¿El bolivarianismo en entredicho?

El chasquido de Quintín Lame (Pal el Martes)

Desde que se desprende la Bolsa de Nueva York, todo lo que estaba maduro de toque en Este Mundo se levanta más firme, en decisión de ser ello, "lo maduro", su razón de determinación, aparte de si estás o no a su favor. No busca Este Mundo que estés a su favor o no, sino en perpetuarse también, para lo cual a la opinión europeizada es necesario darle un parao. Hasta las buenas intenciones buscan extinguir lo real y autóctono, hoy, casi producto para el turismo, sin más pertenencias que sus curiaras y rostros para llenar libros hermosísimos de los que no se fiscalizará nada para que las bondades también alcancen a los fotografiados. Su imagen es "pertenencia de", JAMÁS un igual por más cuentos y excusas. Todo Este Mundo, -se me antoja denominarlo de este modo puesto que no es ni "indo", y menos "americano", denominadores más que ajenos, por lo cual, visto desde su punto si se quiere, ni siquiera han asumido denominación alguna.

Ello, lo maduro, cae en una ocasión impostergable como que Madre Tierra a todos levantara con el chasquido de los dedos. Octubre, cada vez más originario en sus posturas, enfrenta y reta los conceptos, las "verdades", estén en las vallas publicitarias europeizadas, o tras la indumentaria roja rojita. Y si hay inocencia en estos últimos, necesario es irradiar la real sinceridad en la mesa del debate, la única aceptable, ya que el muro que separa a la ignorancia de la Pachamama es el impuesto por la ignorancia europeizada como dije. Le queda grande el término "integral", aunque en su vaguedad, el concepto "socialismo del siglo XXI" ya lo determina, como soplado al oído por Pachamama, que es ahora que cuando se cocina un plan para esa perdurabilidad. Veamos los hechos con los pelos en las manos.

El día 7 de octubre de 1967, el mismo día que apresaron al Che, moría en Ortega el más conocido líder originario del siglo XX de Este Mundo que, pese a su talla y la influencia en las naciones originarias de Colombia, su deceso fue un alivio para las estructuras que determino hasta el cansancio, europeizadas. El talento de Quintín Lame y sus verdades fueron urticantes para la visión de las naciones occidentales. Nacido en una hacienda cerca de Popayán el 26 de octubre de 1880, conoció la rapiña del mundo al que había llegado, apenas a los 5 años de edad, viendo violada a su hermana (muda) "Eso fue duro para mí, aunque en ese tiempo yo no entendí muy bien el asunto", confesará más tarde. Luego su hermano Feliciano fue mutilado en la Guerra de los Mil Días. "Ahí sí ya comprendía la maldad que puede albergar el corazón del hombre". En 1901 luchó como soldado del ejército conservador contra el líder indígena panameño Victoriano Lorenzo, ejecutado en mayo de 1903. Otro hecho doloroso, pues aunque en la guerra era su enemigo, Lame sentía que su lucha era justa. En adelante su lucha será a favor de sus hermanos. En 1910 fue elegido representante y defensor de los cabildos indígenas del Cauca. Viajó a Bogotá donde estudió las cédulas reales de los resguardos y se presentó en el Congreso. En 1914 dirigió un levantamiento en el Cauca con pretensión de extenderlo a Huila, Tolima y Valle. Como cosa rara, se le acusó de construir una "república de indígenas" y fue arrestado en 1915. Fue un año con grilletes en los pies e incomunicado. En adelante Lame conocerá los rigores de la cárcel como pocos en este continente donde se pierde la cuenta de sus entradas, más de 100 sólo en el Cauca, y, a cada arrestada mayor era su influencia. El 9 de mayo de 1917 fue nuevamente apresado y serán cuatro años más de cárcel. Salió. Prosiguió su lucha en el Tolima. Tuvo fruto su lucha y logró el Gran Resguardo (conservación o reserva) de Ortega y Chaparral. En 1939 terminó de escribir algunos pensamientos que tituló: "El pensamiento del indio que se educó en las selvas colombianas", conocido luego como "En defensa de mi raza (1971)". Continuó luchando por los derechos de sus hermanos hasta que la madre Tierra lo llamó a dormir en su seno el 7 de octubre de 1967 en la población de Ortega en Tolima. Los lamistas o paecistas como se denominaban las guerrillas de Quintín Lame, que instigaban a la desobediencia o a la misma lucha armada contra de las estructuras impuestas a las que no diferenciaban si eran marxistas o capitalistas, bolivarianas o pro estadounidense: Todos gestan la extinción de los pueblos autóctonos y sus costumbres. Su grito aún permea las arrogantes imposiciones que nunca vieron los derechos del hombre, demagogia más que conciencia que debe sacudir las entrañas de nuestro conocimiento si es que queremos proveer de nuevas herramientas para difundir un amor sin distingos:

"¡Señores! Qué medicina más capaz para curar la antigua y tremenda herida de nuestra raza ya muerta en sus cuatro quintas partes en esto que lleva el nombre de Colombia, y usurpadas casi en su totalidad nuestras riquísimas tierras y valiosas minas? Las que no nos cercenó y alinderó en el régimen de la Colonia en pequeñas porciones denominadas resguardos, que fueron verdadera garantía de propiedad, y mandadas a conservar y respetar mutuamente tanto por las leyes de Castilla como por el reglamento del Libertador Presidente... Esto por qué? Porque desgraciadamente vinieron otras leyes contrarias a nuestras propiedades comunales dictadas por el legislador Colombiano, mandando que fueran divididos nuestros resguardos; y facultando asimismo a las gobernaciones y asambleas para que llenaran los vacíos que estas leyes requerían, para el mismo fin; los que así fueron llevados a cabo por dichas corporaciones, quienes extralimitándose de lo legal, crearon los primeros decretos, y las segundas leyes, otro tanto más injustas, para llevar al término la división de los resguardos de nosotros, los infelices indígenas. Nuestros padres defendieron con heroísmo sus dominios y no hay selva Americana que no esté regada con su sangre, y los huesos de nuestros antepasados desde el Mar Caribe hasta la Tierra del Fuego. De aquí el que no estén nada errados los expositores que afirman que una de las principales razones que tienen los blancos para mantenernos en la opresión económica en que vivimos, más que el deseo de adueñarse de nuestro trabajo y de vivir del sudor de nuestras frentes, es el temor de que algún día podamos ser fuertes, capaces de reclamar con la fuerza nuestros derechos y de tomar nuevamente posesión de las tierras de que fuimos despojados violentamente".

Es necesaria la revisión histórica de lo que intentamos. Nuestros héroes tuvieron su escuela, su visión, su pretensión en cierto modo al denominar el territorio Colombeia o Colombia, no hacían otra cosa que celebrar la epopeya del almirante genovés, que murió sin saber que había descubierto un nuevo continente, de ahí la condescendencia pero, en realidad, a lo que venía Colón, a la búsqueda de nuevas riquezas, ese objetivo lo logró más que lo que ni siquiera soñaba. Sin embargo, dentro de nuestros patrones de buscar una integridad cultural, ¿qué hace un canal de televisión con esa denominación, Colombeia?, ¿dónde está lo aprendido? ¿Si lo discutieron con los originarios? ¿Tiene o no razón el héroe nasa?

Pues allí está la muestra en las carreteras del centro colombiano, cuya sola denominación la deben sentir enemiga, y por ende, jamás una cercanía para con el héroe caraqueño quien para ellos no será sino la imposición de un régimen colonialista por otro. Allí están hoy precisamente marchando en los días de Quintín Lame, cuyo estudio exhorto a que sea difundido. Tiro un reto, ¿Por qué no le cambian esa denominación discriminatoria para con el pueblo originario, por la denominación Televisión Quintín Lame… ya veo a los europeizados jueces -camaradas nuestros de paso-, esa denominación es para un canal de indígenas, no para un canal de cultura y ciencia… replico, un canal para TODA LA SABIDURÍA QUE ENVUELVE ESTE CONTINENTE con el resto del mundo, y desde ya Venezuela misma comenzaría su estela de potencia que tanto se pretende inculcar.

Lo otro es miedo simplemente a que se divulgue la verdad. Como diría el pensador Briceño Guerrero, somos europeos de segunda.






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Arnulfo Poyer Márquez


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