Prohibido olvidar la arremetida fascista de abril/02

Venezuela y la persistencia del golpismo


El Presidente Hugo Chávez con su incansable prédica de que los cambios que están en proceso por mandato de la Constitución que nos dimos los venezolanos en el referéndum realizado en 1.999, reclaman de la participación protagónica del pueblo todo en la construcción de su futuro, determinan la necesidad impostergable y urgente de que, quienes hoy en día ocupan las más altas funciones públicas para las cuales él los designó, asuman el compromiso ineludible de ser vigilantes permanentes y rigurosos para que sus subalternos en general, y particularmente los que tienen la responsabilidad de dirigir y coordinar los planes y proyectos que ha venido formulando el gobierno, cumplan con sus específicas obligaciones.

El golpismo es un monstruo de mil tentáculos que hábilmente sabe disfrazarse o cambiarse de pelambre para confundir, por lo que se hace necesario que los venezolanos que apostamos a estos cambios en paz y en democracia, nos mantengamos en alerta permanente, para evitar que intente repetir el zarpazo de abril del pasado año, cuando en la figura del presidente de la cúpula empresarial del país, Pedro Carmona Estanga, instauró un gobierno dictatorial, el cual mostró durante las muy pocas horas que se mantuvo en el poder, el fascismo más puro y más refinado, aboliendo de un sólo plumazo todos los poderes constitucionales de la República y confiscando las libertades públicas, a través de una bárbara persecución que se desató en segundos en contra del pueblo venezolano, como fue posible apreciarla en vivo por los canales comerciales de TV, los cuales nada nos informaron acerca de que, en esos mimos instantes, ese pueblo se movilizaba en todo el país en contra del golpe de estado, exigiendo la reinstalación en el gobierno del Presidente Chávez, como única garantía para restaurar el régimen democrático vulnerado.

Pareciera innecesario tener que escribir sobre el tema debido al amplio respaldo popular con que cuenta el actual gobierno, pero es que la realidad nos viene mostrando situaciones que, ciertamente, generan angustia y desasosiego. Algunos estamentos del aparato burocrático del Estado evidencian pésimos desempeños, debido a las conductas impropias de algunos gerentes y coordinadores que dejan mucho que desear en el desempeño de sus responsabilidades, quienes, validos de la amplia libertad que se respira en el país, como nunca antes había ocurrido, boicotean todas las acciones de gobierno que se acuerdan en sus respectivas áreas, dentro de lo que se asoma como una nueva estrategia golpista, diseñada para lograr la desestabilización de las instituciones, buscando por allí resquicios que hagan propicia una nueva asonada.

Después de las estruendosas derrotas que han venido coleccionando los sectores golpistas desde ese frustrado intento de sumir al país en una tiranía, pasando por los actos terroristas y de sabotaje criminal de diciembre y enero pasados en contra de la estatal petrolera y los intentos recientes de estrangular la economía, se corre el rumor, con marcada insistencia, que ahora retornan con esa estrategia del boicot generalizado, el cual ha venido ganando espacios críticos en ciertas dependencias del ejecutivo nacional y en organismos autónomos bajo su mandato, en donde una buena parte de su dirigencia operativa la integran personas que se declaran enemigas implacables de Chávez a voz en cuello y que, además, tan sólo esperan el pitazo para salir a compartir el nuevo esfuerzo golpista, convencidos de que esta vez saldrán con la suya, olvidándose, como siempre les ha ocurrido, que el mayor soporte de este proceso de cambios que lidera Chávez, son las grandes mayorías de venezolanos. En esas maquinaciones subversivas se mueven grupos económicos nacionales muy fuertes, ligados de forma estrecha con corporaciones trasnacionales, para quienes la salida de Chávez del poder es lo único que les podría permitir retomarlo de nuevo para su control absoluto, tal y como siempre lo habían detentado a través de politiqueros corruptos que vendían sus conciencias al mejor postor.

De manera que los venezolanos tenemos la sagrada obligación de estar vigilantes ante este proceso de cambios que está en marcha, el cual ha mostrado hasta la saciedad que su mayor y único interés es consolidar una democracia participativa y protagónica, en donde el pueblo logre construir en paz y en justicia plenas una patria próspera y digna para todos. Por ello se hace prioritario el llamado de Chávez a la organización de los distintos sectores de la población en círculos o asociaciones, a objeto de que asuman con responsabilidad la defensa de esta realidad transformadora que avanza a paso de vencedores. Como lo es también urgente y el propio Presidente así lo ha reiterado, la designación y puesta en marcha de los Consejos Locales de Planificación que contempla la Constitución Bolivariana en todos los municipios del país, estructuras esas en donde se concreta de forma efectiva el hecho participativo y protagónico del pueblo, derechos esos consagrado en el preámbulo de la misma Carta Magna. Con esos Consejos se crean al mismo tiempo, poderosas voluntades propulsoras de estos cambios en pleno proceso, a fuerza de trabajo productivo y de calidad en beneficio de las comunidades y como garantes mayores de la estabilidad de la institucionalidad democrática. Son organizaciones de base novedosas, las que, sin duda alguna, transforman radicalmente los fundamentos sobre los cuales se erigían los principios de autoridad de esa democracia vacía e inservible que tanto daño nos causó durante más de 40 años.

Permanezcamos, pues, con lo ojos bien abiertos en defensa de esta transformación social y económica que garantiza, sin lugar a dudas, la Venezuela que soñaron nuestros libertadores y que las traiciones sin fin que aparecieron desde que se hizo República independiente, lograron impedirlo. Allí está el legado de nuestro Libertador Simón Bolívar; asumamos de ello lo trascendente, lo que nos convoca a la unidad, a la defensa de nuestros derechos soberanos, a la solidaridad entre los pueblos, al mayor celo en el manejo de los bienes públicos y, entre otras miles de enseñanzas que nos dejó ese grande hombre, a buscar la integración auténtica y solidaria de los países latinoamericanos, como fórmula única que nos garantice y nos consolide la preservación de esos derechos inalienables de libertad y soberanía.

Iván Oliver Rugeles
oliverr@cantv.net



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