La generación guarimba

Los jóvenes y en especial los estudiantes, han sido casi siempre protagonistas de momentos memorables para la humanidad, en distintas épocas.

La revolución francesa se llevó a cabo gracias al empuje, coraje y gallardía de almas jóvenes y rebeldes, otro tanto sucedió con la revolución rusa y en general las revoluciones de cualquier parte del mundo tienen en la juventud, en la sangre nueva, el aliento perfecto para que prenda y se avive la llama vital de los sueños y esperanzas, contra lo corrompido, lo que no sirve, en fin lo que esta podrido.

De data más reciente y grabado en el imaginario colectivo de aquellos turbulentos años 60, son los sucesos de aquel célebre “Mayo Francés” y así existen infinidad de casos que retratan de cuerpo entero la pureza de ideales y la entrega que –repetimos- casi siempre han caracterizado a la juventud. “Seamos realistas pidamos lo imposible”, rezaba una de las tantas consignas de esa época llena de inconformidades.

Venezuela, hoy orgullosa República Bolivariana, no ha sido en absoluto la excepción de la regla. Francisco de Miranda era apenas un muchacho cuando viajó a Europa en busca de otros horizontes y muy joven abrazó el ideal de Patria Libre y soberana al cual dedicó su vida. Un poco más tarde otro mozalbete de apenas 21 años juró en el Monte Sacro consagrar su brazo, su espada y su vida a propósitos tan nobles como la liberación de su pueblo y el de otras repúblicas hermanas y vaya que lo logró.

Las de Bolívar y Miranda fueron generaciones de oro, de hombres jóvenes e indoblegables, como Sucre, Ribas y Ricaurte –por citar sólo algunos- que tributaron sus vidas a una sola causa: Patria y Libertad.

Más tarde la célebre generación del 28 pariría otra pléyade de compatriotas que dedicaron su vida y sus esfuerzos a derrocar al tirano Juan Vicente Gómez. Los estudiantes de entonces estaban a la vanguardia de los cambios y la lucha, como lo estuvieron más tarde, durante los tiempos de Pérez Jiménez y también en los primeros años de sangre y represión del traicionero pacto de Punto Fijo. Así, llegaron los 80, debiendo hasta el modo de caminar, con la patria hipotecada y una crisis de valores sin precedentes.

El grueso de los jóvenes de clase media y media-alta de entonces, alimentaban la famosa “generación compota”, ésa que se arrellanaba frente a las consolas de videojuego y tenía el corazón y la cabeza llenos de plástico, mientras el país naufragaba sin rumbo.

Pero, habían otros jóvenes que sí combatían, que sí protestaban. Muchos de ellos fueron asesinados con certeros metrazos que lanzaban los de la PM; a otros tantos los exterminó y reprimió CAP, durante el caracazo. A esa misma camada de rebeldes que sí protestaban, pertenece el grupo de capitanes, tenientes y coroneles que se alzaron en armas aquel 4 de febrero de 1992.

Hoy cuando en Venezuela se lleva adelante una transformación integral de la sociedad, cuando el Estado y la riqueza petrolera se vuelven hacia los más necesitados, cuando se ha recuperado el valor de la palabra soberanía; la generación compota ha parido un nuevo grupo generacional: la generación guarimba y ésta al igual que su progenitora carece de Alma y detesta a la Patria.

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Daniel Córdova


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