El reto de ponerle freno al calentamiento global

El informe elaborado fecha por el panel de 18 científicos de once naciones que trabajaron por encargo de la Fundación de las Naciones Unidas y de la Sociedad de Investigaciones Científicas Sigma Xi no ha sido más concluyente, oportuno y generador de preocupaciones: todos los gobiernos de La Tierra han de cumplir y hacer cumplir un conjunto de recomendaciones a fin de mitigar el creciente calentamiento global producido, en gran medida, por la excesiva y perniciosa acumulación de anhídrido carbónico y demás gases en la atmósfera de nuestro convulsionado, aunque el gobierno de George Walker Bush quiera creer y hacernos creer todo lo contrario. Tal informe coincide con la alarma emitida a comienzos de 2007 por el Comité Intergubernamental del Cambio Climático -vinculado a la ONU- respecto a que las temperaturas en todo el planeta podrían incrementarse, una cuestión que repercutirá de forma negativa, causando catástrofes naturales de gran envergadura, con mares crecidos, sequías prolongadas, daños irreversibles a bosques y fuentes de agua dulce, diseminación y aparición de nuevas enfermedades y, además, perjuicios a las actividades y áreas económicas basadas, primordialmente, en la explotación agropecuaria.
Todo ello conforma una visión de proporciones apocalípticas que, aún cuando se reserva, según cálculos científicos, para 2100, debiera representar un motivo de preocupación para quienes convivimos en este planeta. Máxime si consideramos que, de acuerdo a los pronósticos de analistas, la causa posible del estallido de una nueva guerra mundial sería el control del abastecimiento de agua dulce, de la biodiversidad y de otros no menos importantes recursos naturales de los cuales empiezan a carecer las grandes potencias industrializadas, pero cuyo mayor porcentaje lo posee nuestra América. No es casual, en ese sentido, que las corporaciones transnacionales de Estados Unidos y Europa busquen ubicarse justamente en los alrededores de los grandes reservorios de agua del sur de nuestra América, como en el Amazonas o la Triple Frontera. Como tampoco resulta casual que ya el imperialismo gringo disponga de bases militares en estos puntos y cuente con un marco jurídico que legitime su intervencionismo a través de los Tratados de Libre Comercio (TLC) y de los planes de carácter militar (Puebla-Panamá, Colombia o Patriota, Dignidad).
El grave problema del calentamiento global impone que se haga una revisión a profundidad de lo que ha sido el modelo de desarrollo aplicado a escala mundial desde hace más de un siglo sin interrupción: el capitalismo. Esto supone plantearse un modelo alternativo a éste, de forma que se frene el deterioro acelerado del medio ambiente y se implante un modus vivendi que privilegie la vida en armonía con nuestro entorno. Tal planteamiento es altamente subversivo, puesto que termina por cuestionar, de uno u otro modo, las bases sobre las cuales se mantiene la sociedad contemporánea en general y conlleva establecer en ella una nueva ética y una nueva moralidad que garantice la vida en todas sus manifestaciones, incluyendo la explotación racional de los diversos recursos naturales. De ahí que las protestas antiglobalizadoras tengan su componente ecologista, compaginándose en ellas lo social, lo político y lo cultural, constituyendo una amalgama interesante y muy a tono con las preocupaciones generales de la humanidad, aunque en algunos casos sólo se considera nada más el reclamo ambientalista. Esta heterogeneidad, sin embargo, es reflejo de lo que es la sociedad globalizada de hoy en día y contribuye, en mucho, a comprender que la suerte de la humanidad es colectiva y no individual, algo que, quizás, no era común décadas atrás.
En realidad, el calentamiento planetario, a pesar de lo complicado que resultará para muchas personas y gobiernos confrontarlo de manera eficaz y eficiente, precisa acciones inmediatas, contundentes y sostenidas. De nada valen las advertencias o las declaraciones oficiales, si no hay verdadera voluntad para mermar sus secuelas, sobre todo, en lo atinente a la conservación de aquellos recursos naturales que son esenciales para la vida humana. Para ello es fundamental la educación ambiental que se genere desde el núcleo familiar hasta cubrir el ámbito social en su totalidad, combinándola con la búsqueda de fórmulas efectivas que ayuden a delinear una sociedad basada en valores humanos y no exclusivamente comerciales como hasta ahora se nos ha impuesto.


HOMAR GARCÉS
¡¡¡REBELDE Y REVOLUCIONARIO!!!

¡¡Hasta la Victoria siempre!!
¡¡Luchar hasta vencer!!

mandingacaribe@yahoo.es



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