Marcos Pérez Jiménez

El Último garante de la Seguridad Ciudadana

Con la caída del Presidente Pérez Jiménez se inicia en Venezuela la carrera de la Promiscuidad escolariega, misma que sin precedentes ha incrementado el índice de pobreza popular. También y paralelamente comenzó el ascenso de una inseguridad ciudadana que sólo se ha perfeccionarse con el correr de las décadas de los gobiernos sucesores.

Es un hecho que los índices de pobreza se mueven a la par de la desigualdad social y con el crecimiento demográfico. Efectivamente, en las sociedades como la nuestra el ritmo del crecimiento poblacional de los llamados pobres es muy superior al de los estratos sociales de mayor poder económico.

La Promiscuidad Escolariega ha contribuido a la explosión demográfica de los pobres y con ello se ha reforzado la suba del crecimiento delictivo que todos conocemos. Los barrios y rancherías de los cordones de miseria imperantes en las principales ciudades se han nutrido precisamente con los hijos de madres infantiles, incapaces de impartirles una vida sana a sus niños, y de allí a que ellos se conviertan en el semillero de la delincuencia nacional sólo ha habido el corto paso de la indiferencia de todos los gobiernos de los últimos 50 años postperezjimenistas.

Para nadie puede ser un secreto que a partir del año 1959 se inicia en Venezuela una carrera de libertades públicas nunca antes vistas. Los ciudadanos trabajadores y honestos empezaron a respirar mejores aires.

Igualmente la multitud de irresponsables y flojos, de vivianes y demás pillos e inmorales nacionales y extranjeros empezó a hacer de las suyas en una sociedad carente de madurez sociológica para hacer frente a un crecimiento poblacional alejado del potencial presupuestario nacional y administrativo de los gobiernos que decidieron habitar en Miraflores. Estos habitantes burocráticos fueron los autores de esa Promiscuidad Escolariega y de toda la blandenguería que ha fomentado y cultivado el actual Índice de Delincuencia Ciudadana.

Si vamos atrás un poco, recordaremos que hasta los años de Pérez Jiménez los tiempos prematrimoniales solían ser de uno o más años, durante los cuales los comprometidos para casarse se enteraban de casi todas las cualidades de su futuro cónyuge. Desde luego, el contacto cercano y el libre abordaje comunicacional entre mujeres y hombres apenas comenzaba en los liceos y bajo la sigilosa mirada de directivos y profesores.

Desde acá seguimos sugiriendo que una simple reconfiguración de nuestros primeros centros de estudios, a fin de que las niñas dejen de mantener relaciones cercanas con los niños, sería un magnífico y eficaz comienzo tendente a reducir la maternidad irresponsable infantil, a bajar el índice de niños pobres en la demografía nacional, para con todo ello bajar los índices de inseguridad ciudadana a mediano y largo plazos. Esta medida sería inconmensurablemente más económica que seguir contratando personal policial y judicial y demás gastos incapaces para mantener una vigilancia pos féstum de la inseguridad ciudadana.


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Manuel C. Martínez C.


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