La Misión Robinson

El martes pasado el presidente venezolano Hugo Chávez inauguró el Plan Nacional de Alfabetización, llamado también Misión Robinson porque evoca el seudónimo del humanista y poeta Simón Rodríguez, preceptor del joven Simón Bolívar. Su objetivo es alfabetizar en unos meses a un millón y medio de venezolanos iletrados, casi 9 por ciento de la población mayor de 10 años. Este sólo dato revela el criminal abandono y menosprecio hacia los pobres -principalmente negros, mestizos e indios- de la opulenta oligarquía de Venezuela y hace más escandaloso el robo al tesoro público llevado a cabo por ella en un país que alcanzó en la época del boom petrolero uno de los PIB por habitante más altos de América Latina.

Al proponerse enseñar a leer y a escribir a sus compatriotas que no saben, Chávez salda una deuda de la nación con los más olvidados entre la enorme masa marginada durante el reinado cleptocrático de adecos y copeyanos. No por casualidad este era considerado por Washington un modelo de democracia a imitar en el hemisferio: logró la increíble hazaña de dejar a un 60 por ciento de la población en pobreza. De allí que la iniciativa alfabetizadora constituya la reparación de una gran injusticia histórica que elevará la autoestima de millones. Porque la alfabetización no sólo redime de la oscuridad y el atraso al iletrado, también a su maestro, a sus familiares y amigos, a su comunidad y a la sociedad en su conjunto. La alfabetización, cuando va acompañada de la voluntad política de un gobierno popular de instrumentar un sistema permanente de educación de adultos, como se ha proclamado en Venezuela, desencadena sentimientos solidarios y energías de transformación social incalculables. No se trata de un hecho aislado; el gobierno de Chávez, pese al acoso político y la desestabilización económica de que ha sido objeto por la contrarrevolución interna dirigida por Washington, ha incrementado el presupuesto de educación en un 215 por ciento y también aumentado sustancialmente los presupuestos de salud, servicios comunales y vivienda. En la alfabetización -como en otras acciones de su gobierno: la ley de tierras, la de pesca, el decreto que entrega la propiedad de los terrenos a los habitantes de los barrios pobres, la promoción de los derechos indios- se da especial énfasis a la participación popular. Es esto, junto a la lealtad de la Fuerza Armada, protagonista importante de los programas sociales, lo que le da una fortaleza insólita al gobierno de Caracas y hace que tantos ciudadanos se sientan parte de él.

El gobierno venezolano no teme hacer pública su amistad con Cuba ni reconocer sus singulares logros sociales y culturales. De modo que escogió un método creado por la pedagoga cubana Leonela Relys para llevar a cabo la alfabetización. Relys posee vasta experiencia en la educación de adultos, incluida la dirección técnica de un programa de alfabetización en creole aplicado en Haití mediante la radio. Su método, premiado por la UNESCO, se apoya en la combinación de los números -lo conocido por los analfabetos- con las letras que ignoran. Entre sus novedades está el uso del video para impartir las 65 lecciones de que está compuesto. Cada grupo de analfabetos será atendido por "facilitadores", maestros que proveerán una docencia personalizada a los alumnos. Para asesorar técnicamente a los maestros se han dispersado por la geografía venezolana setenta experimentados pedagogos cubanos. Previamente, el método fue puesto a prueba en Caracas, Maracay y Vargas, donde el avance de los alumnos fue tal que ya en la lección 25 dominaban contenidos previstos para diez clases más adelante.

Como era de esperar, la reacción de la contra venezolana ha sido furibunda. No conformes con haber disfrutado de forma exclusiva del patrimonio del conjunto de la nación -del que siguen disfrutando en gran medida, porque no han sido expropiadas-, las clases explotadoras de Venezuela y sus medios de (des) información truenan contra la "invasión" cubana y el adoctrinamiento "castrocomunista" que llevará al país al desastre. Como si uno de los desastres insignes en la historia de América Latina, este sí, no fuera el derroche que hicieron de la renta petrolera y el estado de postración en que dejaron a Venezuela ellos y el sistema de saqueo imperialista del que son testaferros.

El plan nacional de alfabetización tendrá hondas repercusiones sociales y políticas no sólo en Venezuela, sino en toda América Latina. Al impulsarlo, Chávez confirma su talla de estadista. Como también cuando fiel al legado bolivariano insiste en la necesidad de que América Latina se integre primero antes de hablar de integración con el norte. Por algo -pésele a quien le pese- ha devenido un actor indispensable en el renacimiento de los esfuerzos integradores suramericanos y caribeños.



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Angel Guerra Cabrera / La Jornada

Periodista, profesor en Casa Lamm, latinoamericanista, romántico y rebelde con causa. Por una América Latina unida sin yugo yanqui. Vive en México, D.F.

 aguerra21@prodigy.net.mx      @aguerraguerra

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