Salvando las distancias y los contextos histórico, político y social, siempre he pensado en cuántas similitudes tienen ambos procesos. La Revolución Francesa nació, como la Bolivariana, con muchos factores de poder en contra. En el momento más álgido, llegó a estar en guerra con todos los países que la rodeaban (a La Francia): El Imperio Español, las Provincias Unidas (Países Bajos), El Imperio Británico, Prusia, Imperio Austro – Húngaro, el Sacro Imperio Romano – Germánico. Esto solamente en el plano internacional. Fronteras adentro, se desarrolló nada más y nada menos que una guerra civil, además de las confrontaciones sin cuartel entre las distintas facciones políticas: los más radicales (girondinos, los sans – culottes, los jacobinos y los cordeliers), que perseguían la instauración de una república, unos federal y otros centralizada; contra los más conservadores (los feuillants), que abogaban por una monarquía constitucional. Pero entre las facciones radicales también existían luchas intestinas, de unos contra otros.
Cualquier similitud con nuestra realidad actual, tal vez no sea pura casualidad. Bien sabemos del amplio espectro de tendencias dentro del chavismo (o de la Revolución Bolivariana, mejor dicho), unas más radicales que otras, otras más conservadoras, y otras cuyas figuras permanecen difuminadas entre el extremo derecho del espectro revolucionario, y la derecha del espectro político. Sabemos de la existencia de un misterioso grupo de la Nueva Clase Política venezolana que, tal como los feuillants, quieren un chavismo sin Chávez. Y de otros que, tal como los girondinos, pretenden ser más papistas que el Papa.
Francia, para aquel entonces, era un país habitado por 24 millones de franceses, más o menos la misma cantidad de venezolanos que hoy habitamos nuestro país. El general Charles François Dumouriez, héroe por la victoria del ejército francés en la batalla de Valmy y derrotado unos meses después por los austríacos, saltó la talanquera; tal cual sucedió con Baduel, héroe de la batalla del 13 de abril de 2002, para luego sucumbir ante el imperio norteamericano.
Casi a diario los gobernantes de los imperios vecinos emitían amenazas contra la Revolución…
Hubo varios estallidos sociales, con saqueos incluídos, en uno de los cuales el rey Luis XVI, aún en funciones, ordenó a su guardia suiza dispar a mansalva contra el pueblo. Algo parecido al Caracazo, ¿o me equivoco?
El Clero desde el principio fue aliado incondicional de la monarquía, puesto que tenían muchos privilegios, que obviamente no estaban dispuestos a perder. Inclusive, tenían su representación en el Asamblea Nacional, aliada con la Nobleza. Siguen las similitudes, ¿cierto?
Durante la Revolución Francesa nació el primer movimiento socialista de la Historia Moderna Universal: La Comuna de París, gobierno del proletariado de la ciudad de París, que fue derrocado mediante la alianza forjada entre la burguesía francesa y los enemigos extranjeros de la Revolución… ¿No les suena familiar?
Y en el fragor de la lucha política, surgió una de las figuras protagónicas, que enrumbó a la Revolución Francesa hacia su consolidación: Maximilien Robespierre. No era militar, era abogado. Pero al igual que el líder absoluto de la Revolución Bolivariana, era muy allegado al pueblo, con ideales de justicia y reivindicaciones sociales para la mayoría. Durante muchos años fue llamado “El Incorruptible”. Sus discursos en la Asamblea Nacional arrancaban aplausos y entusiasmo entre los jacobinos (facción a la cual pertenecía) y de las demás facciones revolucionarias.
Cuando se crea el Comité de Salvación Pública, algo así como la Presidencia de la República, se convirtió rápidamente en su figura principal.
Leal a sus ideales, nunca estuvo de acuerdo con la pena de muerte. Pero poco después de acceder al poder, cambió de opinión. Tanto así, que su gobierno se llamó “El Reinado del Terror”. Más de 800 guillotinados por día, en promedio, gracias a las medidas que impulsó para consolidar la Revolución. Y dentro de esos guillotinados, habían muchos sacerdotes católicos, que en aquel entonces pagaron bien caro la osadía de oponerse a los cambios sociopolíticos que se gestaban, sólo por preservar sus privilegios. Todas las iglesias católicas llegaron a ser cerradas en un momento dado, para promover la religión de la Revolución: el “Culto a la Razón”. Dentro de tantas semejanzas entre la Revolución Francesa y nuestra Revolución Bolivariana, la alta jerearquía católica debería agradecerle a su dios que exista esta diferencia, porque por mucho menos de lo que hacen hoy en nuestro país, hace 300 años en Francia hubiesen sido pasados por la “Cuchilla Nacional”.
Otro líder jacobino prominente, Jean-Paul Marat, tenía un periódico en el que publicaba listas con los nombres de las personas que debían ser ejecutadas, por traición a la patria. Se me antoja un tanto similar a La Hojilla y a Mario Silva, por supuesto que salvando las grandes diferencias en los medios y métodos de lucha. Sólo que el francés fue asesinado por una simpatizante de los girondinos, Charlotte de Corday, revolucionaria también, y quien posteriormente fue condenada a muerte por el crimen. Dios proteja a Mario Silva, sobre quien seguramente pesan amenazas de muerte.
Paradójicamente, las medidas drásticas adoptadas por Robespierre, y que cumplieron su función (mostrar el terror a los contrarrevolucionarios, porque, según ellos, “Revolución que no le muestra el terror a sus enemigos no es Revolución”) de consolidar la Revolución de los enemigos internos, fueron la causa de su caída. Robespierre no escuchó las voces que se levantaban clamando por el fin de la matanza. Hasta que decidieron conspirar contra él, y derrocarlo. El 27 de julio de 1794 fue apresado, y muerto por la misma guillotina (la “Cuchilla Nacional”, como la llamaban, e inventada por un médico francés, Joseph Ignace Guillotin) a la que él mismo condenó a unos cuantos miles de franceses.
Obviamente, este no es el caso de nuestro Comandante, quien ha demostrado siempre veneración por la vida humana y los derechos humanos fundamentales. Sin embargo, una semejanza con el francés pareciera asomarse actualmente en el líder de la Revolución Bolivariana: impresiona que, en estos momentos, tiene algunas dificultades para escuchar el clamor del pueblo, en favor de los burócratas que lo rodean; cosa que no pasaba antes. Y justo después de que la Revolución Bolivariana parecía más que consolidada fronteras adentro, se han sucedido varios traspiés políticos, impensables hacía unos meses atrás, aunado a una nueva ofensiva del imperio capitalista trasnacional.
Son muchas las similitudes entre ambos procesos históricos. Y no me cabe duda de que, a pesar de todas las dificultades, de los avances y retrocesos que puedan sucederse, la Revolución Bolivariana igualará o superará los resultados obtenidos por los revolucionarios franceses. Lo que no me gustaría, siquiera imaginarme, es que Hugo Chávez corra con una suerte, aunque sea remotamente similar a la de Maximilien Robespierre. No lo merece. Por el contrario. Merece retirarse con los más altos honores, incluso con el título de Segundo Padre de la Patria, después de El Libertador Simón Bolívar.
Sin embargo, eso parece depender, al menos en una buena parte, de él mismo. De cómo logre zafarse de las lacras de la Nueva Clase Política Venezolana, que rojos por fuera, mimetizados en revolucionarios socialistas, parecen haber logrado infiltrar profundamente los cimientos de la revolución y el entorno de nuestro Comandante – Presidente, cual cáncer inoperable. Pues bien, si este fuera el caso, lamentablemente, a nuestro Presidente sólo le quedaría una opción: sacrificarse, llevarse consigo al fondo del abismo político más profundo, todas las lacras que han establecido una relación de simbiosis con el gobierno para favorecer intereses personalistas y mezquinos. Que el cáncer muera con él, porque da la impresión que es imposible ver caras nuevas en el gobierno. Lo único que podemos ver son “enroques”, pero siempre son los mismos rostros, los mismos que han producido resultados mediocres para el gobierno que conduce a la Revolución. El mismo cáncer pues.
Si estuvo una vez dispuesto a dar su vida por este proceso, ahora no le pedimos que esté dispuesto de nuevo a morir literalmente; sino que esté dispuesto a morir políticamente, para abrir paso a los revolucionarios que sean capaces de manejarse sin ataduras de ningún tipo, esas que parecen haber logrado inmovilizarlo durante los últimos meses.
Utilice al PSUV como un Caballo de Troya “invertido”. En lugar de utilizarlo como vehículo para introducir a los enemigos dentro del proceso, utilícelo para meterlos a todos allí, prometiéndoles todas las villas y castillos que la corrupción les pueda dar, y llevarlos lejos del proceso revolucionario. Y vaya Ud adentro, para asegurarse de que todas las células malignas van ahí, directo a la muerte política. Y no se preocupe, Comandante, que la historia lo absolverá a Ud también.
No joda su misión histórica, que tanto ha costado lograr. Si el empeño por mantenerse en el poder, en aras de una pretendida continuidad política, implica un riesgo elevado para la supervivencia del proceso, pues es hora de recordar que en la Revolución nadie es imprescindible. Lo ha dicho Ud mismo.
Ábrale el paso a los que emularán a los gestores de la Comuna de París, para que nazca la Comuna de Caracas… o la Comuna de Venezuela. Con la fuerza y organización necesarias para no sucumbir cuando la derecha endógena (burguesía y Nueva Clase Política) la ataquen en alianza con el imperio norteamericano.
El pueblo es sabio y paciente, y a cantar de guacharacas saben calcular el tiempo (como nos dijo Alí). No espere que el pueblo decrete definitivamente el fin de su tiempo, que parece estar dando señales de ello (2-D, Círculos Bolivarianos, Lina ron, Luis Tascón, etc). Si de verdad es un socialista, comprenderá que la Revolución Bolivariana, como proceso social, es más importante que Ud como líder mundial, pero como figura individual. La Revolución Bolivariana es necesaria y urgente para la humanidad. Y porque lo admiramos, amamos y casi idolatramos, no queremos que le suceda lo mismo que a Robespierre. Porque la burguesía y la derecha endógena están esperando el momento en que el pueblo le de la espalda. Para usar la Guillotina, su Cuchilla Antinacional, que deben tener ya preparada.
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