El Odio a Chávez o la Herencia del Inmigrante



¿De donde viene tanto odio hacia Hugo Chávez? En todas las manifestaciones de la oposición, no solo podemos observar una carga de odio hacia las políticas populares del Comandante Hugo Chávez; también se ilustran las mismas caras de una clase media y alta con rasgos muy bien definidos. Blancos, casi la totalidad con herencia europea y de perfil en su mayoría, español, portugués e italiano.

Antes de involucrarme en un tema que estoy seguro va a levantar ronchas, quiero dejar muy claro que soy hijo de inmigrantes. Esto aleja de mis detractores, la posibilidad de poder acusarme de xenófobo o acomplejado racial. De hecho, recibí una educación muy clara respecto al peligro de “clasificarse racialmente” en mi entorno y soy un defensor a ultranza de la internacionalización de la lucha popular, independientemente de su raza, credo o religión y enemigo de cualquier expresión o posición dirigida hacia la xenofobia.

Desde el año 1944 al 52, Venezuela recibió una de las mayores inmigraciones europeas; la mayoría proveniente de España, Portugal e Italia. En la Europa de la post guerra había hambre y América se convertía en la solución más expedita a los problemas de la clase campesina y obrera de esos países. Inmersos en una Europa aún con signos feudales, el español, el portugués e italiano de clase media y baja, tenía pocas oportunidades para estabilizarse económicamente. El campesino y el obrero se debían a los señores propietarios de las tierras y de las fábricas. Sobre todo el campesino, maltratado por la aristocracia que, en el caso español, se vio afianzado por la dictadura franquista; le rendía honor y se veía forzado a entregar los beneficios de su trabajo a ese Don Manuel o Don José con título nobiliario. La instauración de regímenes anticomunistas y una iglesia ostentando el poder censor sobre el populacho, fascista de origen y reeditando viejas prácticas inquisidoras, perseguía cualquier expresión republicana o pronunciamiento “rojo”, originando una cacería de brujas que costaría la vida de muchos inocentes; muchos de ellos acusados ante la autoridad o la falange, solo por diferencias domésticas. Es en este medio, donde se desenvolvían aquellos que buscarían en América la esperanza de sobrevivir a la crisis de la post guerra aún más pronunciada por la dictadura fascista. El campesino y el obrero, entregando su dignidad al “Señoritingo Feudal” a cambio de unos mendrugos o un par de pesetas. De aquí que una gran cantidad de campesinos esperanzados por lograr el objetivo americano, se vieron obligados a hipotecar su casa o sus tierras a los latifundistas aristocráticos y lograr algún dinero para dar el gran salto, con la promesa de pagar sus deudas con el fruto de su trabajo en tierras desconocidas. Es así como llegan a Venezuela y a otros países latinoamericanos con una maleta de madera y la ilusión a cuestas.

En tierra extraña para ellos, muchos de estos inmigrantes sufrirán un cambio psicológico a medida que acumulan riquezas. Albañiles de oficio, agricultores y diestros en el comercio, se irán transformando en las bases de una nueva burguesía que tendrá siempre presente el hambre y la vejación sufrida en sus tierras. Su odio a la clase dominante que los esclavizó, se convierte en ejemplo a emular e inyectan en sus hijos nacidos en estas tierras, toda la inquina que padecieron.

Sus nexos con los gobiernos democráticos y los negocios redondos que implicaron estas amistades, aunado a las facilidades fiscales que los convirtieron en prósperos empresarios, fueron definiendo una nueva clase social que se amalgamaría a los criollos herederos por ancestro de la oligarquía histórica que siempre había manejado los hilos de la economía y el poder político. La iglesia nuevamente los acompañaría en esta transformación, alcahueteando a los nuevos conquistadores. Se fundan colegios privados franciscanos, jesuitas, carmelitas, etc., y de alguna manera se convierten en reductos que separan a los hijos de esta naciente burguesía del resto del vulgo. El anticomunismo es ahora visceral y el odio racial hacia el negrito, el indio, el zambo y el mulato, forma parte de la cartilla diaria dictada a sus hijos. La minoría inmigrante que mantiene sus ideales de izquierda y que se mezcla con las otras razas formando familias multiétnicas, son execradas, apartadas de su entorno y objeto de burlas y desprecio. Emerge con fuerza la nueva oligarquía que es a su vez, aceptada por la hispania criolla histórica de tiempos independentistas y que en ocasiones les llegó a tildar de nuevos ricos. Algunos, como el caso del padre de Miguel Angel Martínez, esposo de la primerísima, Mirla Castellanos; gallego oriundo de la provincia de Orense en España, llegaron a dar sus primeros pasos en la política, efectuando reuniones del incipiente Partido Comunista Español en el Exilio, allá por los alrededores del Cine Plaza en Ciudad Bolívar. Sin embargo, no tardaron mucho en tirar al cesto de la basura a Carlos Marx, cuando las bondades del dinero los convirtieron en ilustres empresarios de la capital bolivarense. Hoy, Miguel Angel Martínez es uno de los más fieles defensores del Grupo Cisneros ¿Quién podría apostar que alguna vez, este señor hubiera participado de una reunión comunista? Como este ejemplo, muchos ilustraron a esa herencia inmigrante que se convirtió en poder y que hoy forma parte de las manifestaciones golpistas en contra de Chávez.

Sus hijos se convertirían en la esponja de un complejo temor a ser esclavizados en un sistema inhóspito y feudal; pasando de siervos a patrones en un medio virgen que se amoldó a sus ambiciones. Chávez, en consecuencia, es enemigo jurado del poder que alcanzaron y de esa base sociocultural que heredaron de la inmigración.

Aquí se ha llegado a afirmar que Chávez es el culpable del “nacimiento de odios raciales”. La oposición, sobre todo aquellos herederos de esa inmigración, acusan a Chávez de haber dado origen a odios nunca vistos en la historia democrática venezolana. Esa es una de las mentiras más grandes expuestas por los fascistas en esta guerra mediática y oligarca. El odio racial y político hacia las mayorías no fue creado; estaba inmerso, oculto y silente mientras el poder que manejaban era absoluto. Se manejaba entre ellos y formaba parte de esa cofradía que no olvidó nunca de donde vino. Imitaron a la perfección los métodos de explotación de los señores feudales y olvidaron que fueron ellos víctimas de esa explotación. Muchos visitaron a sus tierras cargados de dólares, a regodearse de sus triunfos y a comprar propiedades.

No obstante, y este es un fenómeno digno de otro artículo, se encontraron con familiares y amigos que no perdonaron su huída y le echaron en cara que no hubiesen pasado por la amargura de reconstruir sus vidas económicamente en su tierra natal. Luego de obtenido el éxito en tierras ajenas ¿Regresaron a sus tierras para hacerse una nueva vida? ¡Que va…! Aquí estaba su paraíso y su poder económico. Solo regresarían a vanagloriarse de su éxito y disfrutar de unas vacaciones, pero de allí a vivir permanentemente, ¡Jamás!… solo unos pocos regresaron y solo cuando estaban seguros de no repetir malos recuerdos.

Un día ganó Chávez, un zambo que creían poder dominar. No importaba si era un zambo con el cargo de Presidente, mientras entendiera muy bien cual era su puesto. Pero, el juego se trancó y el potro les salió cimarrón. Entonces emergió con toda su fuerza el racismo y el anticomunismo heredado. Chávez no es comunista, pero como se le parece… Chávez no es negro, pero tiene el cabello ensortijado y es bembón… Chávez pertenece a esa casta que en su laberinto imaginario, es la destinada a servir y no a mandar. En su cerebro, donde se recrearon mil veces la burla hacia el negro, el zambo, el mulato o el indio, no cabía este arroz con mango y esa falta de glamour en el palacio y los ministerios. Un buen catálogo de buenas maneras con ingredientes de buena raza, no puede ser utilizado por un zambo y, mucho menos, por las hordas que se vacilan el ritmo del tambor en plena Avenida Bolívar… Eso no estaba en el menú.

Ahora están con su bandera tricolor en la mano, la franela negra y la cara transformada en un rictus macabro, esperando que ese zambo comunista salga de Miraflores, acaso por las buenas ó con un golpe fascista afortunado. ¿La bandera tricolor? ¿Cuántas veces no han visto a un carro de marca extravagante con dos banderitas en su parte trasera? Una extranjera y otra de este su país emergente… Lo curioso es que son venezolanos, nacidos aquí en clínicas de altura y miembros de algún club hispano venezolano, ítalo venezolano o luso venezolano. Viven en el Este o tienen su territorio bien demarcado en otras partes de la ciudad, pues en el cerro si es que existiera alguno… son materia de curiosidad ó, simplemente, otros renegados que entendieron y rechazan la herencia del fascismo.

Es hora de sacar cuentas y comenzar a sentir esta tierra sin hipocresía. A una mayoría de los herederos de aquella inmigración, les toca entender que Venezuela no es una parcela de poder para un grupo privilegiado por castas y que existe una población multiétnica con todos los derechos naturales a ser respetados. Son muchos los que han entendido esto; pero hay un grupo importante que debe luchar contra su propia historia y cambiar parámetros que fueron impuestos por memoria generacional.

msilvaga@yahoo.com




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Mario Silva García

Comunicador social. Ex-miembro y caricaturista de Aporrea.org. Revolucionó el periodismo de opinión y denuncia contra la derecha con la publicación de su columna "La Hojilla" en Aporrea a partir de 2004, para luego llevarla a mayores audiencias y con nuevo empuje, a través de VTV con "La Hojilla en TV".

 mariosilvagarcia1959@gmail.com      @LaHojillaenTV

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