Revolución con cuerpo de mujer

Desde la guerrillera hasta la monja. En el sistema capitalista globalizado hacen parte de la más grande estructura de dominación y explotación que haya conocido sociedad histórica alguna. En este engranaje las mujeres carecen de poder, explotadas y discriminadas, en una economía de mercado que mercantiliza todas las formas de creación humana. Consideradas ellas también como una mercancía más, relegadas al espacio privado, los hombres ocupando los espacios públicos desde donde se tomaban decisiones que afectaron la vida de las mujeres.

A partir de la década de los 80, la economía mundial pasó de un contexto de relaciones internacionales, a un contexto de procesos transnacionales. El neoliberalismo se impuso como nuevo modelo económico mundial e impulsó la internalización de las economías domésticas, la desaparición de las economías domésticas entre los países y el libre juego de las leyes del mercado, provocó un profundo debacle de las economías nacionales, generando más desempleo y un considerable aumento de la economía informal.

La flexibilización laboral, la desregularización de la actividad económica, el desmantelamiento de los servicios sociales, el aumento de los procesos de privatización de instituciones del Estado, apenas salidos de las dictaduras militares que azotaron América Latina en los 70. Afectaron las familias, especialmente a la mujer, a la postre, la administradora de los recursos económicos del hogar.

Surgieron nuevas formas de expresión de los movimientos sociales, aparecieron nuevos movimientos y nuevos actores que tomaron fuerza en el espacio político. Son estos, entre otros, los movimientos indígenas, y los movimientos de mujeres, cuyo lema es “democracia en el mundo, en el país y en la casa”. Movimientos que surgieron como los más representativos de la sociedad en Latinoamérica. En las últimas décadas reclamaron su espacio, fortalecieron el sistema político e impulsaron las revoluciones, con su ayuda estas adquirieron profundidad y belleza.

Con sus curvas blancas o morenas adornan la revolución venezolana y nos someten a sus crueldades por el resto de sus vidas. Llenas de magia, misterio y encanto, su aura es un producto espontáneo. Coquetas, amorosas, manipuladoras, dulces, inteligentes, protestotas, sexy, todas tienen algo propio que las individualiza como hermosas y todas tienen algo en común “no saben que es lo que quieren”.

He estudiado por 25 años el alma de la mujer, y la única pregunta que no he podido contestar, es, qué es lo que quiere una mujer. Sigmun Freud.

El número de madres solteras, jefas de hogar que llevan a sus casas los medios de subsistencia, hasta el 2005 rondaba el 43% de hogares, tenían jefaturas femeninas, y en el 38% de hogares el principal sustentador económico, es la mujer. Admirable vocación de madre que hay que respetar, la de la madre soltera especialmente, por salvar la vida de un bebé, hacen su propia revolución y las lleva cada vez más alto en el poder. Argentina, Chile, Venezuela, es un ejemplo de lo dicho.

En la revolución venezolana, el porcentaje de mujeres, estudiando o trabajando superan enormemente la del hombre. Demuestran lealtad, abnegación y su capacidad de escuchar, ayuda en la transición del poder al pueblo que ellas controlarán, siempre y cuando superen la complicidad de seguir siendo madres sufridas, cuya visión de si misma es su vientre. Pone en la maternidad su máxima realización de ser mujer.

El sistema capitalista, las desvalorizó, mujeres alejadas como personas. La mujer profesional, es mujer antes de ser profesional, y es persona antes de ser mujer, cuya fuerza y efectividad está en relación con el sufrimiento real. Revisan, indagan, meditan, toman conciencia, cuestionan, confrontan, por fin descubren que no han vivido, que han dedicado muchos años de su existencia a un personaje sin vida, sin claridad, acostumbradas a vivir a costa de otras personas, por sus hijos. Su fidelidad vigilada y su infidelidad sancionada por esa moralidad de doble vía que impuso la iglesia y aceptó el sistema político, para la domesticación de la mujer. Por medio de la censura, la tortura física y moral.

El sistema religioso, por 2000 años, fortalecido por el capitalismo, en el interior del hogar, el marido o conviviente, por culpa y complicidad de ellas, el hombre cree que se puede imponer utilizando la fuerza y el pene, despersonalizando su humanismo con la violencia intrafamiliar se ha forjado a la mujer a través de la historia capitalista.

Los símbolos culturales, la educación, las leyes, de ese sistema capitalista desigual, en donde la mujer debe obedecer a un modelo impuesto del cual es difícil escapar. La revolución educativa de Chávez, ayuda a que ellas descubran, lo que siempre supieron, pero muchas veces no podían, porque no tenían respaldo. Hoy estudian, ese conocimiento les permite crecer para ellas mismas, retoman su esencia verdadera de un ser humano, ser una verdadera persona por la práctica ética y sus valores como ser humano. Y me refiero a la experiencia que están acumulando en esta revolución, el conocimiento político, practico, de un socialismo que todavía no llega; sin embargo con su intuición de mujer y madre saben que el socialismo que están construyendo es la mejor opción. Con oportunidades de crecimiento ya no son sólo madres, ni esposas, ni pareja; estas son decisiones posteriores al hecho fundamental de su vida. Ser mujer, dama y hembra, con dignidad y libertad rebelde y revolucionaria. Son decisivas en todo orden para el crecimiento de la humanidad.


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Raúl Crespo


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