América Latina: la esperanza

América Latina libró su primera gesta emancipadora prácticamente sola, con sus propios esfuerzos. La debilidad en que la dejó su guerra de Independencia, sus inmensas riquezas, la presa en que se constituyó para los países más evolucionados y la ambición y flaqueza de su liderazgo, la sometieron a siglos de dominio, de humillación y de explotación. Pero sus anhelos de libertad y el ejemplo de sus libertadores originales se mantienen vivos y hoy insurgen nuevamente y encabezan el surgimiento de un nuevo mundo ideológico donde el desarrollo independiente marca el ritmo de su actual historia. Hoy América Latina marca el paso hacia nuevos rumbos, del afianzamiento de su soberanía, de la utilización de sus propias riquezas, del uso de sus libertades para imponer su voluntad y convertirla en abanderada de una civilización con un nuevo principio irreversible: la igualdad entre las naciones.

Ninguna otra región se compara con América Latina. África se sacude el enorme exterminio al que fue sometida por el colonialismo.

Asia no termina de definir su orientación. Europa carcomida por una derecha recalcitrante y egoísta, donde tiene importancia un fascista como Jesús María Aznar y acaba de ganar nuevamente las elecciones en Italia, Berlusconi, un magnate de la televisión que durante su primer gobierno cometió toda suerte de delitos, merecedor de castigos y prisiones. Y finalmente, Estados Unidos en franca decadencia.

Ahora insurge un nuevo factótum de la extrema derecha, el papa Benedicto XVI, el de los ojos profundos, insondables, poco celestiales, quien se encuentra en EEUU para dar un respaldo insólito a uno de los más grandes asesinos de la historia de la humanidad, George W. Bush. La desasistida África, la necesitada Asia y la desesperada Haití no merecieron espacio en la agenda del Sumo Pontífice.

Una de las misiones de la visita del actual Papa es excusarse, entre los católicos, por el delito de pedofilia de su sacerdocio, uno de los crímenes más aborrecibles y horrendos concebibles, tanto como lo es la masacre de un niño.

Dentro de la podredumbre mundial, América Latina ilumina el pensamiento y la lucha gloriosa de los pueblos.

Abogado


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Manuel Quijada


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