Mujer

La gran pregunta que no ha sido respondida nunca. Y que no soy capaz de responder a pesar de mis 30 años de investigación sobre el alma femenina es:

¿Qué es lo que quiere una mujer?

Sigmund Freud

La Eva tentadora, la corruptora del pasado, del presente y del futuro del hombre con sus curvas blancas o morenas nos someten a sus crueldades por el resto de la vida. Narcisistas por no estar vinculadas a una actividad sexual genital a pesar de amar al pené como objeto imprescindible en su transformación de niña a mujer. Pasivas por sus actividades reproductivas hacia adentro por el ritmo masculino que las transforma en masoquistas. El masoquismo femenino es la habilidad para encontrar placer en el sufrimiento inseparable del amor a su vez transformado en deseo de ser amada a todas horas, tres veces diarias, y esto es el equivalente a experimentar los tormentos de la pasión como volcanes en erupción.

Llenas de magia, misterio y encanto, su ánimo racional es un producto espontáneo del inconsciente. Coquetas, amorosas, manipuladoras, protestonas, dulces, banales, inteligentes, tontas, lloronas, lindas y feas. Todas tienen algo propio que las individualiza como hermosas y todas tienen algo en común. No saben que es lo que quieren.

Desde la lesbiana hasta la guerrillera o la monja, todas pueden a veces conformar comportamientos de evasión, de mujeres alejadas como personas, con resentimientos de su pasado por ser mantenidas o las que no protestan por nada o las desvalorizadas, las que gritan, discuten, vociferan, o el de las madres sufridas. La tierra esta llena de ellas, instaladas en el paraíso con un castigo a cuestas, el capitalismo, el peor error de la humanidad como sistema social-económico, sin ellas el sufrimiento seria peor, mucho peor, pero eso es otro cuento. Ensalzadas, idealizadas, se justifican, se racionalizan, con los argumentos mas variados de la religión, la sociología, la psicología. Son mujeres sufridas producto de ese sistema que las aparta como de segunda clase cuya visión de si misma es su vientre, ponen en la maternidad la máxima realización de su ser mujer, llenas de hijos, llenas de problemas, no saben que hacer, ni a quien recurrir, ni a donde ir, a pesar de ello son el ejemplo de la humanidad. Constantes, trabajadoras, emprendedoras, la revolución tiene curva de mujer.

La mujer profesional es mujer antes de ser profesional y es persona antes de ser mujer. Llama la atención muchas veces la mujer profesional cuando adopta comportamientos masculinos, desagradables, displicentes, agresivos, para hacer sentir su poder, Jueces, Abogadas, Médicos, Científicos, no permiten el contacto y el calor humano o lo perdieron en ese querer adaptarse al mundo cobarde de los hombres agresivos, machistas desvalorizados.

La fuerza y efectividad de la mujer esta en su feminidad y en relación con el sufrimiento real, revisan, indagan, meditan, toman conciencia, cuestionan, confrontan y por fin descubren con mucho dolor que no han vivido que han dedicado muchos años de su existencia a un personaje sin vida, ni claridad, acostumbradas a vivir a costa de otras personas, entonces toman la decisión de separarse, divorciarse, estudiar, crecer para ellas mismas, retomando la esencia verdadera de una mujer, de una verdadera persona. No es madre, ni esposa, ni pareja, porque estás son decisiones posteriores al hecho fundamental de su vida. Ser mujer, dama y hembra, pero la más importante de todas por dignidad y libertad, ser persona y revolucionaria, siempre lo han sido, revolucionarias.



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Raúl Crespo


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