamientos con motocicletas en la demanda de servicios de salud, tanto en

las clínicas como en los hospitales.

Alguna vez escuché en el hospital de El Llanito que los politraumatismos que aquí se registran por choques en moto son motivo de curiosidad científica internacional, por lo abundantes, complejos y aparatosos. Puede que sea una exageración, pero valdría la pena investigarlo.

De ser cierto, habría que precisar qué empresas se están lucrando con la importación masiva de motos (chinas, japonesas y de cualquier otra proveniencia) para que, por ley, sus ganancias ayuden a financiar las unidades de traumatología de nuestros colapsados hospitales.

Algunas, claro está, gritarían “¡comunismo!”, cuando apenas sería expresión de “responsabilidad social empresarial”, esa vacuna que alguien inventó para que al socialismo no se le ocurra venir en mototaxi.

–¿Y no dijimos a las 3 y pico? ¡Ya son casi las 5:00!

–Sí, vale, disculpa. ¡Es que se le espichó un caucho a la moto!



Taquitos

RADIO GLOBO. O con Zelaya o con Micheletti. No hay medias tintas. Quienes opten por el primero, o deseen saber lo que no le dicen las agencias internacionales de noticias, los diarios y noticieros, pueden escuchar por Internet las transmisiones de Radio Globo, de Honduras, que junto con el canal 36 de TV fue clausurado por la fuerza por la dictadura militar que se ha instalado en el país centroamericano, con político de origen italiano como cara visible. La noticia de la clausura fue sorprendentemente minimizada por estos lados, relegada al penúltimo párrafo de las reseñas de aquel día, a pesar de la sensibilidad con que se alardea en el plano interno con la libertad de expresión y el ejercicio “libre” del periodismo. La dirección es http://www.radioglobohonduras.com/. CARBUNCO. Hace un par de columnas atrás escribí sobre un caso de infección por ántrax en Barquisimeto, que me llamó la atención. Juan Francisco Rojas Penso se comunicó con Carola Chávez, y ella conmigo, para explicar algunas cosas al respecto que ahora comparto con ustedes: “No soy experto, pero en septiembre de 2001, cuando se armó el escándalo, leí sobre el tema. El antrax o carbunco es una enfermedad infecciosa que tiene su origen en una bacteria que ataca, en especial, a los animales herbívoros, entre otros, a los animales de las razas vacuna, ovina y caprina. Esa bacteria, en la estación invernal (en verano, la bacteria muere, porque no resiste altas temperaturas), se transforma en una diminuta escama (como polvillo o una espora) y se adosa a la piel del animal. Los humanos (especialmente, veterinarios y quienes se dedican a la faena) al tener contacto con el animal afectado absorben la mini escama por inhalación o por una lesión abierta en la piel (cortadura, rasguño o algo similar). Una persona fuera del ambiente agropecuario, puede adquirir la enfermedad si ingiere carne mal cocida procedente de un animal afectado. Es una enfermedad absolutamente curable si se trata a tiempo con antibióticos. Puede ocasionar la muerte cuando el contagio se produce por inhalación, porque puede generar problemas respiratorios graves o por la vía digestiva debido a que puede ocasionar una inflamación intestinal que está acompañada de vómitos de sangre y una diarrea incontenible. Por la vía cutánea, no es mortal. Existe vacuna, la cual es aplicada, normalmente, a las personas que se dedican a la actividad agropecuaria, por eso aquéllas que no están vinculadas al sector, son quienes suelen ser los más afectados. Por cierto, no es una enfermedad transmisible. Recuerdo que en 2001 salió a la luz pública que en Uruguay se hacían públicos cada año de tres a cuatro casos en promedio, sin que causara la muerte de los afectados. Por supuesto que la bacteria puede ser cultivada en laboratorios y el polvillo resultante ser utilizado como arma biológica. Tengo la impresión que el caso descrito debe inscribirse en el cuadro de alguien que vive en un ambiente rural o estuvo de visita en alguno y, como es normal, tuvo contacto con algún animal infectado y allí pescó el ántrax o carbunco, que es la expresión mas utilizada por el pueblo para identificar la enfermedad”. CITA. "Nuestra venganza será la risa de nuestros niños". Bobby Sands, mártir irlandés, quien murió el 5 de mayo de 1981 en una cárcel de la Inglaterra de Margaret Tatcher tras 66 días de huelga de hambre de verdad-verdad.


columnacontralacorriente@yahoo.es


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Ernesto Villegas Poljak

Periodista. Ministro del Poder Popular para la Comunicación e Información.

 @VillegasPoljakE

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