Sobre el caso de Boboescorpión

No hace falta

Cuando los medios se “encadenaron” para “defender la libertad de expresión” el viernes 3 de octubre, a eso de la una de la tarde, yo escuchaba la emisora Onda (FM 107.9) quien a su vez “escuchaba” a Globovisión. La retransmisión resultaba confusa porque no era para radio. El periodista de turno (el que tiene un programa de dos horas en la mencionada emisora de lunes a viernes) tampoco entendía nada. “Estamos en directo con Globovisión, hay algún procedimiento pero no lo entendemos”. Lo cierto es que minutos después van a comerciales (para enterarse un poco, suponemos, y no seguir haciendo el ridículo). Cuando regresan de nuevo ya el locutor de Correr es vivir, había llegado trotando al estudio, jadeando, pues como él mismo dijo, “subí corriendo ante este atropello a la libertad de expresión”. A estas alturas todavía el periodista de turno no sabía que ocurría en Globovisión. Sólo gritaba a troche y moche que estábamos “por fin” en una dictadura. En ese ínterin logran comunicarse con el actor de los ojos azules quien hace gala de su histrionismo para despotricar del “régimen” de Hugo Chávez. Antes de apagar la radio para continuar con mi rutina diaria el periodista de turno, oriundo de la izquierda, lanzó esta perla: “venezolanos, en cualquier momento Globovisión sale del aire por orden del régimen”. O algo muy parecido. A lo mejor no dijo régimen sino dictadura. Da lo mismo, disculpen mi imprecisión.

¡Naguara, hermano! Pensé yo. Este todavía no nos dice que está pasando pero ya asegura que sacarán a Globovisión del aire. Como supondrán no le creí. Pero me preocupé. Minutos más tarde buscando en Internet, oyendo a los funcionarios que estaban haciendo el procedimiento administrativo pude enterarme de la verdad. No fue fácil, pero lo logré.

Es probable que mucha gente, con sobrada razón, se alegrara del supuesto cierre de Globovisión. Les confieso que yo no. Y no es por defender la libertad de expresión, mi deber como periodista y ciudadana. La pobre frase está tan manoseada, tan vapuleada y usada por dolientes y oportunistas, que deberíamos buscarle sinónimos. Mi razón es menos idealista y a ella he llegado, con mucho dolor, por obra y gracia de la ausencia de ética, no por las acciones del Gobierno. La razón es que no hace falta. Y no hace falta porque, ya lo hemos dicho, algo está pasando. Los llamados por radio y TV a que la gente saliera a “defender la libertad de expresión” fueron masivos y se prolongaron por muchas horas. Y salió gente, como no, pero nunca en proporción directa al número de mensajes, de arengas subversivas, que recibieron aquel día. Y en Globovisión lo saben. Saben que es la gente quien los está sacando del aire. Y de sus vidas.


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Mercedes Chacín


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